se impuso al borussia de dortmund

El Cristiano de la Champions es un goleador de récord, se lo puede contar al de la Liga

El delantero consiguió igualar su récord de nueve goles en la fase de goles y ser el primero en marcar en todas las jornadas de esta fase de la competición. Pero los blancos siguen con sus dudas

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Cristiano Ronaldo consiguió igualar el récord de una leyenda: él mismo. Solo él ha marcado nueve goles en la fase de grupos de la Champions League y ahora es también el primero en repetir la hazaña. Para darle más valor, esta vez lo ha conseguido con al menos un gol en cada uno de los partidos de esta primera ronda algo que no había ocurrido nunca antes. Sí, es cierto, es un goleador genial, de los más grandes que nunca se hayan calzado unas botas. Los números son fantásticos, en un nivel que solo él Cristiano ha conocido.

Para batir su récord tuvo que marcar un golazo en el minuto 13, que era también el segundo de su equipo. Luego Aubameyang remontó y al final Lucas Vázquez dio tres puntos al Real Madrid que valen más bien poco. Esto era un amistoso de equipos en apuros con una grada sorprendentemente llena en el frío del Madrid. Era también un día para que Cristiano batiese sus récords, que es lo que toca. Y lo hizo, porque en Champions es imparable.

Y eso hace aún más extraño todo lo que está ocurriendo esta temporada. Porque ese goleador eterno, la leyenda del balón en las mallas, es el mismo que no es capaz de marcar un tanto en Liga aunque le pongan una portería tan grande como la grada de fondo. El que está negado y ofuscado y sale del campo lamentando su suerte, odiando la existencia. Ese al que se critica, no sin razón, por ser incapaz de alegrarse cuando son sus compañeros los que marcan. Es ambicioso, dicen los que más le quieren. Es egoísta, los que no tienen tantas ganas de empatizar con su drama de goleador con la pólvora mojada.

La Champions le ha servido, de algún modo, como una manera de despresurizar. Porque a Cristiano podrán señalarle por mil cosas, pero nadie se atreverá a decir que no se toma su profesión en serio. Demasiado incluso a veces. Mendes y los acólitos de Mendes han recordado en múltiples ocasiones que el delantero que no marca es un delantero infeliz. En su caso es obvio.

El Madrid, claro, ha notado su ausencia en Liga. También influye, claro, que Benzema está en esa versión en la que nada le sale y los goles no llegan. Lo que tendría que ser una dupla de clase mundial se ha convertido, para sorpresa de todos, en un ataque muy vulgar. El francés no jugó contra el Borussia de Dortmund, porque era un partido intrascendente y tiene que descansar, que vienen curvas. Cristiano sí porque tenía por delante la opción de marcar goles y, por lo que se ve, en su caso eso es motivo suficiente para que no descanse nunca. Le podría servir para ganar mundial el gol, golazo de hecho, que le metió a Bürki, ese portero de mirada desafiante y mandíbula cuadrada, pero en realidad no es más que el día de la marmota. Esto ya se ha visto y al volver a la competición doméstica no hay gol que valga.

Lo del gol en el Madrid necesita casi una gran sentada, que diría Luis Aragonés. O un regimiento de psicoanalistas llegado especialmente de Argentina para afrontar la cuestión. Porque no es normal que un equipo que presume de pegada la tenga solo cuando viaja por Europa. Las soluciones no han aparecido, aunque no por ello dejan de salir nombres sobre la mesa. El primero, el de Borja Mayoral. Es el chaval de la cantera al que se recluye al fondo del banquillo para que coja el hambre, más un Mariano que un Morata, pero como la plantilla del Madrid de este año tiene una confección rara está en un escalón más de lo que igual le correspondería.

No, no es Morata, aunque solo sea porque Zidane no se fía de él lo que se fiaba del hoy delantero del Chelsea. Lo que sí es, e igual eso no deberían olvidarlo, es un goleador. Tiene capacidad y se mueve bien por el área, como demostró en el primer gol del partido. Ha marcado ya en las tres competiciones, lo que es un buen augurio. Es joven y cuando lo era aún más le señalaban en los pasillos de Valdebebas como alguien de futuro. Es cierto, fracasó en Alemania, pero la transición buena para algunos no tiene que serlo necesariamente para todos.

Mayoral superó a Bürki para marcar el primero. (Reuters)
Mayoral superó a Bürki para marcar el primero. (Reuters)

Mayoral y el mercado

Sorprende que no juegue más en este cluedo en el que se ha visto Zidane en el que el gol es esquivo. Porque igual no es la solución final, pero sí un puente para ser un equipo competitivo. Lo que nadie puede negarle es las ganas, es capaz de desmarcarse un millón de veces para que solo le pasen el balón de vez en cuando. Y la insistencia es un valor en sí mismo, no dejar nunca de confiar en uno mismo, intentar una y otra vez reclamar su lugar en el mundo. Mayoral sabe que no es el titular, que no es la estrella del equipo, pero por muchas cosas igual se ha ganado un cariño que ahora mismo no le dan. A Morata le pasó algo así y terminó tarifando.

En este desierto blanco de goles también ayuda que haya jugadores secundarios a los que se supone contundentes que no tienen su momento. Es Asensio, que es joven y bueno, pero por lo mismo es errático. También Lucas Vázquez, un jugador en el que siempre tuvo mucha fe Zidane pero parece pasado de rosca, aunque el gol postrero igual le sirve para tomar alas. No tiene un talento desbordante, así que en cuanto baja un poco las revoluciones se convierte en un jugador menor para un equipo como el Madrid.

La gran sentada del gol no se queda en el Real Madrid, porque estamos en diciembre y el mercado se abre en unos pocos días. Así que empieza el baile. Icardi, Salah y ¿por qué no? Aubameyang. Marcó dos goles en el Bernabéu, todos los de su errático equipo. El francés está loco por la música, desde hace tiempo. Ha dicho infinidad de veces que querría vestirse de blanco, que tiene un abuelo abulense y la tierra tira -por más que en su sangre haya tantas raíces que sea difícil determinarle un lugar en el mundo-. Eso y que el Madrid, piensa, es casi lo máximo a lo que puede aspirar un ser humano. Esta semana su entrenador bromeaba con él. "Es malísimo, no lo fichéis", le espetaba a los periodistas españoles. Es difícil saber el Madrid fichará un delantero, más aún saber cuál será, pero a buen seguro que el gabonés, al menos, ha jugado sus cartas.

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