El sueño de un empresario nipón en las 24H

"Hay que liarla parda": Roberto Merhi y el sueño de un sexagenario japonés en Le Mans

Nobuya Yamanaka tenía el sueño de correr en Le Mans sin haber sido nunca antes piloto. El español Roberto Merhi fue su aliado para hacerlo realidad en las pasadas 24 Horas de Le Mans

Foto: Roberto Merhi, con Nobuya Yamanaka y Nick Foster en las pasadas 24 Horas de Le Mans
Roberto Merhi, con Nobuya Yamanaka y Nick Foster en las pasadas 24 Horas de Le Mans

Con todo logrado en la vida, hay quien piensa en subir al Everest o comprarse un velero y dar la vuelta al mundo como gran sueño de su vida. Pero pocos aspiran a competir en las 24 Horas de Le Mans pasados los cincuenta y sin experiencia previa en las carreras. Era el caso del empresario japonés Nobuya Yamanaka, quien de socio y lazarillo elegía al piloto español Roberto Merhi. Esta es la historia de cómo empezó y terminó ese sueño.

"Vamos a liarla parda". El gracioso tuit en inglés del equipo Eurasia recogía la frase del español antes de salir a su relevo de carrera. El ex piloto de Fórmula 1 recibió un día una llamada sorprendente: “Vente a correr a Asia”. Roberto Merhi cogió su casco para iniciar una aventura casi delirante. ¿Cómo se va a meter un empresario de 60 años en las 24 Horas de Le Mans, la madre de todas las carreras? En un trazado donde se superan en cinco ocasiones los 300 km/h y con un tope cercano a los 350. “Es que le echa unos huevos la gente esta…”, comenta Merhi a El Confidencial reflexionando sobre la experiencia, todavía con llagas en la espalda y recuperándose de la paliza de conducción nocturna que se metió entre pecho y espalda en las pasadas 24 Horas.

Sin la menor experiencia

"Es una persona muy educada, trabajar con él es un placer. Su objetivo era acabar, tenía una ilusión tremenda" explica el castellonense. Pelo blanco, educado, alto para la media japonesa, 'Nobu' Yamanaka es un empresario de 60 años dedicado al mundo del automóvil, con intereses en Australia y Nueva Zelanda. Amante de los coches y admirador de las 24 Horas, siempre quiso competir en la carrera francesa. Hace aproximadamente tres años tomó la decisión. “Obviamente es una persona mayor, que no ha competido de joven, y tampoco podía entrenar por su trabajo. Era complicado para él”, explica Merhi. Yamanaka buscó el consejo y guía de Hiroshi Fushida, una leyenda japonesa del automovilismo y con experiencia en Le Mans. Empezó con un prototipo LMP3 varias carreras en Asia. Buscaron una estructura para competir en el Asian Le Mans Series, bajo los auspicios de los organizadores de la carrera francesa. Con un rendimiento digno, las 24 Horas valorarían su inscripción. En un equipo de tres pilotos, entró en juego Roberto Merhi. Casi ganan juntos su primera carrera en Asia. Las 24 Horas de Le Mans aceptaron la participación del equipo.

Para Merhi se trataba de volver a Le Mans tras su primera experiencia en 2016. Terminar era ganar con alguien veterano y totalmente amateur para una prueba tan singular. Corrían con un Ligier de la categoría LMP2, la segunda división de Le Mans. Aunque no se tratara del chasis más competitivo, rinde prestaciones elevadísimas y 350 km de máxima velocidad. Además, que el coronavirus retrasara la carrera a septiembre imponía doce horas de conducción nocturna. Yamanaka no se atrevía con la noche por lo que a Merhi, el piloto más rápido, le tocaba lidiar con la oscuridad.

Yamanaka quería tomar la salida, y llevar el coche a la meta si sobrevivían. “Le vi un poco nervioso antes de la salida, lo que era normal. El primer relevo lo hizo bien, pero en el segundo ya hizo un trompo y me tocó subir al coche antes de hora. Le Mans es muy duro, hay que estar superconcentrado, porque siempre adelantas coches o te adelantan a ti. No te puedes despistar, en ningún momento, y cuando te cansas puede ser muy peligroso” cuenta el piloto español. Yamanaka se salió por segunda vez de la pista por la tarde, pero pudo seguir en carrera. "Me sorprendió que en la primera tanda hizo un buen tiempo, pero luego ya no pasaba de una barrera, creo que por varios motivos. Quizás cometía errores que le hacían perder la confianza. Físicamente, quizás perdiera reflejos y fuerza según pasaban las vueltas. Y obviamente, estaba acostumbrado a aguantar cierta cantidad de fuerzas 'g', pero a partir de cierto nivel ya no podía soportarlas. Hay que pensar que es una persona que ha empezado muy tarde en esto…”.

La paliza nocturna

¿Y eso de 'liarla parda'? "Se lo dije de broma a la jefa de prensa, que es española y lo entendía. Era una forma de animarnos y intentar rodar tan rápido como los chasis de Oreca, los mejores, porque muchas opciones no teníamos con el Ligier. Si el objetivo solo era acabar, se trataba de animarnos a nosotros mismos". Efectivamente, el equipo Eurasia llegó vivo a la noche de Le Mans. Entre Foster y Merhi tenían que repartirse casi doce horas al volante. Pero el grueso de la conducción nocturna iba a recaer sobre el español. “Nick Foster me ayudó bastante, pero fui el piloto que menos pude descansar entre tandas. Mi problema fue que prácticamente no pude dormir casi nada”. En Le Mans, y por seguridad, un piloto no puede pilotar más de cuatro horas en un plazo de seis. Merhi completó el máximo en cada segmento, y sin coches de seguridad que permitieran relajarse. “A Nick le cayó uno, y se tiró tres vueltas cantando”. Para despejarse, claro.

“Dos veces me dijeron que alargara mis relevos. Solo pude dormir quince minutos en toda la noche. Encima, el asiento que hicimos sobre la marcha en carrera era nuevo, y me hacía llagas en la espalda", recuerda Merhi. "Cuando subí al coche otra vez a las cuatro de la mañana se me acumularon las cosas: la goma no tenía temperatura y me costaba, estaba tocado físicamente, y encima quería ir al baño. En mi vida me hecho pis encima como otros pilotos, y no estaba dispuesto a hacérmelo ahora. Fue entonces la primera vez que noté en un coche de carreras que no estaba para ir al cien por cien. Ahí se hizo duro el tema. Aunque debía esperar al día para que volviera Nobu al coche, porque por la noche él no quería pilotar”. Merhi se bajaba en el relevo final demacrado y agotado. “Nunca en mi vida he estado tan cansado”. Fueron casi nueve horas en total al volante. Pero habían superado la noche, el principal escollo. Se trataba ahora de que Yamakata aguantara sin problemas la parte final de la prueba, donde tantos errores se producían por el cansancio. Lo consiguió.

Los abrazos de un japonés

También, a costa de una paliza impresionante del equipo. “La mayoría de los mecánicos eran filipinos, llevaban dos semanas en Europa por el coronavirus. A mí me ha flipado este equipo. La gente ha aguantado, lo han hecho todo increíblemente bien, con mucha energía para la paliza que se han pegado. Se lo tomaban como si lucharan por la victoria. El ingeniero jefe no ha descansado ni un momento, concentrado en todo. Encima, este año han tenido que trabajar sin descanso desde el jueves. Durmieron un día tres horas y media, el viernes no durmieron y el resto han estado despiertos y trabajando. Es una barbaridad lo que han hecho, han dormido tres horas en casi cuatro días”, explica admirado el castellonense.

"Al final, no sabía que podía estar tan contento por simplemente terminar la carrera. Con el coche que teníamos no podíamos hacer nada más, además con Nobu no podíamos aspirar más que a acabar", reflexiona Merhi al final de la aventura. "Lo hemos hecho bien, sin problemas graves salvo algún trompo de 'Nobu'. Y no fuimos los últimos en LMP2, teníamos varios coches detrás" ¿Y cómo vivió 'Nobu' hacer realidad su sueño? "Estaba emocionado. Los japoneses se saludan sin tocarse, y nos daba abrazos, notabas que te abrazaba con mucha alegría. Su mujer, que no se había acercado a nadie por el tema del coronavirus, igual. Fue muy especial. A mí me daría miedo con las velocidades que vamos, cómo se ha metido 'Nobu' en semejante sitio, con tantos coches a 300 km/h. Es que le echa unos huevos la gente esta…"

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