El gran apagón del Atlético de Madrid: los pecados de Simeone por jugar como un pequeño
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El gran apagón del Atlético de Madrid: los pecados de Simeone por jugar como un pequeño

Los rojiblancos lo tenían todo para dar un paso adelante en la Champions, pero terminaron pagando su conformismo con una derrota que complica su continuidad en la competición

Foto: Simeone, en el partido ante el AC Milan. (Reuters/Susana Vera)
Simeone, en el partido ante el AC Milan. (Reuters/Susana Vera)

El Atlético de Madrid lo tenía en sus manos... y lo perdió (casi) todo. El conjunto rojiblanco no comenzó la Champions con buen pie y, ahora, a falta de un partido para acabar la fase de grupos, sabe que no depende de sí mismo para continuar en la competición. La derrota ante el AC Milan por 0 a 1 le deja último de su grupo, donde el Liverpool ya está clasificado a octavos como primero, y en el que los rossoneri, los colchoneros y el Oporto se lo juegan en 90 minutos.

El principal problema es que el Atlético no lleva la mano ganadora y necesita una carambola para meterse en la siguiente ronda: necesita ganar al Oporto y que el Milan no venza —pierda o empate— ante un Liverpool que no se juega absolutamente nada y rotará a su equipo titular. Cualquier combinación que no incluya estos dos preceptos dejará a los rojiblancos eliminados o, en el mejor de los casos, en la Europa League. Pero ¿qué paso para que el Metropolitano viviera el gran apagón?

Foto: Los jugadores rojiblancos, hundidos tras el gol del Milan. (Reuters/Susana Vera)

Todas las miradas apuntan hacia el mismo lugar: el Cholo Simeone. El argentino es un entrenador que ha conseguido llevar al Atlético un escalón por encima de lo que históricamente ha estado y, evidentemente, su forma de entender el fútbol ha sido fundamental para devolver la ilusión al equipo. Pero empieza a aparecer una etiqueta cada vez más manida y más usada con el técnico: en los momentos claves, cuando llega la hora de la verdad, peca de amarrategui... y su equipo lo paga.

El problema es que este año se esperaba mucho de este Atlético. No solo por ser el vigente campeón de Liga y demostrar un altísimo nivel el pasado curso, sino, especialmente, por lo bien que se ha reforzado esta temporada. Los rojiblancos no solo cuentan con la mejor plantilla de España —por profundidad y variantes—, sino que es una de las más poderosas de Europa. Sin embargo, no da la sensación de que Simeone esté siendo capaz de exprimir todo lo que puede ofrecer este plantel.

El partido ante el Milan no dejaba dudas: era necesario ganar sí o sí para depender de sí mismos en la última cita, pero nadie supo entender el partido. No lo hizo el entrenador, no lo hicieron los titulares y, por supuesto, tampoco los cambios que entraron al campo. Y, como resultado, una derrota en los minutos finales que puede suponer un batacazo. Un dato habla por sí solo, a sabiendas de que los dos debían ganar: el Milan tiró el doble de veces a portería... jugando a domicilio (siete a 14).

El Atlético no dio la sensación, en 90 minutos, de querer ir a por el partido y la impresión era de absoluto conformismo con el empate. El choque estuvo igualado en los primeros 45 minutos, donde hubo un intercambio de golpes más con la sensación de tantearse entre ellos que de hacer daño real. Pero la segunda mitad cogió a Simeone con el pie cambiado: el partido había cambiado y lo leyó tarde. Además, cuando lo hizo, no acertó con las modificaciones.

placeholder Foto: Reuters/Susana Vera.
Foto: Reuters/Susana Vera.

Los cambios, fundamentales

Stefano Pioli cambió el esquema del Milan con la entrada de Florenzi y Bakayoko, al pasar a defensa de tres y dando lugar a que el exvalencianista y Theo Hernández se incorporaran al medio del campo. Ibrahimovic y Messias Junior obligaron al medio del campo atlético a hacer más ayudas a sus centrales y, por ello, la entrada de Bennacer fue básica para equilibrar a los italianos en la medular. Simeone reaccionó..., pero, en lugar de ser valiente, decidió protegerse de los golpes.

Solo hay que ver los cambios para entender la jugada: salieron Lemar, Hermoso, Suárez, De Paul y Griezmann y entraron Lodi, Vrsaljko, Kondogbia, Correa y Cunha. El mensaje que mandaba era claro: hombre por hombre, pero un esquema más pensado para jugar a la contra que para tener el balón, dominar y buscar el gol a base de crecer con la posesión. O, dicho de otra manera, era el momento de meterse atrás, protegerse, conformarse con el empate y, si llegaba un gol, bienvenido era.

Lo que quizá no esperaba Simeone era recibir un gol en contra en el '87, sin piezas ni capacidad para reaccionar. Aun así, Simeone cree que los cambios no fueron malos: "Siempre soy el primero en explicar si me equivoco, pero fueron para refrescar". Aun así, dice ser "optimista" y confía en la clasificación del Atlético, pero las sensaciones no son buenas. Se vio a un Atlético muy rácano, conformista y poco ambicioso. Eso sí, si Cunha hubiera acertado con la suya, algo habría cambiado.

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