el colombiano deja las cosas claras

El cara a cara de James con Zidane acaba con la farsa de que todos cuentan en el equipo

James Rodríguez era un caso perdido. Como lo es Gareth Bale, que prefiere estar atrincherado antes que ir de cara con Zidane y decirle lo mal que se siente

Foto: James Rodríguez escucha a Zinédine Zidane antes de entrar al partido. (Efe)
James Rodríguez escucha a Zinédine Zidane antes de entrar al partido. (Efe)

James Rodríguez miró a la cara a Zidane y se desahogó. Se quitó la carga que lleva dentro para manifestarle al entrenador que no se siente útil. Zidane suelta habitualmente en cada rueda de prensa que todos son importantes. James no lo siente. El colombiano le dijo que lo mejor para los dos era no continuar con esta farsa. Ni James se siente cómodo por la falta de minutos, ni el entrenador francés hizo un intento para convencerle de su importancia en la plantilla. La hipocresía podía haber durado unos partidos más y, aunque todavía queda por cerrar la Liga y disputar la Champions, la reacción de James ha sido como la de sacar la bandera blanca, la de la rendición.

Desde que Zidane dijo aquello de “si Bale se puede ir mañana, mejor” no ha vuelto a dar otra respuesta tan sincera como el motivo por el que James no viajó a Bilbao. “Se ha querido quedar fuera por un tema suyo”, confesó sin dar más detalles, el técnico sobre la ausencia del colombiano en la convocatoria contra el Athletic de Bilbao. James, por lo tanto, se borró descaradamente. No hay una razón de índole profesional. La desconfianza entre las dos partes produce una ruptura a la que no le queda más maquillaje. Pinturas fuera entre el futbolista y el entrenador. Solo falta que Florentino, con el trabajo de Jorge Mendes, encuentre una solución beneficiosa a la salida.

James pugna por un balón con Monreal en el partido contra la Real Sociedad. (Efe)
James pugna por un balón con Monreal en el partido contra la Real Sociedad. (Efe)

James Rodríguez era un caso perdido. Como lo es Gareth Bale, que prefiere estar atrincherado antes que ir de cara con Zidane y decirle lo mal que se siente. El galés no se niega a nada y, aunque se le ve en el banquillo con desinterés, su táctica es dejar que pase el tiempo. Cuando empezó la competición y no salieron ni uno ni otro, se comparó su situación con la de Amavisca y Zamorano. Los dos jugadores que no entraban en los planes de Jorge Valdano, en la temporada 1993-94, y ganaron la Liga con un destacado protagonismo. James y Bale no estaban, desde que llegó Zidane al cargo en su segunda etapa, en los planes del entrenador. Se quedaron por contrato. Al colombiano le perjudicó el 7-3 del Atlético de Madrid en la pretemporada. Quería seguir el camino de Marcos Llorente y el Madrid pidió 50 millones de euros. El galés rastreó el mercado de China. La familia, el clima de España y el sueldazo de 17 millones de euros pudieron más.

Bale y su desinterés

Borrón y cuenta nueva, es el consenso al que llegaron en el Real Madrid para recuperar la esperanza en dos jugadores que no estaban en los planes de un entrenador terco y con las ideas bastantes claras. Eso de que podían ser los nuevos Amavisca y Zamorano no lo debió entender o aceptar Zidane. El francés tiene bastante claro lo que le pueden dar Bale y James. El primero no encaja por su apatía y el segundo es una moneda al aire. Zidane se los quedó sin emoción. Como hizo Valdano con Amavisca y Zamorano. La diferencia está en que el cántabro y el chileno sí se tomaron el rechazo del argentino con amor propio y el orgullo de demostrar que estaba equivocado. Cuando se le pone carácter, alma y orgullo, la rebelión tiene más posibilidades de triunfar.

James y Bale, entre lesiones y desganas, no han conseguido recuperar la confianza de Zidane. Ni después de que la competición estuviera parada por el coronavirus encuentran la complicidad de un entrenador que insiste con los mismos de antes. Tiene que ser duro para los dos comprobar cómo dos chicos recién llegados (Vinicius y Rodrygo) alternan las titularidades y entran en los cambios en los siete partidos que se han disputado. Debe ser como una deshonra. Tiene que doler ver cómo Marco Asensio, tras una larguísima y grave lesión, tiene las puertas abiertas del once. O cómo Hazard, con otra lesión que ha dado mucho la lata, está entre los intocable, aunque no esté en perfectas condiciones físicas.

Gareth Bale en la grada de San Mamés durante el partido contra el Athletic de Bilbao. (Efe)
Gareth Bale en la grada de San Mamés durante el partido contra el Athletic de Bilbao. (Efe)

El borrón y cuenta nueva del mes de septiembre es un me borro definitivamente en el de julio. Fue, precisamente el 12 de julio en la pretemporada, cuando dijo aquello Zidane de Bale. No lo quería. Pero ZZ tragó a su manera. Es hombre de club para algunas cosas, como ha quedado demostrado con el traspaso de Achraf al Inter de Milán, y respeta los contratos del galés y el colombiano. Su parcela no hay quien la toque. De lo que no nos podemos sorprender es que ninguno de los dos haya conseguido ser ni Amavisca ni Zamorano.

Para que la rebelión sea un éxito es necesario que ponga más de su parte el afectado que el que no te acepta. Así se lo tomaron Amavisca y Zamorano para ganar lo que les negaba Jorge Valdano. Con Bale hemos visto a un futbolista que, en otoño, estaba más preocupado de llegar fresco a los partidos de su Selección y estar en la Eurocopa. Sin olvidar que se mofó de los aficionados con la famosa bandera ‘Gales.Golf.Madrid’. En invierno, empezó el año lesionado y no estuvo en la Supercopa de España disputada en Arabia Saudí. Se fue sin continuidad al confinamiento y regresa igual en verano. Con poco compromiso. Lleva tres partidos seguidos sin jugar un solo minuto. James ha sido titular en un partido (Real Sociedad) de los siete y ese día se comprobó que su ciclo está acabado. Las mentiras tienen su final y James necesitaba soltar el malestar que lleva dentro.

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