Así fue el linchamiento de un (ejecutivo) español en Maracaná: "Ya no sentía dolor"
  1. Deportes
  2. Fútbol
durante la final de la Copa Sudamericana

Así fue el linchamiento de un (ejecutivo) español en Maracaná: "Ya no sentía dolor"

Un ejecutivo español afincado en Río de Janeiro relata en primera persona el infierno que vivió al ser confundido con un aficionado argentino durante la final de la Copa Sudamericana

Foto: Aficionados de Flamengo en Maracaná durante la final de la Copa Sudamericana. (EFE)
Aficionados de Flamengo en Maracaná durante la final de la Copa Sudamericana. (EFE)

J. N. son las iniciales de un ejecutivo español afincado en Río de Janeiro. No quiere desvelar su identidad después del suceso que vivió esta semana y que relata en el diario brasileño 'extra.globo.com'. En primera persona, narra lo que le pasó el pasado jueves en Maracaná. Se disputaba el partido de vuelta de la final de la Copa Sudamericana entre el Flamengo de Vinicius Junior y el Independiente. Tras el 1-1 final, se llevó el título el equipo argentino, que hizo bueno el 2-1 registrado en el partido de ida. Pero eso es lo de menos para el protagonista de esta historia, que vivió un infierno, un linchamiento en toda regla, por ser confundido con un hincha de nacionalidad argentina.

El anónimo aficionado al fútbol, trabajador en un banco español, viviendo en Río de Janeiro desde hace más de un año, comienza el relato por la invitación que recibió de un amigo para presenciar en Maracaná un partido de máximo interés, tambien de superlativa intensidad al tratarse de un club brasileño y otro argentino. La rivalidad futbolística es máxima entre los dos países de toda la vida. Diferentes vídeos recogieron múltiples incidentes entre ambas aficiones. Un amigo tenía una entrada de sobra y se la ofreció al trabajador, que recalca que "como soy ciudadano español, nacido en México, no podía despreciar la invitación y desperdiciar la gran oportunidad de vivir una experiencia histórica".

"¿Eres argentino?"

Reconoce el protagonista de la historia que se disponía a vivir "una experiencia única en el estadio más grande de América". Emocionado, explica, se dirigió a su domicilio para cambiar el traje por unas bermudas, camiseta y zapatillas, con el fin de pasar más inadvertido entre el gentío. Se desplazó en el Metro, donde conoció a una familia que también se dirigía a Maracaná, con la que entabló conversación. En el estadio había quedado con su amigo, pero cuando ya estaba en las inmediaciones, comenzó la pesadilla.

No eran las ocho de la tarde cuando se topó con un hombre que bebía una lata de cerveza. Ahí empezó todo. "Me apuntó y me preguntó si yo era argentino, negando este extremo". El español siguió su camino, pero el hombre no se quedó conforme e insistió. Aceleraba el paso, pero el acompañante no se separaba de él, preguntándole una y otra vez si era argentino, "con la mirada fija y tono amenazador". Asegura que en "portunhol" le contestó de nuevo, añadiendo que "yo apoyo a los brasileños, me encanta el fútbol".

Golpes y patadas

"Su acento le delata", le espetó el hombre, propinándole a continuación una patada. "Seguí intentando seguir adelante, ignorando lo que había sucedido con aquel aficionado borracho, pero él quería pelear y sólo conseguí dar algunos pasos más adelante", explica. Lo peor estaba por llegar. A continuación, según la exposición del español, "fui parado por un grupo de seis hinchas, que me rodeó, haciéndome todos la misma pregunta, también tocándome la espalda" en plan amenazante. Todos insistían: "¿Eres argentino?".

"En ese momento, saqué del bolsillo mi tarjeta de identidad brasileña como extranjero, mostrando que era 'ESPAÑOL', no argentino", sigue diciendo, "tratando de explicar que vivo en Brasil y sólo quería cumplir un sueño como el de cualquier apasionado de fútbol. Pero ellos, sin embargo, que ya eran más de seis, no dejaban de darme patadas y más patadas, golpes y empujones". En ese momento se dio cuenta de que le estaban registrando buscando objetos de valor. "Yo no tenía mucho encima, pero intenté salvaguardar la cartera, donde guardo todos los documentos. Sentí entonces que me habían robado mi celular, mientras los golpes y las patadas en la espalda no cesaban".

Minutos que parecieron horas

"El linchamiento era cada vez más fuerte", recuerda con angustia, y fue cuando peor lo estaba pasando cuando "vi acercarse a un hombre alto, rubio y con barba, que empezó a ayudarme. No sabría repetir las palabras, pero él intentaba decirle al grupo que yo no era argentino, que vivía en Brasil y que me dejaran marchar". Sin embargo, los agresores sigueron dándole patadas al aficionado español, aunque poco a poco menos violentas. "Tal vez en ese momento ya se habían dado cuenta de que yo no era un argentino", significa, aunque "aquellos minutos parecieron horas, fueron eternos".

Y de repente, cambió el guion: "Uno de ellos se me acercó y me dijo: 'Ven conmigo, que yo soy policía (de paisano), acompáñame a una calle cercana...'. "Soy extranjero, pero no soy burro", narra que respondió al ofrecimiento, añadiendo que "en un acto de coraje, respondí: 'Si me va a golpear, hazlo ya y delante de todo el mundo, no en una calle escondida...'. Cuando le estaban quitando la cartera, llegaron unos cuantos policías, "probablemente alertados por aquel hombre rubio que intentó ayudarme anteriormente".

"Llegué a creer que el escenario podría empeorar, aunque los policías consiguieron apartar a los agresores, que habían enloquecido. Uno de los policías me preguntó en qué sector del estadio iba a estar", sigue exponiendo, pero recuerda que "en un segundo, el grupo de los agresores resurgió en mayor número. Los policías, entonces, sacaron sus porras para dispersarlos", cosa que sucedió finalmente para alegría del anónimo aficionado.

Petardos

"Rescatado, libre de los agresores, fui preguntado una vez más, esta vez por la Policía: ''¿Eres argentino?'. Y yo volví a responder que no", recalca, manifestando a los efectivos policiales que "sólo quería ir hasta la puerta frente a la estación del Metro para encontrarme con mi amigo, ya que me habían robado mi celular y no podía llamarle". Pero la Policía le desaconsejó que lo hicuiera solo. "Si usted se desplaza hasta ese lugar, usted muere", ese fue el mensaje que le transmitieron. "Me vi en un callejón sin salida, sin teléfono para comunicarme con mi amigo, sin dinero y en tierra de nadie", resalta.

Pero la película de terror no había terminado. Mientras hablaba con la Policía, "un petardo estalló a mi lado, dejándome marcas en la parte delantera de las piernas". "Pero ya no sentía dolor y sólo quería salir de aquel infierno", resume para reflejar su angustia. A continuación llegó al lugar otro grupo de policías, acompañados de dos hombres argentinos que "habían sido rescatados y tenían las camisas rasgadas. No había dudas: el escenario era de guerra".

Feliz con las 'barras bravas'

Uno de los policias escoltó a los tres seguidores hacia el estadio y el español afirma que "hay que resaltar su valentía, pues también estaba siendo amenazado, con gente apuntándole con latas de cerveza. Estaba arriesgando su vida por personas que no conocía, y muy probablemente no tendremos la oportunidad de agradecéselo". Finalmente, el protagonista de esta historia llegó al sector de Maracaná destinado a la hinchada de Independiente. "Nunca pensé que tendría tranquilidad al encontrarme en medio de 'barras bravas' argentinas", destaca.

Terminado el partido, cogió un taxi, "pudiendo sentir los dolores por las patadas, los golpes y los petardos". Y deja claro que "sé que hay locos a la hora de amar a sus clubes, pero luego fanaticos, malintencionados, que creen hacer el bien a sus clubes destruyendo al que está enfrente. Las agresiones que sufrí no fueron de un grupo de fanáticos, sino de bandas organizadas". "Pero no se puede culpar a toda una hinchada de un club por la conducta de una minoría que afecta a familias, mujeres y niños". Y deja claro que "por supuesto que volveré a Maracaná, pero acompañado de amigos brasileños". "Aprendí que no puedo cometer el 'pecado' de ser reconocido como extranjero en una ciudad que, paradójicamente, vive del turismo", reflexiona para acabar su tremendo relato.

Vinicius Junior Brasil
El redactor recomienda