el asturiano activa al histórico club

El implacable caudillaje de Marcelino, la resurrección del Valencia

Las altas y bajas del equipo llevan la firma del asturiano. Desde el primer instante, dejó claro cuál es su manual de trabajo, cómo funciona. Y nadie le ha tosido desde entonces, ni jugadores ni directivos

Foto: Marcelino se ha ganado a la afición valencianista a las primeras de cambio. (EFE)
Marcelino se ha ganado a la afición valencianista a las primeras de cambio. (EFE)

La firme apuesta por el entrenador asturiano tenía como gran objetivo que el orden volviera al vestuario del Valencia. Tras dos temporadas nefastas, con la afición de uñas con la propiedad, la figura de Marcelino era de vital importancia para que el equipo recuperara un sello de calidad, perdido por el camino de manera imparable merced a la nefasta gestión de Peter Lim. Esto acaba de empezar, pero el equipo del Mediterráneo transmite una sensaciones ya olvidadas por aquellos lares. La masa social aplaude lo que ve, el club también. El caudillaje del asturiano es absoluto. Su palabra es ley en el interior de la institución...

Los ejecutivos del Valencia, desde el presidente hasta el director general, acatan todo lo que dice Marcelino. Las directrices que marca el entrenador son seguidas a pie juntillas por los que luego deben manejar las negociaciones, también las inversiones. Los fichajes que ha realizado el club, también las bajas, llevan la firma del técnico. Desde el primer instante, cuando recibió la primera llamada del club, dejó claro cuál es su manual de trabajo, cómo funciona. Y nadie le ha tosido desde entonces. García Toral manda con mucha autonomía y a día de hoy no escucha quejas a su alrededor.

Con Voro se sentían bastante cómodos los jugadores, pero lo vivido anteriormente con Pako Ayestarán, Gary Neville o Cesare Prandelli había dejado al grupo muy tocado. En los últimos tiempos el equipo sólo aparecía en contados momentos, firmando un numeroso puñado de ridículos muchas veces. Ahora, con Marcelino, el orden que se perdió ha salido a la luz de nuevo. Los futbolistas no tienen quejas por el momento y siguen al asturiano con disciplina. Echaban de menos tener un jefe que marcara una línea de trabajo bien diseñada. Por ahora todo está en orden; lo que pase en el futuro, está por ver.

El Valencia empezó la temporada con una buena victoria contra Las Palmas. (EFE)
El Valencia empezó la temporada con una buena victoria contra Las Palmas. (EFE)

Antes de firmar su contrato ya dejó claro que no quería a su lado a determinados jugadores. Elementos que, consideraba, podían enturbiar el ambiente, efectivos que no iban a remar en la dirección correcta, con compromiso. Cayeron jugadores como Diego Alves o Enzo Pérez, igual que durante la pretemporada marcó a Orellana, primero, y ahora a Santi Mina. Y la dirigencia aplaude cada decisión que toma el entrenador. En el vestuario el desgobierno fue más que evidente en más de una oportunidad y el estratega corta cualquier conato de problema a la mínima.

La directiva le respeta, le teme, se puede asegurar, y Marcelino sigue por el carrill en el que por ahora circulan todos los jugadores a una. El método que tan buenos resultados le dio en el Villarreal lo aplica a rajatabla, esperando repetir éxitos. Pero nadie olvida en el Valencia lo abrupta y áspera que fue su ruptura con el club amarillo. Aunque la trayectoria deportiva había sido buena, las fricciones entre parte del vestuario y Marcelino acabaron siendo excesivas. Hasta que Fernando Roig decidió cortar por lo sano y consideró que el técnico debía ser el peón sacrificado.

No quiere que se le escape el control del vestuario y hasta la fecha su plan está saliendo a la perfección. Su obsesión por el peso mantiene a los jugadores finos y estilizados, mientras sobre el verde el equipo transmite detalles positivos. La figura de Dani Parejo ha pasado a ser más que fundamental para Marcelino. El mediocampista madrileño ha comenzado como un tiro la temporada y el técnico no espera llevarse una sorpresa de última hora con un jugador más que imprescindible. Le gustaría tener a su lado algún que otro futbolista, pero no tiene queja. Por el momento todo es felicidad. La autoridad de Marcelino catapulta al Valencia.

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