siempre estuvo al lado de josé antonio

Así es 'el Turro', el héroe anónimo que se jugó la vida por salvar a Reyes, su primo

Sobrino del Turronero, Reyes lo quería como a un hermano pequeño, le acompañó a todas sus aventuras futbolísticas (Londres, Madrid, Lisboa, China…) por su lealtad y el buen bajío que le daba

Foto: 'El Turro' y José Antonio Reyes. (Foto: @J.A.Reyes10)
'El Turro' y José Antonio Reyes. (Foto: @J.A.Reyes10)

El sábado 1 de junio no lo van a olvidar tres familias de Utrera. El clan de los Reyes, cuya cabeza visible, el mítico futbolista José Antonio Reyes Calderón, falleció ese día en accidente de tráfico junto a su primo Jonathan Reyes. El otro acompañante, Juan Manuel Calderón González, también primo del futbolista, que iba de copiloto, salió milagrosamente despedido del coche que se encendió como una gigantesca bola de fuego. Traspuesto por el golpe y las magulladuras, Juan Manuel, 'el Turro', o 'Manolito', se lanzó sin pensarlo dos veces a salvar a su gente. Tarea imposible. En su intento, el joven se quemó el 60% del cuerpo. Este héroe anónimo ahora lucha a 'corazón partío' por su vida en la UCI de la Unidad de Grandes Quemados del hospital Virgen del Rocío de Sevilla.

Juan Manuel (22 años) sentía veneración por José Antonio Reyes, al que acompañaba a todos los sitios desde que tenía 14 años. Era como su hermano mayor, lo admiraba como si fuera John Lennon o Gandhi y anteponía su lealtad por encima de todas las cosas. Juanma, sobrino-nieto de El Turronero, el mítico cantaor de Utrera fallecido hace casi tres lustros, también cantiñeaba, al igual que su madre, María del Mar, para deleite de sus amigos y sus hermanas pequeñas. Tímido de pata dura, su gente asegura que, una vez salvadas las barreras, Juanma es un tipo divertido y bonachón, que se arranca por bulerías a las primeras de cambio y se arremanga para echar una mano en lo que fuera menester, un guiso, un fregado o empujar cualquier carro. Siempre estaba ahí, leal, discreto y fiel, como un gurka, y por eso su primo, varios años mayor, lo quería y apreciaba. Por eso reclamó su compañía a todos los lugares que su talentoso fútbol le permitió visitar: Londres, Madrid, Lisboa, Córdoba, China y Almendralejo.

Reyes quería que Juanma, o Turro o, simplemente, Manolito, siempre estuviera a su lado, por el buen bajío que le daba el zagalón. No le acompañó a Barcelona (cuando fichó por el Espanyol), porque se quedó al cargo de 'Los 100 montaditos', un local que el malogrado futbolista abrió en Utrera. En Barcelona no le fue todo lo bien que Jose hubiera querido y por eso le dijo: “Tú, conmigo”, exigió Reyes. Y con él se marchó Juanma. Hasta el momento.

Ahora, en la planta 1ª, la UCI del Virgen del Rocío, en el rincón de Grandes Quemados, Juanma lucha con denuedo por su vida, con su corazón gigante y sus maneras de oso entrañable, un tipo que, al decir de sus amigos, despedía arrobas de buena energía, y siempre tenía un gesto de buena sangre con el que más lo necesitaba. “Nunca le hemos visto metido en ninguna pelea, siempre poniendo buena cara”, dice uno de sus amigos. “Le tendrían que arrancar la lengua el que pretendiese sacarle un secreto”, asegura otro familiar. Tampoco iba por ahí de “primo de Reyes, siempre ha sido muy cercano y humilde. Y eso sí, muy sevillista”, nos dice otro amigo. Todos se encuentran muy afectados por la tragedia y miran con puños apretados en dirección al hospital, donde yace Juanma.

Preocupación de Henry, Fábregas, Vitolo…

Todo debe ser cierto, porque el wassapp de María del Mar, su madre, no deja de recibir mensajes de amigos y antiguos compañeros de Reyes, preocupados por la salud de un chaval de espaldas anchas y sonrisa discreta. Muchos compañeros de risas y veladas de cortinas echadas y vestuarios con risas, como Thierry Henry, Lauren, Cesc Fábregas, Koke, Vicente Iborra, Capel, Vitolo… Todos tienen presente a este héroe casi anónimo, que ahora lucha a brazo partido para seguir respirando Utrera.

“Mi hijo siempre fue un niño muy especial”, asegura María del Mar, su madre. En el colegio, me decía su maestra que era el primero en ayudar a los que lloraban y se caían. Ahí estaba él”. “Quería a Jose (Reyes) como a un hermano mayor. Y lo respetaba a muerte”. María del Mar Calderón y Juan Antonio González, velan día y noche (visitas a UCI solo a las ocho de la mañana y siete de la tarde; el resto, consumiendo horas en la sala de espera) para que Juanma, el Turro o Manolito, sienta la energía familiar que necesita. De cuando en cuando, María del Mar, la sobrina de El Turronero, le cantiñea casi como un susurro la canción de Antonio Orozco que compartía en bucle con su hijo como una llave invisible: “Estoy hecho de pedacitos de ti…”, María del Mar me jura que cuando se la canta al oído, “el niño me regala una sonrisa”.

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