El club, paralizado por el burofax del '10'

Leo Messi firma el adiós más triste del mundo y el FC Barcelona explota

El deseo del argentino de abandonar su equipo conmociona al mundo culé. En el club azulgrana, abierto en canal, puede pasar cualquier cosa en las próximas semanas

Foto: Leo Messi. (Reuters)
Leo Messi. (Reuters)

Leo Messi está firmando el adiós más triste del mundo con el FC Barcelona, el club de su vida. Si se le hubiese encargado a un guionista que ideara un final nefasto para la historia de un chaval que llegó de Argentina con 13 años a hacer una prueba con el Barça y que terminaría convirtiéndose en el mejor jugador del mundo, un héroe, una leyenda, el máximo goleador de la historia del club, seis veces Balón de Oro, y un palmarés extenso que incluye 10 títulos de Liga, cuatro Champions, tres Mundiales de clubes, seis Copas del Rey, tres Supercopas de Europa y ocho de España, difícilmente habría acabado con un 2-8 ante el Bayern y un burofax un 25 de agosto comunicando que se quiere marchar. Pero así es. Dejen de frotarse los ojos: está ocurriendo.

Nadie se esperaba un desenlace así, una noticia así, por mucho que la estrella hubiera dejado miguitas de pan por el camino en forma de desencuentros con Bartomeu, contestaciones airadas en las redes sociales, avisos ante los medios de que el desastre se avecinaba y la última conversación con Koeman hace cinco días en la que ya le advirtió de que no se veía en el nuevo proyecto. Nada, absolutamente nada, podía haber servido de colchón pese a las señales continuas de alerta que emitía desde hace tiempo Messi. Las principales emisoras de radio de Cataluña, Rac1 y Catalunya Ràdio, detuvieron su programación habitual para informar de la noticia y buscar la opinión de periodistas, exdirectivos y abogados expertos en derecho deportivo mientras un centenar de aficionados comenzaron a llegar a las oficinas del Camp Nou gritando a las puertas: “Nosotros te queremos, Messi, quédate”. Y en bucle, de la incredulidad al 'shock' y de ahí a la búsqueda de respuestas para la pregunta principal: ¿cómo ha podido pasar algo así?

Leo Messi firma el adiós más triste del mundo y el FC Barcelona explota

Las claves del desencuentro

A estas alturas, resulta difícil explicar cómo Messi ha terminado enviando un burofax para irse del Barça cuando lleva años declarando su amor por el club y la ciudad en la que nacieron y se crían sus tres hijos. Eso sí, en el último contrato que firmó en 2017, se empeñó en que hubiera una cláusula, un escape, una vía de salida. "La gente del Barça me conoce y sabe que no hay problemas con estos temas. Lo que siento por este club va más allá de lo que diga un contrato o de cualquier firma, cualquier papel", argumentó hace unos meses cuando le cuestionaron precisamente por la cláusula en cuestión. Ahora, todo ha cambiado radicalmente.

Quizá la marcha de Neymar fue el comienzo de todo, pero el brasileño se marchó porque quiso. Porque él le hacía sombra y el PSG le pagaba más. Y cuando él apretó para que volviera y el Barça se reunió con los jeques que les dieron con la puerta en las narices, la respuesta del astro en una entrevista en 'Mundo Deportivo' fue: “Me hubiese encantado que viniese Neymar. Sinceramente, no sé si el Barça hizo todo lo posible para su regreso”. Leo empezaba a dejar claro entonces, hace un año, que su conexión con Bartomeu y compañía era nula. La destitución de Valverde tampoco le gustó, y menos cuando Éric Abidal dijo aquello de “muchos jugadores no estaban satisfechos ni trabajaban mucho con Valverde”. La respuesta del capitán fue inmediata a través de su cuenta de Instagram: “Sinceramente, no me gusta hacer estas cosas, pero creo que cada uno tiene que ser responsable de sus tareas y hacerse cargo de sus decisiones. Creo que cuando se habla de jugadores habría que dar nombres, porque si no se nos está ensuciando a todos y alimentando cosas que se dicen y no son ciertas”.

Ernesto Valverde y Leo Messi, en la pretemporada de agosto de 2018. (EFE)
Ernesto Valverde y Leo Messi, en la pretemporada de agosto de 2018. (EFE)

Ni que decir tiene que desde entonces Abidal estaba sentenciado y su relación con el vestuario se rompió en mil pedazos. La contratación de Setién (Messi apostaba por Xavi) tampoco ayudó, y los gestos públicos, los desaires con el segundo, Eder Sarabia, y la frase después de perder contra el Osasuna (“Ya avisé de que así no nos daba para ganar la Champions y no nos alcanzó ni para LaLiga”) cayeron como una bomba en la entidad. Se solventó con una tregua que pactaron Setién y Messi en una conversación privada, pero llegó el Bayern y les dejó a todos en cueros: al presidente al que le gustaba mucho Setién, al entrenador que seguía creyendo que lo estaba haciendo fenomenal y a los jugadores que seguían pensando que eran los mejores del mundo (como afirmó Arturo Vidal, que también ha recibido la llamada aniquiladora de Koeman) en la previa del partido de Lisboa.

Koeman no le ha convencido

Con Bartomeu agarrándose a la silla y afirmando que la crisis era deportiva y no institucional en una entrevista que se montó en Barça TV, comenzó ‘la era Koeman’. El presidente, un maestro en el arte del escapismo (la última fue que en pleno confinamiento le dimitieron seis directivos), estaba convencido de que descolgando el póster del héroe de Wembley y colocándole como entrenador tenía el asunto resuelto. Koeman, holandés hasta la médula, no se anduvo con chiquitas. En la presentación, anunció que hablaría directamente con los jugadores y así lo hizo. Fue a casa de Messi el pasado jueves y el delantero le comunicó que no lo veía claro. El lunes, se pulió con una llamada telefónica de dos minutos a Luis Suárez.

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Además de ser el tercer máximo goleador de la historia del club, Suárez es amigo íntimo del argentino. Viven cerca, sus hijos van al mismo colegio, veranean juntos y hasta sus esposas son socias en un negocio. El adiós sin miramientos a Suárez no puede haber ayudado en absoluto si Leo tenía dudas. Y un día después, ahí está el burofax que lo atestigua.

Una situación caótica

La situación en la que queda ahora mismo el Barça es caótica. Por mucho que el club se empeñe en que el contrato le da la razón y que si Messi quiere abandonar el club debería haberlo dicho antes del 10 de junio, Messi ya ha dicho que se quiere ir. La única opción que les queda ahora es negociar y que el argentino al menos deje algo de dinero en unas arcas secas, porque parece imposible que nadie pueda pagar los 700 millones de euros que tiene en la cláusula. El Manchester City de Pep Guardiola es una opción. El PSG de su amigo Neymar, otra. La hemorragia, se mire por donde se mire, es abundante y no tiene ninguna pinta de que vaya a pararse. Aunque el club le contestase horas después, también por burofax, pidiéndole que permanezca en Barcelona hasta que concluya su carrera profesional.

Bartomeu ya no tiene donde esconderse. El parapeto de Koeman no le ha servido de nada, porque la mayor estrella, el héroe, la leyenda, le ha enviado un burofax y el proyecto del holandés nace ya herido de muerte. Mientras la oposición se lleva las manos a la cabeza y se organiza para presentar una moción de censura, el triste final es que a nadie se le olvidará que después de la derrota más vergonzosa de la historia del Barça, el que se quiere ir es Messi y no Bartomeu.

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