compra el club e impone disciplina férrea

El odio de Berlusconi al futbolista moderno: las normas del Monza 1912

Silvio Berlusconi regresa al fútbol y compra el Monza 1912 para llevar su ideales al club: sólo habrá jugadores italianos, no llevarán barba y tendrán que ser un ejemplo de conducta

Foto: Silvio Berlusconi durante una comparecencia en una convención de Milán. (Efe)
Silvio Berlusconi durante una comparecencia en una convención de Milán. (Efe)

A sus 82 años renace de sus propias cenizas. Silvio Berlusconi es noticia en Italia y en el mundo del fútbol por la compra de un club de fútbol de la Serie C -tercera división- que va a moldear a su imagen y semejanza de ideales y valores morales, sociales, políticos y deportivos. El grupo Fininvest, del que es presidente, ha adquirido la Sociedad Deportiva Monza 1912 por una cantidad de 3 millones de euros. Un club de la zona de Lombardía, en el norte de Italia, que cobra relevancia y visibilidad por el nuevo propietario, pero en especial por las normas que se tienen que regir los futbolistas.

El político y empresario radicaliza su postura con unas reglas que declaran el odio al futbolista moderno. Messi, Cristiano Ronaldo, Neymar o Griezmann nunca entrarían en los parámetros del líder de Forza Italia y apasionado del fútbol. Los vería como una especie vulgar por su vestimenta, forma de comportamiento dentro y fuera del campo y el ‘look’ de sus pelos. Berlusconi, el que fue presidente del Milan durante 31 años, regresa al fútbol para recuperar ese prototipo de jugador con el que se identifica y convivió cuando llegó a este deporte en 1986.


Los integrantes de la plantilla tendrán un único patrón: ser ejemplares en su vestimenta, imagen y conducta. Recuperar la escuela vieja de la disciplina para huir de las frivolidades y excentricidades. Para jugar en el Monza 1912 tienes que cumplir un primer requisito: ser italiano y joven. A partir de aquí, Berlusconi se muestra tajante e inflexible. Los futbolista tendrán peluquero gratis para lucir un peinado clásico, no podrán llevar barba ni tatuajes y su uniforme o vestimenta tendrá un corte sobrio. “Tiene que ser una plantilla ejemplar y de italianos y dirigirse a los árbitros como caballeros”, afirma el ex Cavaliere. Una vuelta al pasado y a la disciplina férrea que exige hasta que las firmas a los aficionados no sean garabatos y sí legibles.

Casos de corrupción

Silvio Berlusconi regresa al fútbol con la compra del Monza 1912 después de una larguísima y exitosa trayectoria en el Milan (1986-2017) que finalizó con la venta del club rossonero por 740 millones de euros más una deuda de 220 millones al grupo inversor chino Rossoneri Sport Investment Lux presidido por Li Yonghong. Empezó una nueva etapa para el empresario que se convirtió en político y llegó a ser primer ministro de Italia. Casos de corrupción provocaron su caída bajo la lupa del Tribunal de Vigilancia de Milan para que más tarde el Tribunal Supremo le condenara con cuatro años de prisión y cinco de inhabilitación para ejercer un cargo público. Por su edad y una ley de indultos no entró en la cárcel, se redujo su condena y en 2019 podrá volver a la vida política.

El invencible Silvio Berlusconi no se da por vencido ni en la política ni en el fútbol. Se convierte en el propietario de la Sociedad Sportiva Monza 1912 y su mano derecha Adriano Galliani ejercerá de presidente. Desembarca en un club que estuvo en primera división -Serie A- en los años 70, que pasó dificultades económicas hasta llegar a la quiebra y que ahora busca reflotar.

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