tras años de fútbol, ahora solo hay escombros

Los huesos del Calderón: así desaparece (entre polvo y ruido) un estadio inolvidable

El Vicente Calderón todavía no ha sido demolido y sus vecinos se niegan a olvidarlo. Con los grandes inconvenientes de las obras, los residentes de la zona recuerdan con añoranza las noches de fútbol

"Yo vi cómo hacían los primeros cimientos y ahora voy a ver cómo tiran los últimos". Esta peculiar frase es de Manuela, una mujer de 99 años que lleva toda su vida viviendo enfrente del Vicente Calderón, en el popular barrio Imperial de Madrid. Un estadio con 50 años de vida al que ha visto crecer y, ahora, desaparecer. El fútbol del Atlético de Madrid cambió de lugar en 2017, dejando aún más fría la zona del Manzanares. El Athletic de Bilbao, su último visitante. El nuevo feudo se sitúa ahora a unos 14 kilómetros de la que antaño fue su casa, en San Blas-Canillejas.

Todo aquel que haya rondado el Vicente Calderón en estas fechas sabe de qué va el tema. Conforme uno se aproxima lo ve, lo siente. Hay algunas cosas que no están en su sitio, pero hasta que no te plantas delante no se es totalmente consciente: gradas fantasma, escombros y zonas totalmente desoladas. La imagen entristece, eriza la piel. Conforme se avanza por los alrededores el miedo a que algo se desprenda es notorio. Desde luego, no parece que ahí se hayan vivido grandes ratos de fútbol. De las noches de Champions ya no queda nada salvo el recuerdo, nostálgico y entrañable.

Contemplas la grada e imaginas a gente, personas apasionadas celebrando un gol de Aragonés, Vieri, Kiko, Torres o Falcao. Por muchos ecos del pasado que resuenen, cuesta visualizar un campo en el que ni siquiera hay asientos. El contraste es un cóctel molotov para cualquiera, pero sobre todo para el aficionado atlético, muy apegado a sus símbolos y leyendas.

Este era el aspecto aéreo del Vicente Calderón. (Ayuntamiento de Madrid)
Este era el aspecto aéreo del Vicente Calderón. (Ayuntamiento de Madrid)

De oír la Champions a excavadoras

Del ardiente Vicente Calderón al innovador Wanda Metropolitano, un cambio que al equipo rojiblanco le ha venido a las mil maravillas a nivel económico, pero que ha dejado grandes damnificados: los residentes del Imperial, que han sufrido los envites de la inevitable mudanza. Obras, dejadez y una amplia inactividad comercial describen el paisaje. "A veces hacen ruidos muy grandes, hay mucho escándalo. Lo peor es el polvo, que se levanta un montón y nunca tienes los cristales limpios. Aun así ambas cosas son soportables, no extremas", dice Manuela. "Mis hijas ya me han dicho más de una vez que me vaya con ellas, pero yo no me quiero ir de aquí, estoy bien", añade. Todo es más o menos llevadero, según cuentan los residentes, excepto la falta de fútbol los fines de semana.

Como mencionábamos anteriormente, Manuela lleva en el barrio más tiempo que el propio Calderón. "Al poco de llegar aquí empezaron a construir los cimientos. No había nada más, así que fíjate". Llevar toda una vida delante del antiguo templo colchonero no le ha hecho aficionarse al fútbol, pero sí simpatizar con el equipo dirigido por el 'Cholo' Simeone. "Te instalas aquí, ves a tanta gente del Atlético, vas a tantos partidos... Al final, por fuerza, acabas siendo rojiblanca. Da mucha pena que lo tiren. Me entristece pensar en lo que ha perdido el barrio y jamás podrá volver a recuperar", concluye sentada en plena calle, muy cerca de donde se situaba el bar 'El Doblete', ya cerrado.

"El campo nuevo es muy bonito y uno de los más modernos de Europa [...], pero han dejado este barrio vacío, sin alma"

"Polvo, eso es lo más destacable que te puedo decir. La zona exterior del piso no se puede limpiar porque se ensucia enseguida. Parece que te vigilan desde el campo y en cuanto lo dejas todo niquelado, viene una máquina y te estropea de nuevo", declara abatido otro vecino de la zona. "Fastidia ver el campo así porque daba mucha vida a los alrededores. En cuestión de un año hemos pasado de celebrar victorias en Champions a oír excavadoras casi a todas horas. Perdemos color, lo que hagan ahora no va a ser tan especial", zanja apesadumbrado. "Lo malo es la construcción en sí, que es de hormigón. La contaminación acústica no es tan grave, es peor la suciedad que genera su demolición", indican algunos. "Nos salva que echan mucha agua por la calle y eso disminuye la polvareda, aunque hubiéramos preferido que lo tiraran de golpe en vez de prolongarlo 6 ó 7 meses", apuntan.

Imagen de uno de los exteriores del Vicente Calderón. (M. Sánchez)
Imagen de uno de los exteriores del Vicente Calderón. (M. Sánchez)

"Alguna noche están hasta casi las dos de la mañana, pero lo normal es que respeten las madrugadas y también las horas de la siesta. Hacen más ruido a media mañana y a partir de las 18:00h. En ese aspecto, y salvo excepciones, no podemos quejarnos". Como gran fan que es del Atlético, Carlos lamenta el traslado: "Entiendo que el campo nuevo es muy bonito y uno de los más modernos de Europa, pero se lo han llevado muy lejos de donde estaba y han dejado este barrio vacío, sin alma. Quizá con reformarlo hubiera sido suficiente, pero lo hecho, hecho está".

En la vieja caldera 'india' ya no rueda el balón, no se escuchan gritos en la grada, no hay órdenes desde el banquillo ni jugadores corriendo. Tampoco huele a césped recién regado ni existen sitios en los que acomodarse para presenciar 90 minutos de buen fútbol. No, de todo aquello ya solo queda un buen puñado de escombros y un estadio que ni siquiera lo parece. La consecuencia de que el Wanda Metropolitano rezume vida es que ya no la haya en el Vicente Calderón.

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