"Si os gustan los indios, idos a Bolivia"

Los tupinambá: la aldea indígena (junto a Maracaná) que resiste a la Copa América

La Aldea Maracaná no es un asentamiento cualquiera: se trata de un solemne edificio ocupado. Los tupinambá siguen resistiendo al negocio del deporte a pesar de las amenazas gubernamentales

Foto: Pancarta de resistencia colocada cerca del estadio Maracaná por la tribu tupinambá (Tomaz Silva/Agência Brasil)
Pancarta de resistencia colocada cerca del estadio Maracaná por la tribu tupinambá (Tomaz Silva/Agência Brasil)

Los indios tupinambás llegaron antes que nadie, dominaban la bahía de Guanabara, pero ahora, en el último recanto urbano que reclaman a la orilla del arrinconado río Maracanã, les amenazan con construir un aparcamiento o un centro comercial. Justo al lado se grita gol. Son testigos también de la historia del fútbol, junto al estadio más famoso del mundo.

La Aldea Maracanã no es el clásico asentamiento indígena que uno puede tener en la imaginación. Se trata de un solemne edificio ocupado, y su correspondiente parcela. La construcción, que data de mediados del siglo XIX, fue durante décadas sedes de la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) para más tarde convertirse en el Museo del Indio. En 2006, cuando las colecciones y exposiciones ya hacía tres décadas que se habían mudado al barrio de Botafogo, y el inmueble estaba abandonado, volvieron los indios y allí se quedaron. Fue tras un seminario indígena en la Universidad Estatal de Río de Janeiro (UERJ), también a pocos metros del estadio. Consideraron que era justo y necesario, y que no podía haber un punto geográfico más adecuado, por la memoria de sus antepasados.

Los tupinambá, antes de la llegada del hombre blanco, llamaron “Maracanã” a la zona, y al río, en honor a esa especie de aves, parecidas a papagayos, que imitaban sin cesar el sonido de unas maracas. La aldea principal en esa zona llevaba por nombre Jabebiracica, y contaba con subunidades a lo largo de los actuales barrios de Rio Comprido, Tijuca, São Cristóvão y Maracanã. La estratégica localización de la aldea Jabebiracica la convertía en fundamental, ya que “permitía amplio dominio del puerto y era el punto de partida para la exploración de las tierras del interior del continente”, relata el periodista y escritor Rafael Freitas da Silva en su obra “Rio antes do Rio” (Babilonia, 2015), un análisis enciclopédico del Río de Janeiro precolonial.

Productos artesanales característicos de los tupinambá de la zona. (Tomaz Silva/Agência Brasil)
Productos artesanales característicos de los tupinambá de la zona. (Tomaz Silva/Agência Brasil)

Amenazas gubernamentales

No es casualidad, por tanto, que el actual asentamiento, convertido en área de resistencia, esté situado allí mismo, y tenga por nombre Aldea Maracanã, en honor a los tiempos de gloria. El pasado les legitima. Las pocas familias que pernoctan allí hoy en día –tras desaolojos forzosos y regresos reivindicativos– trabajan sus artesanías, y organizan actividades educativas y sociopolíticas. Algunos de los eventos se han anunciado como parte de la Universidad Indígena, un viejo anhelo del movimiento. Su envidiable ubicación, a pocos pasos del Estadio Mário Filho (Maracanã), es lo que más visibilidad les ha dado y también lo que más disgustos les ha traído. La época ha sido propicia para grandes eventos, y cada torneo venía con una amenaza gubernamental bajo el brazo. La presión hizo que el grupo, que ya era pequeño –treinta, cuarenta personas–, se dividiera, negociando por separado.

Los Juegos Panamericanos los superaron sin mucho esfuerzo. La ilusión estaba intacta y habían pillado por sorpresa a propios y a extraños. Lo malo vino después, camino de la época mundialista y olímpica. El edificio, que pertenecía al Gobierno Federal, paso a manos del Gobierno estatal de Río de Janeiro, y el gobernador Sérgio Cabral actualmente en prisión, por corrupción– anunció sus nuevos planes para ese rincón de la ciudad. Ampliación del complejo deportivo para recibir las competiciones, inauguración de un parking con miles de plazas, levantamiento de un shopping center. Antes de la Copa Confederaciones de 2013, saltó todo por los aires: llegaron las órdenes de desalojo, la Policía Militar y el caos.

Algunas familias aceptaron pisos de protección oficial, con la promesa de que el espacio, una vez remodelado y transformado en lo que el Gobernador estimara oportuno, contara con algo parecido a un centro de memoria histórica. Las otras familias se saltaron los controles policiales y reocuparon el terreno de inmediato, para hacer la guerra desde dentro. Sentencias judiciales y directrices de la Defensoría Pública mantienen, por el momento, el hilo de esperanza de la aldea. Su objetivo es hacer respetar la cultura indígena también en lo que hoy son grandes ciudades, pero un día fueron una sucesión de poblados arraigados a una tierra que adoraban y que les nutría.

La Universidad Indígena acoge diferentes eventos y actividades (Tomaz Silva/Agência Brasil)
La Universidad Indígena acoge diferentes eventos y actividades (Tomaz Silva/Agência Brasil)

"Basura urbana"

La parte más radical de la población brasileña, la que apoya el maltrato a las aldeas y la desprotección de las reservas indígenas, hoy cuenta con representación política en las cámaras de diputados, en los tres niveles: municipal, estatal y federal. El Partido Social Liberal, de extrema derecha, comandado por el actual presidente, Jair Bolsonaro, multiplicó su presencia institucional en los últimos comicios. Uno de los líderes de la ultraderecha en Río de Janeiro es Rodrigo Amorim, diputado estatal más votado, que tiene a la Aldea Maracanã como una de sus obsesiones favoritas. Secundado por su compañero de partido Alexandre Knoploch, no han dudado en filmar vídeos en el terreno, invadiendo la propiedad, y amedrentando a los que allí viven, algunos de ellos extranjeros. “Basura urbana”, llamaron al espacio. Un lugar “sucio, proliferador de mosquito”, según ellos, que acoge a gente “que no produce”, indican en uno de sus vídeos. Así es la falta de conciencia social a la que tiene que hacer frente cada día la Aldea Maracanã: “Al que le gusten los indios, que se vaya a Bolivia, que además de ser comunista, tiene un indio presidente”, ha comentado Amorim.

Se disputará la final de la Copa América allí mismo, triunfarán o Brasil o Perú, el que tenga que triunfar, pero la lucha de los indígenas –los dos países finalistas son eminentemente indígenas–, y de todos los simpatizantes que apoyan su cultura, continuará caiga quien caiga. Hace cinco siglos fueron los navíos portugueses, y hoy es la vorágine de la gentrificación, el descontrol urbanístico y el racismo.

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