Celtic-Rangers: el derbi más antiguo del mundo está de vuelta
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Primer ‘Old Firm’ en Liga desde 2012

Celtic-Rangers: el derbi más antiguo del mundo está de vuelta

Religión (católicos versus protestantes); política (Jacobitas contra Realistas), economía (ricos y pobres) y tradición confluyeron nuevamente en el campeonato doméstico Ganó el Celtic 5-1

placeholder Foto: El Clásico del fútbol escocés es uno de los partidos de fútbol más apasionantes que se pueden vivir en el planeta (Reuters)
El Clásico del fútbol escocés es uno de los partidos de fútbol más apasionantes que se pueden vivir en el planeta (Reuters)

Glasgow, otrora cuna de la industria naval escocesa, lució este sábado sus mejores ropajes para alumbrar el esperado duelo entre los dos colosos del país del cardo. Tan añeja como el propio whisky, la rivalidad entre Celtic y Rangers, conocida popularmente como la ‘Old Firm’ en el mundo sajón, va mucho más allá de un estadio de fútbol. Religión (católicos versus protestantes); política (Jacobitas contra Realistas), economía (ricos y pobres) y tradición confluyeron nuevamente en el campeonato doméstico después de cuatro largas temporadas en las que el descenso al averno de los ‘Gers’ por una deuda cercana a los 200 millones de euros privó a los cientos de miles de 'supporters' de ambas enseñas en todo el mundo de disfrutar de la mágica liturgia del derbi más antiguo del planeta fútbol. El primer choque de trenes data de 1888 y se resolvió en favor del Celtic (5-2), precisamente el día que abrió el libro de su historia sobre el verde. En el de este sabado, 5-1 para los locales. El Rangers fue humillado.

Como viene sucediendo a lo largo y ancho de las dos últimas centurias, las huestes protestantes cruzaron a primera hora de la mañana en solemne procesión el río Clyde rumbo a Kerrydale Street, al este de la vieja urbe, en pleno corazón del barrio irlandés, dispuestos a conquistar Parkhead, el vetusto feudo del actual líder de la Scottish Premiership (ahora con 4 puntos de ventaja sobre el Rangers con un partido menos), y sacarse así la rabia contenida desde aquel 14 de junio de 2012 fatídico en el que las autoridades locales determinaron la liquidación del club con mayor número de títulos de liga en todo el mundo (54) tras su incapacidad de llegar a un acuerdo con sus múltiples acreedores. Esta vez no pudo ser.

La ruinosa gestión llevada a cabo por Craig White, que le valió ser suspendido de por vida, ha regalado las cinco últimas ligas a su viejo y enconado enemigo, el mismo que viera la luz tres quinquenios después que el decimonónico Argyle (le copiaría a posteriori el nombre de Rangers a un equipo de rugby) en la iglesia de St Mary, en East Rose street, de la mano del padre Walfrid. El párroco marista logró convencer a los emigrantes irlandeses del East-End, el área más conflictiva y deprimida de Glasgow, para crear un club de fútbol que aglutinara a toda la comunidad católica.

El mítico Jock Stein

Su humilde pretensión fue mucho más allá y el Celtic Football Club lleva desde 1888 amargando la vida a la que puede al equipo de ‘pijos’ del barrio de Ibrox, fundado por los hermanos McNeil, Peter Campbell y William McBeath para hacer más llevaderos los amplios ratos de asueto que les dejaba su acomodada posición económica. Suya sería la primera edición de la liga escocesa (1891), a lo que rápidamente respondieron los pendencieros ‘Irish Bhoys’ embolsándose los dos títulos siguientes y sentando las bases del primer gran equipo del balompié patrio. Bajo la batuta del incombustible Willie Malley, secretario del club y técnico en modo ‘part-time’ durante 43 temporadas (1897-1940), los católicos sumaron seis estrellas del tirón (de 1904 a 1910) y los dos primeros dobletes desde los inicios del torneo doméstico (1907 y 1908).

De esta guisa arrancó una de las rivalidades más acérrimas de todo el globo terráqueo, en la que el Celtic daría el mayor golpe de efecto a mediados de los años sesenta con su otro gran gurú: Jock Stein. El hombre que murió sentado en un banquillo (el de Escocia, en 1985) convirtió a los blanquiverdes en el primer equipo británico en levantar la Copa de Europa (1967), conquista que aderezó con nueve ligas logradas de manera consecutiva (1966-74), hito este último que el Rangers igualó dos décadas después con Walter Smith como máximo responsable técnico (1988-97).

La traición de Mo Johnston

En el largo camino, duelos legendarios, como el disputado en Ibrox Park en enero de 1939 ante 118.567 espectadores, récord absoluto de asistencia a un estadio en la historia de la liga escocesa; el llamado ‘demolition derby’ (agosto de 2000) en el que el Celtic, comandado por un desatado Henryk Larsson, despedazó a los protestantes con un inolvidable 6-2 ante su público; o la devolución de la moneda que los de Dick Advocaat propinaron a la tropa de Martin O’Neill tres meses más tarde en el coloso de Edmiston Drive (5-1), donde los saques de esquina se festejan igual que los goles de sus ídolos: pateando el suelo hasta reventar el pabellón auditivo del ensordecedor ruido que provoca. Inolvidable es también para el Rangers el clásico de diciembre de 2002, en el que Ronald de Boer, Craig Moore y Michael Mols remontaron el gol a los 19 segundos de Chris Sutton, el más rápido nunca visto en todos los duelos fratricidas de la ciudad más poblada de Escocia.

Empero, la especial condición del renacido clásico de Glasgow, ese partido que se juega sobre el verde durante 90 minutos y toda una vida en las calles de la capital industrial escocesa, viene marcada por episodios como el que se produjo en 1989 cuando el presidente de los ‘Gers’, David Murray, decidió pescar en prohibidas aguas y arrebatar a los ‘Bhoys’ a su goleador, Mo Johnston, a la sazón primer futbolista católico en lucir la elástica del Rangers. El escándalo y la indignación alcanzaron tales proporciones que el 9 de los azules recibía amenazas de muerte a diario por haber cometido semejante sacrilegio. Incluso hoy día, 27 años después de tal afrenta, su padre precisa todavía de escolta policial cuando pisa la calle.

Máxima seguridad

Religión y política siempre están presentes en ambas enseñas. Los ‘hooligans’ del Celtic corean de continuo cánticos anti-ingleses y pro-IRA, mientras que los hinchas radicales del Rangers se ensañan en sus letras con el Papa de turno, el propio IRA o cualquier cosa que huela a Irlanda. La tradicional rivalidad generada durante tres siglos y 401 choques se ha hecho ya endémica y, por supuesto, tiene carácter hereditario: los padres inculcan a sus vástagos el ‘odio’ visceral al enemigo, un irreconciliable antagonismo que incluso se cultiva y alimenta en las escuelas primarias. No es de extrañar, por todo ello, que el enfrentamiento de este sábado pusiera en alerta roja a las fuerzas de seguridad locales en previsión de que hinchas de uno y otro bando decidieran‘celebrar’ el feliz reencuentro liguero con alguna escaramuza previa entre pinta y pinta.

Sobre el verde tampoco faltaron estímulos a los protagonistas. Algunos, como el veterano Kenny Miller, se ha pasado casi toda su carrera deportiva cambiando de acera su olfato goleador: del Rangers pasó al Celtic, de nuevo se hizo protestante, se marchó tras el colapso del club y regresó dos años atrás para ayudarle a salir del agujero negro. A sus 36 años es, junto al díscolo Joey Burton, el suizo Senderos, el croata Kranjkar y el aguerrido capitán Lee Wallace, la referencia del once con el que Mark Warburton confía en empezar a recuperar el tiempo perdido. Los fieles incondicionales, unos entonando el 'You'll never walk alone'; otros el 'Follow, follow', volvieron a ser los teloneros del más añejo festival de fútbol que existe en el universo de la redonda.

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