sus dolorosas últimas horas

El finiquito de Robert Moreno en la Selección y la chulería de ponerse un 10

Robert Moreno está afectado, y los que le vieron en sus últimas horas en el cargo de seleccionador aseguran que daba señales de estrés y ansiedad. Tuvo un arrebato de amor propio

Foto: Robert Moreno, pensativo y con la cabeza alta, en el banquillo del Wanda Metropolitano. (EFE)
Robert Moreno, pensativo y con la cabeza alta, en el banquillo del Wanda Metropolitano. (EFE)

Dará explicaciones en un formato más reducido que la extensa rueda de prensa de Luis Rubiales y José Francisco Molina para relatar, según su versión, los hechos que se sucedieron para su salida y el regreso de Luis Enrique. Robert Moreno quiere cerrar su etapa como seleccionador con un comunicado oficial. La federación le ofreció esta posibilidad después del partido contra Rumanía, pero declinó la opción a la espera de desvincularse definitivamente. Sus dos abogados estuvieron, durante la mañana y la tarde del lunes, negociando el finiquito. No quedó claro si era un despido o una renuncia por cómo se precipitaron los hechos. Luis Rubiales hizo uso de un mensaje privado, durante su comparecencia ante los medios de comunicación, con el que insinuó que Robert Moreno presentó su renuncia para "no ser un impedimento a la llegada de Luis Enrique". En cualquier caso, los servicios jurídicos de la federación y los abogados de Robert Moreno dan por finiquitado el contrato con una cantidad que ronda los 500.000 euros.

Está afectado, y los que le vieron en sus últimas horas en el cargo de seleccionador aseguran que daba señales de estrés. Las reacciones que tuvo antes, durante y después del encuentro contra Rumanía no eran las habituales. Eso sospechaban los jugadores, que tras el partido pasaron de una breve fiesta por cerrar la clasificación como cabezas de serie a quedarse de piedra por las lágrimas de Robert Moreno. Les anunció, brevemente, su despido y no dio más explicaciones. En el vestuario habló de despido y a los dirigentes les presentó su renuncia. Al cargo y a dar una rueda de prensa. Ni siquiera regresó a la Ciudad del Fútbol en Las Rozas para pasar la noche, como tenía programado, y decidió viajar a su casa de Barcelona. Estar con su madre.

Robert Moreno, junto a Luis Enrique, en la Selección. (EFE)
Robert Moreno, junto a Luis Enrique, en la Selección. (EFE)

Robert Moreno se quiso ir a su manera: con orgullo, la cabeza alta y sin dar la imagen de sentirse humillado. Sin despedirse de los dirigentes de la federación. Tuvo un arrebato de amor propio, que algunos interpretaron como una chulería, en la rueda de prensa del domingo en el Wanda Metropolitano cuando dijo aquello de "me pongo un 10, como dice mi madre. Cuando das todo lo que tienes con tu cuerpo técnico y los jugadores, solo puedes darte un 10. Mi madre me lo dice cuando me ve por la tele, y estoy de acuerdo". Una reacción que se calificó de altanería en la federación, agudizó la crisis y tensó más la comunicación con Rubiales y Molina. Los jugadores se percataron de los nervios del seleccionador en las horas previas al partido contra Rumanía.

El fuerte estrés

Está dolido por cómo se ha precipitado su salida y siente que no se ha valorado su trabajo en unos meses difíciles para la federación desde que asumió el cargo de interino a fijo tras la enfermedad y el fallecimiento de la hija de Luis Enrique. Considera que se ha entregado y trabajado sin descanso para dar normalidad a un proyecto que exigía estar en la próxima Eurocopa. Cumplió con su obligación y explotó el pasado domingo contra los dirigentes de la federación. "Me han dejado tirado", es una de las frases que comentó, según 'Marca', en el vestuario a los internacionales. Lo que le dolió fue que Rubiales o Molina no le tuvieran informado, con más detalles, de los planes y el regreso de Luis Enrique. Ahora tiene la sensación de haber quedado como el malo de toda esta historia y dará su versión con el mencionado finiquito resuelto de medio millón de euros.

Ha sido una salida traumática por cómo se han atropellado los acontecimientos en un corto espacio de tiempo y no haber encontrado la calma para sentarse y hacer más fácil el relevo que estaba pactado. No puede rebatir el argumento de peso que expone Luis Rubiales y que dejó bien claro el presidente cuando empezó su rueda de prensa diciendo, con rotundidad, esto de "Luis Enrique vuelve a su puesto de trabajo". A Moreno ya le había llegado que el asturiano no contaba con él. Su amistad se había enfriado desde el fallecimiento de Xana, la hija de Luis Enrique. Más motivos para sentirse estresado.

Necesita tiempo para reflexionar y asumir que empieza una nueva etapa profesional para él. Estos últimos ocho meses ha estado bajo presión y tensión por la responsabilidad de tomar decisiones importantes en las convocatorias y los partidos. Pero también por los comentarios y las opiniones que le llegaban sobre su capacidad y la inexperiencia en un cargo como el de seleccionador. A sus 42 años, tendrá que empezar a buscar nuevos desafíos con un caché respetable por el trabajo realizado en la Selección. Lo hará ya sin Luis Enrique, con el que empezó a trabajar en 2008 en las categorías inferiores del Barcelona, aunque su relación se interrumpió una temporada cuando el asturiano se cogió un año sabático y Robert Moreno se quedó como segundo técnico del Celta junto a Juan Carlos Unzué como primero.

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