ha hecho del tottenham un referente

Pochettino, el entrenador que creyó que los ingleses pueden ser buenos futbolistas

Cuando llegó se le criticó por no conocer el campeonato, pero desde su llegada se ha dedicado a alimentar a la selección inglesa. Se enfrenta al Madrid, club con el que se le ha relacionado

Foto: Pochettino juega con un balón. (Reuters)
Pochettino juega con un balón. (Reuters)

Lawrie McMenemy, leyenda viva del Southampton y más inglés que el té de las cinco, clamó al cielo cuando anunciaron la contratación de Mauricio Pochettino. "¿Qué sabe de nuestro juego? ¿Qué sabe de la Premier League? ¿Qué sabe del vestuario? ¿Habla siquiera inglés?", vociferaba el exentrenador que, además, era vicepresidente del sindicato de técnicos ingleses. Algo de razón tenía en lo último, lo cierto es que el argentino no sabía del todo bien el idioma cuando llegó a los Saints y a eso también tuvo que adaptarse. Pero pronto la realidad le dio un revés a McMenemy, no solo el equipo de su vida había ganado un gran entrenador, como ya había mostrado en el Espanyol, sino que su selección, Inglaterra, también iba a salir ganando con la experiencia del nuevo técnico.

Ya son cuatro años en las islas y Pochettino es reverenciado. Por los buenos resultados, pero también por ser el primero en creer de verdad en el potencial de los jugadores británicos. Inglaterra inventó el fútbol, pero luego se lo prestó al mundo para que el resto lo desarrollase. La Premier, para dolor de Javier Tebas, es la mejor liga del planeta y en ella hay excelentes argentinos, españoles, franceses, italianos, brasileños, africanos... y una cuota estable de ingleses que siempre parecía un paso por debajo de los demás, como si con esa base fuese imposible crear un equipo competitivo de verdad. Hasta el Tottenham de Pochettino.

De los últimos 29 debutantes en la selección inglesa 12 llegaron desde equipos del argentino, primero el Southampton, ahora el Tottenham. Son jugadores muy jóvenes, como Adam Lallana, Luke Shaw, Delle Alli o Harry Kane que forman parte de lo más ilusionante que pueden dar los Pross que, es cierto, no parece demasiado. Él creyó, desde su llegada, en el talento del jugador inglés. Tan solo era cosa de encontrarlo, pulirlo y ponerlo a jugar al fútbol, cambiarle la filosofía casi por completo, enseñarle nuevas maneras de hacer las cosas y de afrontar el entrenamiento. Sí, como lista no es exactamente corta, pero los resultados están ahí.

La apuesta por los futbolistas ingleses de Pochettino no es solo una cuestión filosófica, sino también consecuencia de los entornos en los que le ha tocado entrenar. El argentino estuvo en el Espanyol, club de cantera, en el Southampton, quizá la mejor fábrica reciente de Inglaterra y, por último en el Tottenham que, en su opinión, tiene las mejores instalaciones deportivas del país y, por lo tanto, es un buen lugar para enseñar a los jóvenes. Aunque los Spurs son, a muchos efectos, un grande de la Premier, lo cierto es que siempre ha sido renuente a los gastos excesivos en el mercado de fichajes. Y eso ha obligado tanto a mirar a la base como a apostar por fichajes de críos a los que desarrollar, como se hizo con Alli, fichado con 18 años del MK Dons.

Pochettino habla con Dele Alli. (Reuters)
Pochettino habla con Dele Alli. (Reuters)

Jóvenes con hambre

Esto no es un problema para Pochettino, más bien al contrario. Él no es de esos entrenadores que se quejarán si no le llegan fichajes de campanillas porque, en realidad, tampoco los quiere. El argentino prefiere educar y moldear a sus jugadores que tenerlos ya manufacturados y ya alinearlo. Esto es así también porque lo que les pide no se parece demasiado a lo que se ve en Inglaterra. La intensidad en la presión de los equipos de Pochettino obliga a tener jugadores muy implicados, casi cartujos de la causa. Y para eso es mejor encontrar jóvenes con hambre que veteranos consagrados.

No es un técnico inflexible, puede pasar que lleguen tarde, por ejemplo, y él no diga nada, pero sí duro en el entreno. De hecho, él llega a las 7.30 de la mañana a la ciudad deportiva y se pasa 12 horas pensando en el Tottenham. No es raro que haga dobles sesiones para el equipo, algo que en Inglaterra suena a chino. Pero él lo explica, dice que el jugador inglés es por naturaleza intenso, que derrocha ganas, pero esas ganas hay que colmarlas con otras cosas para que sean efectivas y, sobre todo, para que duren 90 minutos.

Mauricio Pochettino niega ser bielsista, aunque quitar a Bielsa de su biografía sería desdibujarle. El 'loco' era un entrenador joven que buscaba jóvenes para llevar a cabo sus ideas de fútbol. Le contaron que había uno en Murphy que le podía servir para lo que quería y allí que se fue. Llego a su casa de noche y pidió pasar, al verle pensó que estaba un poco gordito, pero que le serviría para el futuro. Y así fue, Pochettino creció en su Newell's y después se volvieron a ver tanto en el Espanyol como en la selección argentina. De ahí Mauricio fue extrayendo jugo de Bielsa y al menos la intensidad se ha ido viendo en sus equipos.

Y no solo. Pochettino cuenta que, tras un año excelente en La Liga, donde fue elegido uno de los mejores centrales del campeonato, Bielsa le llamó y le pidió que se pusiese nota. Respondió que un 9 o un 10, subido con todos los elogios que estaba recibiendo pues, no en vano, era un excelente central. El técnico le rebajó la nota, le aprobó, sí, pero le dijo que si él hubiese sido su entrenador le habría sentado en varios partidos por errores de principiante. Pochettino primero lloró y luego entendió la lección y se lo tomó más en serio, desde entonces prima las entrevistas individuales con sus jugadores para ir orientándoles.

La relación con los jugadores es, en la élite, lo que diferencia un éxito de un fracaso. Pochettino, cuando puede, invita a caras cenas a sus jugadores. Carísimas, de hecho, el crítico del Observer dice del Beast, uno de los sitios en los que convidó a sus pupilos, que para ir a probarlo es mejor llevar como compañía unos amigos narcotraficantes internacionales, pues es probable que ellos sí se puedan hacer cargo de la cuenta. La gente del fútbol también puede, hacen mucho dinero con actividades lícitas como es llenar estadios y aparecer de manera ininterrumpida en todos los televisores del mundo.

En el equipo de Pochettino, que el año pasado fue subcampeón y, por primera vez desde que existe la Premier, quedó por encima en la clasificación de su eterno rival el Arsenal, dos jugadores destacan por encima del resto. Son, por supuesto, ingleses, pero la relación de ambos con el argentino empezó de modos bien distintos. Dele Alli, de 21 años, llegó del MK Dons con 18. Al principio, según confesión propia, no le gustaba. "Pero ahora le encantas", le comentaba al mediocampista uno de los asistentes del técnico. Él es el cerebro y, quizá, el jugador inglés con más criterio en una década.

Harry Kane salida a Pochettino. (Reuters)
Harry Kane salida a Pochettino. (Reuters)

Concienciar a Kane

Arriba en el campo se sitúa el otro puntal, que no es otro que Harry Kane. En este caso no hubo dudas y, desde el principio, se convirtió en una figura clave para Pochettino. Quizá porque le salvó, o así piensa el argentino. El inicio del técnico con el Tottenham fue bastante malo, el equipo era duodécimo y se empezaba a hablar de destitución. Un gol suyo le salvó y el entrenador eso no lo olvida, pero eso no quiere decir que en el camino no tuviesen altibajos.

Pochettino recuerda un partido contra el Monaco del pasado año en el que el delantero no estuvo afortunado. Pero aún, no estuvo apasionado, lo cual para un argentino es bastante más grave. El técnico dejó pasar un tiempo para que se le bajase el enfado, pero finalmente, después del alumerzo, aceptó hablar con Kane. Y estuvieron de conversación hasta las 3 de la mañana. Ahí Mauricio le contó que Bielsa le había hecho llorar, pero que eso también le hizo un jugador más fuerte. Le dio más libertad, le pidió que presionara. Y ahora Harry Kane es, sin duda, un mejor futbolista. Y un atacante temible.

Es posible que, en algún momento de la conversación, entrase en circulación una copa de vino. Argentino, por supuesto, porque Pochettino, que con cierta lógica se ve ciudadano del mundo, no olvida su casa y proclama a quien quiera oirle que no hay vino como el de su tierra. Después de los partidos, cuando llama algún jugador, suele disfrutar de una copa. No mucho más, que tampoco el exceso es bueno.

Pochettino tiene un buen historial, pero también un agujero negro: aún está por ganar un título. De algún modo es justificable, sus equipos han sido buenos pero no excelentes. En todo caso, siempre es una carencia. Quizá lo consiga en el Tottenham, que en tiempos recientes está sacando mucho con menos que su competencia. Puede ser que el futuro sea en los Spurs pero, en su caso, no faltarán cantos de sirena. Su nombre suena cada vez que se habla del PSG, equipo en el que jugó cuando aún el club no estaba anegado de petrodólares. También se le ha relacionado con el Real Madrid, dicen que gusta a Florentino. Aunque él no le da importancia. Más aún, él no se da importancia.

Hay, incluso, una opción de la que hablaba esta semana y que probablemente no le daría títulos pero sí prestigio. Le haría ilusión entrenar algún día a Inglaterra. Tendría toda la lógica del mundo porque pocos como él han creído realmente en el jugador autóctono. Hoy están en el Mundial en parte por la alargada mano de Mauricio Pochettino.

Champions

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