REMEDIOS CASEROS PARA GANAR CARRERAS

Cuando Flavio Briatore tiraba de ristras de ajos y curanderos para volver a ganar

En otra nueva entrega sobre su trayectoria deportiva y personal, Joan Villadelprat recuerda sus tiempos en Benetton junto a la singular personalidad del inefable Flavio Briatore

Foto: Joan Villadelprat, con Michael Schumacher en los tiempos de Benetton (Joan Villadelprat)
Joan Villadelprat, con Michael Schumacher en los tiempos de Benetton (Joan Villadelprat)

“Lo divertido también era escucharle hablar por la radio…. Había terminado la sesión y Flavio estaba con la televisión delante, y seguía hablando, pero estaba todo el equipo ya sin la radio. El piloto había salido del coche, aunque él hablaba como dando órdenes, con la radio ya desconectada. Y todo el mundo en el equipo mirándole y preguntándose, '¿con quién coño habla Flavio?' Pero estas cosas eran así. Así era Flavio, le importaban una mierda los coches. Le importaba ganar. Y en conseguir todo lo necesario para ello era un fuera de serie”.

Joan Villadelprat comparte un día más parte de su inmenso historial profesional, repleto de anécdotas entre bastidores a cada cual más jugosa. Tras su paso por McLaren, Ferrari y Tyrrell, fichó por Benetton, equipo que rompió el ‘statu quo’ de la Fórmula 1 con un carismático y singular Flavio Briatore al frente. Villadelprat jugó un papel fundamental desde su responsabilidad en el equipo, con el italiano como punta de lanza para convertir a Benetton en un equipo ganador. Sí, incluso con ristras de ajos y el famoso curandero italiano...

"No le gustaban los coches"

En próximas entregas, Villadelprat compartirá con los lectores de El Confidencial la historia oculta de aquel famoso 1994 en el que Michael Schumacher y Ayrton Senna luchaban por el título, pugna prematuramente frustrada por el fallecimiento del brasileño. Antes, para entender la eclosión de un equipo que rompió moldes, había que conocer la personalidad del propio Briatore. “Hay una cosa que la gente tiene que entender de él. Pueden pensar que era un gran ingeniero, un gran manager de Fórmula 1... pero a Flavio ni le gustaban los coches ni le han gustado nunca. Hacían demasiado ruido, le molestaban. Pero era un gran vendedor, le gustaba el folclore, la prensa… Flavio llegó a ser más popular que el mismo primer ministro de Italia”.

Villadelprat llegó a Benetton con la mayor responsabilidad de su carrera hasta el momento. “Al margen del papel de Flavio, el resto de la empresa la llevaba básicamente yo. Ross Brown dirigía la parte técnica, pero en mi caso tenía el poder económico, porque era tanto director de operaciones como director deportivo, y era quien firmaba las inversiones que se llevaban a cabo en el equipo”, explica. “Ross tenía a su gente y la oficina técnica, y a veces nos peleábamos por la pasta, unas veces ganaba él, y otras yo, que quería máquinas, y el hacer más desarrollos, era nuestro juego. Flavio estaba solo un día a la semana en la fábrica, venía en helicóptero y después se iba. No era de los que llegaba a las nueve de la mañana y se iba a las nueve de la noche”, subraya.

Briatore, junto a Shucmacher en 1993. (Imago)
Briatore, junto a Shucmacher en 1993. (Imago)

"Si le fallabas, a tomar por..."

¿Entonces, cuál era su rol en aquel Benetton que sorprendió a primeros de los 90? “Flavio se encargaba de conseguir todo lo que pedíamos. Y lo conseguía. Hay que darle el valor que tiene, que es muchísimo. Tú puedes ser muy inteligente como ingeniero, pero si no tienes los medios, no hay nada que hacer. Y Flavio era el conseguidor de esos medios. Ahora, no le hables de coches, ni de cuánta gente tenía trabajando, de los problemas personales de la plantilla.... Él te daba la oportunidad, pero tú no le rompías los cojones (risas). Te preguntaba, '¿cómo va todo?' 'todo bien' y ya está. En mi caso, lo que hicimos allí fue una empresa nueva, desde la fabricación, ir cada día a hacer la fábrica, desarrollar los departamentos... Todo eso me tocó a mí, la producción, la compra de máquinas, a quién contratábamos. Menos el diseño. La parte grande de marketing lo hacía Flavio. Y si a Flavio no le fallabas te iba dando carta, pero si le fallabas te mandaba a tomar por culo sin ningún tipo de escrúpulos, ¿eh?. En mi caso, como le mantenía el presupuesto, pues me apoyaba bien ahí", indica el catalán.

Para Villadelprat, hubo dos maniobras cruciales donde Briatore mostró una especial habilidad: “Flavio sabía sus limitaciones y sus ventajas, y estas las utilizaba todas para la empresa. Por ejemplo, fue capaz de cazar a Michael Schumacher, y se metió en un follón con Ligier para conseguir el motor Renault”. El barcelonés explica aquella maniobra compleja que solo alguien como el transalpino podía lograr. “Necesitábamos el motor Renault, que lo tiene Ligier. Pues va y compra el equipo, le quita el motor, nos lo da a Benetton, y lía y convence al hijo de Soichiro Honda para que le dé el motor Mugen, que era en el fondo un motor Honda. Luego, se trae dos meses a Cesare Fioro (responsable de Ligier) que está en mi oficina para que le enseñe cómo llevar la empresa. Al final conseguimos el motor Renault, que era más potente, y con Michael ganamos con una mano en 1995”.

Villadelprat celebra con Shumacher una victoria en 1994. (Joan Villadelprat)
Villadelprat celebra con Shumacher una victoria en 1994. (Joan Villadelprat)

"Ross, tú callado"

Villadelprat salta a otro terreno inesperado: "Cuando las cosas iban mal, te metía ajos en el garaje, una moneda de cobre en cada bolsillo, y nos trajo un tío de Taormina que nos tocaba, nos sacaba sangre de la cabeza y nos quitaba los males de espíritu”. Espera Joan, freno de mano. Arrancamos otra vez. ¿Ajos en los boxes? ¿Un curandero? “Su visión de cuando las cosas no iban bien era esta. Todo el puto equipo con cosas de cobre en el bolsillo y en todos los garajes del mundo con ajos. Y la mejor fue una con Berger y Alesi…” La historia destila un jugo imposible de transmitir por escrito. “Flavio había pasado una crisis porque se había caído, no se podía mover, tenía problemas con la espalda. Y se ve que algún amigo le habló de un curandero que le tocó y parece que le curó. Bueno, pues a este nos lo envió en avión privado a Enstone, hubo que ir a buscarle y traerlo. Y nos cogió, nos santificó a Ross Brawn y a mí…” Aquí, la pausa ya es obligada para coger aire por las risas.

“Tú imagínate decirle a Ross Brown: 'Ross, tú callado. Te va a tocar la cabeza, te va a salir una gota de sangre, te va a purificar... y tú te callas'. Le entró a Flavio la historia de que nos habían echado mal de ojo y por eso no ganábamos. La secretaria de Flavio también lo creía y se volvía loca. Luego, a este tío, al curandero, lo llevó a Mónaco en avión privado, para hacer lo mismo con los pilotos. Con la uña nos tocaba la frente, nos hacía una cruz y nos salía una gota de sangre. Claro, te quedabas acojonado. Tenías que ver la cara de Alesi, que se lo creyó todo y casi se muere del susto, y Berger que se descojonaba, que no sabías por dónde pillarlo. Esta es la parte cómica de Flavio, de lo que él entendía del trabajo de las carreras. Él pensaba a veces más en la fortuna divina que en el trabajo de los ingenieros”.

Ron Dennis, en el centro de la imagen, durante la presentación de McLaren en 1995
Ron Dennis, en el centro de la imagen, durante la presentación de McLaren en 1995

A tortas con Ron Dennis

Villadelprat recupera el tono menos jocoso: “No quiero dejarle mal en absoluto porque esta era la parte simpática de su personalidad. Lo importante es que era habilísimo en los acuerdos, en los negocios. Es un tío muy ágil, que venía de hacer timbas de póker, monitor de ski, que te vende a su madre y a la vez te la ha recomprado y no te has dado ni cuenta. Eso es lo mejor de Flavio, pero como genio del motorsport, pues no tanto”. Flavio Briatore, efectivamente, rompió todos los moldes en la Fórmula 1, simbolizada su imagen iconoclasta con aquella gorra vuelta del revés en el muro del 'paddock'. Y claro, levantó ronchas y acumuló enemigos.

“De hecho, cuando Flavio entró no era aceptado por el mundo de la Fórmula 1”, recuerda Villadelprat. “Ron Dennis, el primero, que lo odiaba. Nosotros llegábamos allí con tías en bikini, posters en el 'paddock', la música a todo trapo. Con Ron parecían todos jesuitas en McLaren y no lo entendía. Y la forma de hablar de Flavio, sus chistes, a Ron no le hacían ninguna gracia. Era un tío que venía de fuera sin tener ni puta idea y se hacía cargo de un equipo. Ron eso no lo tragaba. Si algo le tocaba los cojones era esto. Encima ganábamos con la mierda de coche que teníamos, y con un equipo que no era del ‘establishment’ de la Fórmula 1, un equipo que hacía camisetas y jerseys, y ganamos el campeonato. Flavio las tenía con Ron por chulo y arrogante, y porque le daba caña. Ron porque le consideraba básicamente un payaso. Poco a poco se fueron respetando un poco más, pero si nos paran en aquel 1994 (el año del hipotético control de tracción de Benetton) y otras polémicas, habíamos ganado ya a mitad de año”, concluye. Lo que sigue, una historia que ya contaremos otro día.

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