visita con dos pilotos A un instituto

El día en que Fernando Alonso volvió al colegio: "Empecé a correr por error..."

“Hola ¿Eres español?”“Hola, sí….” “Man, I got to tella ya… Es un muy impresionante lo que ha hecho Alonso, en cuanto me enteré lo hablé con un amigo. It´s impressive”

—Hola. ¿Eres español?
—Hola, sí, lo soy.
—Man, I got to tella ya… Es un muy impresionante lo que ha hecho Fernando Alonso. En cuanto me enteré, lo hablé con un amigo, lo comentamos porque nos impresionó mucho, tiene mucho coraje, y aquí es un honor que haya venido. It´s impressive.
—¿Es usted profesor del colegio?
—No, soy el padre de un alumno, pero amigo de un profesor, y por eso me he venido ahora al colegio para poder conocerle. Man, I tella ya. Lo va a hacer bien, lo está haciendo muy bien, y venir al colegio trae suerte, el año pasado vino Alexander Rossi, que también era rookie, y ganó la carrera.

El nombre no podía ser más apropiado: Speedway Junior High School, un instituto situado a casi dos kilómetros de la pista donde se celebran las 500 Millas de Indianápolis. Barrio residencial típico americano de clase media. Casas bajas de madera, individuales, todo arbolado... Nueve y cinco de la mañana. En la puerta esperaban a Fernando Alonso, Conor Daly y Ryan Hunter Ray, dos de sus rivales en la carrera. La visita al instituto es una tradición. Alonso llega acompañado de su pareja, Alberto, su asistente personal, y Silvia, la responsable de prensa de McLaren. Todos se bajan de Escalade, uno de los coches oficiales de la organización.

"Empecé a correr por error"

En la puerta les esperaban varios responsables del instituto. Uno de ellos explica a los pilotos en qué va a consistir el acto. Será aproximadamente una hora, tendrán que hablar y también llevar a cabo varias actividades de grupo con los alumnos. La comitiva se mueve por los pasillos, que están todos en silencio. Los pilotos se van por un lado, el resto entra directamente al gimnasio del instituto, también cancha de baloncesto. Allí están, repletas las tribunas, estudiantes de edad adolescente, disciplinadamente en silencio, incluso modosos, esperando a los grandes protagonistas.

Coge el micrófono un fornido profesor. Hace una introducción, explica los valores que quieren transmitir y compartir con la visita. Luego, con una música marchosa, comienza a presentar a los pilotos, que van saliendo uno por uno tras unas cortinas. Van saludando a los estudiantes mientras bajan las escaleras del estrado, que jalean su salida. Música a tope. El último es Alonso. Todo muy americano, como en una película. Todo magníficamente organizado.

“Yo empecé a correr por error”, comenta el piloto español a los estudiantes, que rompen a reír, y explica que lo hizo en el kart que estaba destinado a su hermana. El profesor había pedido a los pilotos que explicaran primero cómo y por qué empezaron a correr. “Perseguid vuestros sueños, yo estoy viviendo el mío es increíble”, explicaba Conor Daly. Antiguo compañero, rival y amigo de Carlos Sainz, hijo del piloto irlandés de los ochenta Derek Daly, ha conseguido mantener su carrera deportiva en Estados Unidos después de no poder alcanzar la Fórmula 1. Y reconoce lo que significa poder correr con Alonso. En primera línea, a mi lado, unos cuantos estudiantes tienen las preguntas preparadas y escritas para cada piloto. Dos o tres para cada uno. Mi amigo me enseña la suya, ("¿Cómo te sientes por perder la mejor carrera de F1 de la temporada? ¿Cómo te sientes por finalmente correr la mejor carrera americana de la temporada?"). Pero finalmente no puede hacerla porque no hay tiempo. Me mira con cara de pena, pero lo entiende.

"¡Take that, Fernando!"

Llega después el 'team work', varias actividades que miden a los pilotos entre sí con sus respectivos equipos. Cada uno está formado por varios alumnos que se reparten con cada piloto. La primera actividad es montar con un ‘Lego’ un pequeño monoplaza. Quince minutos frenéticos. Alonso se mueve hacia las otras mesas para ver cómo va el resto. Le pide a los chicos que se coloquen bien en la mesa para organizarse mejor. El equipo de Daly va por delante. Cuando acaba el tiempo, Alonso pide riendo a Hunter Ray y Daly: “Ok, el tiempo ha acabado, no vale seguir…”. Daly comprueba que su equipo ha ganado. “¡Take that! le dice a Fernando entre risas. “¡Chúpate esa!”, más o menos viene a decir.

Alonso y su equipo a la entrada del instituto. (Javier Rubio)
Alonso y su equipo a la entrada del instituto. (Javier Rubio)

Turno para las actividades físicas. Cada uno de los alumnos lleva a cabo una diferente: fondos, sentadillas, comba, abdominales... Había que contar el número de las realizadas y ver quién ganaba. La música sigue acompañando todo el rato, la energía es magnífica, pero nadie se desmadra, la disciplina es manífica. Le toca el turno al chaval de los fondos. Alonso se agacha para animarle. El chaval se deja el alma, congestionado, y grita como si estuviera en un película. Gana en su grupo y se va sacando pecho. Al final, se decide que ha habido un debate salómonico, pero en el cómputo final había ganado el equipo de Alonso.

A probar unas canastas

Pero llega algo que no estaba previsto en el programa. Alonso lo sugiere, le gusta el baloncesto, por qué no tirar unos tiritos a la canasta. El profesor anuncia por el micrófono que se van a medir bajo los aros. Tira primero Daly, que encesta. A Alonso se le va a las nubes el primer tiro, se echa las manos a la cabeza. Se pica, empiezan a tirar uno tras otro, Daly salta y Alonso le pega un ligero empujón para descolocarle. Buen rollito entre todos. Se pasa a la siguiente actividad. En la tribuna, los alumnos tienen un pequeño ‘brick’ de leche, que beben todos juntos con los pilotos, imitando el rito del ganador en las 500 Millas.

Fernando Alonso firmando autógrafos. (Javier Rubio)
Fernando Alonso firmando autógrafos. (Javier Rubio)

Llega el último acto. Hunter Ray, Daly y Alonso se sientan en la mesa para firmar autógrafos. Todos los alumnos se colocan en fila, uno detrás de otro. Tampoco nadie se desmadra. No hay gritos ni algarabía. Una profesora se pone en la cola de firmas y le dice algo a Fernando. A mi lado, arriba en la tribuna, un chico muy moreno mira la escena, latino, todo timidez. Viene una amiga. “Pero vamos, ¡pídele una autógrafo, si tú lo único que haces es hablar español!”. Le insiste sin éxito. “Venga, hombre, baja, aunque haya mucha cola, le decimos algo a Fernando...”, le digo. No puede con su timidez. “Acuérdate de lo que decía el otro piloto, Daly, ve a por lo que quieres…”.

[Lea más noticias de las 500 Millas de Indianápolis]

Todo ha terminado. Alonso y su comitiva salen del instituto. Quién sabe, el año pasado Alexander Rossi estuvo también en el Speedway Junior High School. Era también rookie, y también ganó la carrera.

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