La 'rajada' de Griezmann, la traición de Simeone y el día para olvidar de Felipe
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DOS FALLOS Y ROJA PARA EL CENTRAL

La 'rajada' de Griezmann, la traición de Simeone y el día para olvidar de Felipe

Todo lo que podía salir mal en Anfield lo hizo: un Atlético de Madrid irreconocible fue superado en todos los aspectos por un Liverpool que se mostró realmente sólido

Foto: Felipe, en el momento de ser expulsado en Anfield. (EFE/EPA/Peter Powell)
Felipe, en el momento de ser expulsado en Anfield. (EFE/EPA/Peter Powell)

Antoine Griezmann mostraba su enfado en redes sociales escasos segundos después de que el Atlético de Madrid se quedara con 10 jugadores en Anfield por la expulsión de Felipe. El francés, sancionado tras haber visto la roja en el Metropolitano ante el conjunto inglés, mostraba su descontento con la actuación arbitral y, en su mensaje, daba a entender cierta premeditación de los colegiados contra los rojiblancos. Pero, en realidad, creerlo así es hacerse trampas al solitario.

Lo que este miércoles sucedió (2-0) poco o nada tiene que ver con las decisiones arbitrales, sino con la disposición táctica y la actitud del Atlético de Madrid. Desde el primer minuto del partido se vio a un equipo timorato, mal colocado sobre césped y superado en cada acción: mal ubicados, sin tensión y llegando tarde a cada jugada, el Atlético estuvo desdibujado y, probablemente, jugó uno de los peores partidos desde que el Cholo Simeone cogiera las riendas del equipo. Perdió su identidad.

Foto: Joao Félix se lamenta con el 2-0 del Liverpool. (EFE)

Si por algo se reconoce a este Atlético de Madrid es porque es un equipo aguerrido, muy difícil de superar, con las ideas claras y sabiendo lo que tiene que hacer en todo momento. El sello del Cholo se reconoce a la legua: el equipo es un bloque, se mueve al unísono y genera mucho peligro por su capacidad para sorprender por banda, con un pistolero como Luis Suárez dispuesto a cazar lo que caiga en el área. Pero en Anfield no se vio nada de eso: Jürgen Klopp ganó la partida táctica.

La disposición del Liverpool, con líneas altas, su capacidad para mover el balón a dos toques y su presión asfixiante provocaron que el Atlético perdiera su posición en el campo, comenzara a perseguir sombras y tratara de achicar agua para frenar el aluvión de juego que le estaba cayendo encima. Solo era cuestión de tiempo que esa avalancha se transformara en ocasiones, con dos posibles finales: Jan Oblak sacado a hombros como gran héroe o una hemorragia de goles difícil de contener.

Pero, además, esa mala colocación en el campo dio lugar a que los rojiblancos llegaran tarde a muchas jugadas y que, a las primeras de cambio, se cargaran de amarillas. El primer problema llegó pronto, en el minuto ocho, con la amarilla a Mario Hermoso. Su amonestación provocó que Sadio Mané y Diogo Jota aprovecharan su lateral para buscarle las cosquillas, a sabiendas de que tendría que jugar con el freno de mano. Y Trent Alexander-Arnold no dudó en sumarse a la fiesta.

Pero, para colmo de males, Felipe vivió uno de esos días para olvidar. En el primer gol, de Diogo Jota, se olvidó de su espalda; en el segundo, de Sadio Mané, llegó tarde a cerrar su posición. Y, por si fuera poco, vio la roja en el minuto 36, después de que Danny Makkelie le expulsara en una acción limítrofe, una jugada que, si es a favor, se ve clarísima, pero, si es en contra, consideras excesiva. Injusto o no, una entrada de ese calibre por detrás ante los ojos del colegiado no es lo más inteligente.

Felipe fue el epítome de lo que el Atlético vivió en Anfield y volvió a abrir el debate en el centro de la defensa, donde los rojiblancos echan —y mucho— de menos a Stefan Savic. El brasileño fue un desastre y aparece en todas las fotos de la derrota rojiblanca: una, por dejadez; otra, por llegar tarde; la última, por una acción fuera de lugar. Un jugador al que se le vieron las costuras y que fue el agujero que el Liverpool aprovechó para hacer daño una y otra vez.

Fue en el momento de la roja en el que Griezmann estalló en redes sociales, pero el problema no era el árbol sino el bosque: antes de que Felipe fuera expulsado, el baño del Liverpool era una evidencia y ni jugadores ni técnico supieron frenarlo a tiempo. El Atlético se estaba olvidando de su esencia y estaba traicionando el sello Simeone. Todo junto, en una coctelera, dio como resultado un partido para olvidar, posiblemente de los peores que ha jugado el Atleti en los últimos meses.

Pero también es de justicia señalar que, en la segunda parte, algo cambió. Con uno menos, los colchoneros volvieron a ponerse el mono de trabajo y mejoraron su imagen en el césped. Incluso pudieron recortar distancias, pero un milimétrico fuera de juego lo impidió. Simeone supo cauterizar la herida en los segundos 45 minutos, pero el daño ya estaba hecho: una dura derrota en Anfield de la que hay que sacar una clara lectura. No es sano hacerse trampas al solitario.

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