la identidad oculta del entrenador

El error de creer que el Real Madrid de Zidane tiene el estilo del tiki-taka

Con Zidane el estilo sí se negocia. Va de un sistema a otro como el que sigue buscando la mejor identidad. La suya es ser lo más pragmático y guiarse por su intuición con los jugadores

Foto: Zidane durante una comparecencia en la Supercopa de España que se celebra en Arabia Saudí. (Efe)
Zidane durante una comparecencia en la Supercopa de España que se celebra en Arabia Saudí. (Efe)

Zinédine Zidane consigue, en el mes de enero, que los críticos se suban a su carro por el éxito de la apuesta de los cinco centrocampistas. Algunos de ellos están dentro de la cúpula del club. No cambian de chaqueta por un buen resultado sino por la creencia de que el francés es la nueva versión de Pep Guardiola o un vanguardista de los banquillos. A ZZ no le gusta nada que le etiqueten. El Real Madrid de los cinco centrocampistas no es el Barcelona del tiki-taka. El primero que lo rechaza es Zidane, autor de un nuevo sistema en el Madrid que funcionó en la semifinal de la Supercopa de España contra el Valencia. Curiosamente elogiado en un sector del madridismo con poder.

Todavía queda por comprobar si el planteamiento contra el Valencia tiene continuidad en la final del domingo contra el Atlético de Madrid. Si perdura en el tiempo más allá del resultado. En la segunda etapa que lleva el técnico en el banquillo blanco ha utilizado hasta cuatro sistemas diferentes. A los clásicos (4-4-2 y 4-3-3) sumó la defensa de tres (en pretemporada) y ahora los cinco centrocampistas. Lo de los tres centrales no le convenció y desechó la idea. La prueba de que no tiene un sistema único ni definido. Zidane más que un vanguardista o un inventor de estrategias es un entrenador que se guía por su intuición.

Los jugadores del Real Madrid celebran el triunfo contra el Valencia en Yeda. (Efe)
Los jugadores del Real Madrid celebran el triunfo contra el Valencia en Yeda. (Efe)

“Zidane es un entrenador idóneo para el Real Madrid”, comentó Simeone después de eliminar al Barcelona. La definición del Cholo es acertada. Lo idóneo de Zinédine Zidane es que está por encima de todos. Hace lo que le da la gana. Lo demostró cuando se fue tras ganar la Champions al Liverpool. Se aísla de la presión y las exigencias. No le afectan los comentarios y se ríe de los críticos que se cambian de bando por un planteamiento con riesgos. Si sale mal lo de los cinco centrocampistas lo devoran. El variopinto estilo de Zidane tiene mucho de filosofía maquiavélica. Ya se sabe y viene a cuento eso de ‘el fin justifica los medios’. ZZ conoce bien el terreno que pisa. Sabe lo quiere y necesita el equipo. No le importa el estilo ni los sistemas. Prioriza lo que puede dar cada jugador por su estado de forma física y personalidad.

El estilo sí se negocia

El entrenador francés se rige por otros parámetros futbolísticos que se alejan de los defensores de dos formas de entender el fútbol (Menotti y Bilardo). La virtud, como se suele decir, está en el medio. No es ni ultraofensivo ni ultradefensivo. Antepone su obsesión por el bloque sólido y el equilibrio al estilo de alta posesión. La escuela de Zidane no es la esencia del Barcelona de Johan Cruyff ni Pep Guardiola. ZZ tiene otra forma más pragmática de ver el fútbol. Le gusta que el equipo tenga el balón, pero le encanta (todavía más) llegar en tres toques al área contraria. Pero hay quien dispara el entusiasmo por ver un Real Madrid más coral. Zidane es práctico y va de un sistema a otro en función de las sensaciones que tiene con cada jugador que pueda ser capaz de sacrificarse en defensa y ser contunfente en ataque. Con Zizou el estilo sí se negocia.

Nos dejó descolocados con esa apuesta por Casemiro, Fede Valverde, Kroos, Modric e Isco en el partido contra el Valencia. Fue el día de la superpoblación de centrocampistas y un solo delantero (Luka Jovic). Zidane dio unas pautas para llevar la iniciativa y controlar el partido. Cuando se rompió el Valencia, por un despiste y el gol olímpico de Toni Kroos, empezaron a caer los goles. Casemiro reconoció al final del partido que funcionó el plan, pero también puso el foco en la profundidad. Zidane huye de esa corriente que le señala como un genio o le quiere llevar al ‘jogo bonito’ de los brasileños.

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