LA EXPERIENCIA DE 2017 Y 2019 EN INDIANÁPOLIS

"Los tienes muy grandes": el cielo e infierno de Fernando Alonso en las 500 Millas

De tener la victoria en la punta de los dedos al infierno de 2019, la aventura de Alonso en las 500 Millas ha deparado algunas de las experiencias más intensas de su carrera

Foto: Fernando Alonso, durante la clasificación en Indianápolis de 2019. (IndyCar)
Fernando Alonso, durante la clasificación en Indianápolis de 2019. (IndyCar)

“Los tienes así de grandes, Fernando”. Durante el GP de España de 2017 un periodista le reconocía al piloto español el valor por pasar directamente y en menos de un mes de la Fórmula 1 al universo desconocido de los óvalos y las 500 Millas, tan temido por otros grandes del automovilismo. Frustrado por su experiencia con McLaren y Honda, Fernando Alonso necesitaba nuevos estímulos. Aquel desafío cambiaría su vida para siempre, y determinó sus años posteriores en las carreras.

Primera sesión de Alonso en Indianápolis, y primer contacto con un óvalo. “Estaba convencido de que iba a fondo, pero el pie no iba a fondo, tenía su propia vida. Mi cerebro no estaba conectado al pie. A la tercera vuelta ya pude hacerlo, pero en la primera fue una magnífica sensación, la de sentir el respeto del lugar, del coche, de la velocidad, para un piloto de carreras eso es pura adrenalina". Las 500 Millas han deparado a Fernando Alonso algunas de las sensaciones y experiencias más intensas de su trayectoria personal. La inmersión en un universo tan remoto le abrió la mente a nuevos retos. Pero también le montó en una trepidante montaña rusa que le elevó al cielo y bajado al infierno.

Alonso optaba al triunfo en 2017 hasta los compases finales de la prueba. (EFE)
Alonso optaba al triunfo en 2017 hasta los compases finales de la prueba. (EFE)

Todos los mecánicos en el coche

Alonso pasó con nota el Rookie Orientation Program de aquel 4 de mayo de 2017. Incluso se llevó por delante dos pájaros. En el equipo Andretti bromeaban que en más de una ocasión se había atropellado algún ave en la pista, pero nunca dos a la vez. “Vi uno en la curva tres en la penúltima tanda, levanté el pie y lo evité. Aunque posiblemente no haría eso en la carrera, salvé una vida. Pero no logré salvar a los otros dos, no los vi”. Ganadores de la prueba como Mario Andretti o Dario Franchitti quedaron impresionados por aquel primer contacto. “Estar a ese nivel, y por lo que he visto, tiene un control emocional tremendo y una tremenda sensibilidad para un coche de carreras, es un factor que le servirá bien”, avanzaba el escocés.

Llegaron las primeras tandas libres en ese largo periodo que son las 500 Millas durante casi todo mayo. Nadie habría reconocido en él a un debutante. En los libres previos al ‘shootout’, fue incluso el más rápido con vuelta sin rebufo. Pero apareció un humo sospechoso en su propulsor antes de los clasificatorios. El equipo tenía dos horas y media para cambiar el motor. Los mecánicos de los seis coches de Andretti Autosport trabajaron para lograrlo, Alonso entró en el Fast Nine (los nueve pilotos que se jugaban la pole al día siguiente) en su primera participación. Se clasificó quinto para la carrera. No en vano, había pasado el último mes respirando en cuerpo y alma el desafío, con simulación, estudio de vídeos, y absorbiendo todos los consejos que puso a prueba en la primera semana de entrenamientos. Pero es en la prueba en sí donde de verdad se aprende qué son las 500 Millas.

A menos de 30 vueltas, el motor de Alonso impidió que luchara por el triunfo en la recta final. (EFE)
A menos de 30 vueltas, el motor de Alonso impidió que luchara por el triunfo en la recta final. (EFE)

"Los adelantaré a todos"

Empezó la prueba . Los expilotos Eddie Cheever y Scott Goodyear comentaban para la cadena americana ABC. Desde las primeras vueltas, hablaban de Alonso con gran admiración. Uno había ganado en el pasado y el otro había terminado segundo en dos ocasiones. Tras la prudencia inicial, Alonso desplegaba una sorprendente seguridad para manejarse en el tráfico. No habían transcurrido 20 vueltas y ya era primero. "Vi la torre cuando pasé una vez en cabeza, vi el 29 arriba del todo, y pensaba si Zak o alguien del equipo tomaría una foto de esa torre, porque la quiero en casa”, diría después.

Faltaban menos de 30 vueltas para terminar. La criba se había llevado a cabo. Quedaban los favoritos. Alonso entre ellos. Michael Andretti le indicó por la radio qué pilotos iban por delante. “¿Quieres que te diga sus números?”, le preguntó el jefe. "No hace falta. Los adelantaré a todos", contestó con voz tranquila el piloto. Al poco tiempo, su motor explotó. Luis García Abad, mánager de Fernando Alonso, estaba detrás del escenario de la rueda de prensa mientras hablaba el piloto español. Le pasó un 'brick' de leche y brindó hacia los periodistas presentes. “Sé que no he ganado, pero me encanta la leche. Volveré”.

McLaren afrontó en 2019 el proyecto de las 500 Millas en solitario y sin la suficiente preparación. (EFE)
McLaren afrontó en 2019 el proyecto de las 500 Millas en solitario y sin la suficiente preparación. (EFE)

Buscando un volante para el test

20 de mayo de 2019. Alonso venía de encadenar la victoria en Le Mans, Daytona y Sebring, pero estaba subido al 'the bubble' (la burbuja), como el argot define esa posición propia de debutantes o los más lentos en Indianápolis, y a los que la carrera da una última oportunidad para entrar en ella. Ese piloto invencible de sus últimos desafíos venía a por la Triple Corona. El desastre del proyecto de McLaren saltó por los aires y dejó al aire sus vergüenzas. Zak Brown y Gil de Ferrán buscaron esta vez un equipo independiente. Con Chevrolet y sin Honda. Restos del pasado. Crearon una estructura que mostró sus carencias desde el primer contacto con la pista.

Alonso había rodado por primera vez en el Texas Motor Speedway el 9 de abril. Una avería sin respuesta avanzaba augurios que se cumplirían uno tras otro. Luego se sabría que incluso el propio Zak Brown había tenido que buscar un volante para aquel primer test. Ya en la semana de entrenamientos de las 500 Millas, ni siquiera podía salir de boxes por otra avería en la sesión de novatos y ‘refreshers’. Media hora perdida para un equipo con un solo monoplaza. Así, todo. Técnica y literalmente, el equipo partía de cero.

En contra de lo esperado, el rechazo de Honda ha vuelto a reunir a McLaren con Alonso. (Arrow McLaren)
En contra de lo esperado, el rechazo de Honda ha vuelto a reunir a McLaren con Alonso. (Arrow McLaren)

Las chispas y el pinchazo

Segundo día de entrenamientos, segunda sesión. Alonso necesitaba recuperar el tiempo perdido. Pero por primera vez acabó contra el muro cuando su coche se fue de morros. El equipo no acertaba con el ‘dialing, la puesta a punto. El coche quedó destrozado. En 2017, no había sufrido el mínimo incidente. El esperpento alcanzó tintes dramáticos. El jueves, Alonso se ponía el mono a las 11 de la mañana para salir a la pista. Se lo tuvo que quitar. McLaren perdió toda la jornada. Ese chasis principal cuidadosamente montado en Woking durante meses quedó inutilizado y debía ser sustituido para montar otra unidad y con un nuevo motor. Luego se supo la realidad: la segunda unidad no había sido bien pintada con el papaya corporativo. Cuando se produjo el golpe de Alonso, el coche de repuesto estaba todavía en el taller de pintura, a media hora del circuito.

Con aquel muleto, Alonso era un simple pasajero en los últimos entrenamientos clasificatorios. Al poco de salir a pista en los libres previos, se vio algo increíble en los óvalos: el McLaren de Alonso echaba chispas al tocar en el suelo. Los mecánicos habían confundido la conversión entre pulgadas y centímetros. También sufrió un pinchazo. Al parecer, se habían adquirido sensores equivocados. El infierno no había terminado. Desesperados, Brown y De Ferran McLaren acudieron a Penske y Andretti para lograr amortiguadores y otro esquema de reglajes. Pasando por caja, según los rumores.

"No podríamos haberle pedido más"

Llegó el Last Row Shootout del domingo, donde Alonso se jugaba el pase a la carrera. El equipo había cambiado radicalmente la puesta a punto, y Alonso salía a la pista con un coche totalmente desconocido. Su lenguaje corporal delataba ansiedad y tensión antes subir al monoplaza. “Decidimos hacer un experimento por la noche, cambiamos todo en el coche porque pensábamos que necesitábamos algo diferente, para ir a la carrera con algo de confianza”, explicaba Brown. “Aunque no sabíamos lo que el coche haría en la curva 1, porque aun así se va a fondo. Así que lo intentamos”. El piloto tenía la última palabra. "Gil y yo fuimos al motorhombre y le dijimos a Fernando, 'vamos a intentar esto, pero podría ir realmente mal. ¿Te sientes cómodo?'. Y Fernando dijo: 'Vamos a por ello", contaba el propio Brown que fue la respuesta de Alonso. Era un salto al vacío. El español pasó a fondo en la primera curva, en el primer intento. La telemetría no engañaba. Pero el equipo también se había equivocado con las relaciones de cambio. Fernando Alonso y McLaren se quedaron fuera de las 500 Millas.

“Quiero agradecer a Fernando por su tremendo esfuerzo”, se disculpaba Gil de Ferrán con el piloto delante en la rueda de prensa posterior al doloroso fracaso, recordando también cómo se la había jugado Alonso en ese intento final. “No podríamos haberle pedido nada más, pilotaste como el campeón que realmente es. Simplemente no le dimos un coche lo suficientemente rápido. El piloto que hay en mí, el luchador que hay en mí, quiere volver. Quiero empezar desde mañana, y quiero enfrentar este desafío de cara”. Hoy, Gil de Ferrán y Fernando Alonso afrontan juntos de nuevo las 500 Millas de Indianápolis.

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