Un gol sobre la bocina de Felipe salva a un Atlético sin demasiadas soluciones (1-0)
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VICTORIA ANTE OSASUNA

Un gol sobre la bocina de Felipe salva a un Atlético sin demasiadas soluciones (1-0)

El conjunto rojiblanco se llevó tres puntos vitales ante Osasuna en un partido muy complicado que terminaron solventando en el último suspiro con un gol de córner

Foto: Felipe celebra su gol ante Osasuna. (Reuters/Javier Barbancho)
Felipe celebra su gol ante Osasuna. (Reuters/Javier Barbancho)

El Atlético de Madrid sumó tres puntos de oro en su lucha por la Liga gracias a un solitario gol de Felipe en los instantes finales de partido (1-0), que sirven al equipo del Cholo Simeone para sumar un triunfo que le permite seguir en la pomada por el título. En un partido con no demasiadas oportunidades para los rojiblancos, y en el que Jan Oblak fue su jugador más destacado con varias paradas de mucho mérito, el equipo colchonero consiguió salvar los muebles sobre la bocina cuando el partido parecía abocado al empate. Con pocas ideas y frente a un Osasuna que jugó a gran nivel, fue el central el que dio la victoria a su equipo.

Disputados ya diecisiete partidos, incluido el de este sábado, el Atlético navega en una duda insistente. Ni es lo que pretende ni se parece demasiado a lo que fue, dentro de un término medio insuficiente cuando las ambiciones y las responsabilidades que asumen los grandes equipos no admiten matices, cuando la competición por la Liga no espera a nadie y cuando se marca la diferencia entre el grupo de favoritos y de perseguidores. A estos últimos pertenece por ahora el bloque de Simeone, extraviado en la indefinición.

Foto: Felipe, en el momento de ser expulsado en Anfield. (EFE/EPA/Peter Powell)

Seis victorias en sus últimos quince choques oficiales son un síntoma evidente. De su plantilla se le espera mucho más de lo que ofrece, tanto como se aguardan las soluciones que siempre aparecen de Simeone, un hombre indiscutible en la mutación en la última década del Atlético, al que recompuso su grandeza. Ahora necesita rearmar a su equipo en torno a una nueva idea, a la nueva exigencia que le proponen sus rivales, tan estudiado como lo tienen.

Aún no lo ha logrado esta temporada. Salvo excepciones, como el 3-0 al Betis entre los más recientes y contados ejemplos, la dimensión de este Atlético está aún por descubrir, por expresarse de verdad, si es que lo hace con la plenitud que se intuía cuando configuró la plantilla de la que dispone. Hoy es un equipo más visible por alguna individualidad que por su colectivo. Y eso en el exigente fútbol actual no es nada concluyente, como tampoco lo parecen los continuos centros de Hermoso o como tampoco lo fue el partido entero, más el primer tiempo que el segundo, que ofreció el conjunto rojiblanco frente al Osasuna.

El Atlético no gozó de demasiadas oportunidades en la primera parte. La mejor del Atlético, una pared desbordante entre Marcos Llorente y Correa que terminó en el remate apurado de Griezmann; la mejor de Osasuna, un trallazo de Lucas Torró que Oblak repelió como pudo para sostener el 0-0 al descanso; un resultado inválido para el conjunto rojiblanco, que ha concedido tanto en las últimas semanas que ya sólo le vale ganar cada día.

En ello insistió el Atlético, que cambió el partido en la segunda mitad. Porque comenzó a jugar en campo rival con la constancia que no lo había hecho antes, porque empujó a Osasuna hacia su área, lejos del bloque alto con el que pretendía defenderse, y porque merodeó sobre el marco de Sergio Herrera con una cantidad de centros, sobre todo de Vrsaljko, que presagiaban algo más de lo que había ocurrido antes, por más que aún Luis Suárez y Rodrigo de Paul calentaban en la banda para entrar en juego para media hora.

En cualquier caso, no había promovido en una hora de partido ni una sola parada del guardameta de Osasuna. Nada amenazante para él ni para su equipo, resistente entonces y rehecho después, sin quitar el ojo tampoco de la portería contraria, tan consciente como cada uno de los espectadores del Wanda Metropolitano del fino filo en el que se movía el resultado del partido, como el cabezazo ganador de Felipe Monteiro en el minuto 86. La única fórmula, agónica, que tiene hoy por hoy el Atlético.

El Confidencial
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