dos polos opuestos en la fórmula 1

La revancha de Ross Brawn con Ecclestone: "Bernie es de los peores"

La historia y relaciones de ambos confirma hasta qué punto Brawn y Ecclestone eran incompatibles en la Fórmula 1. Para contar con el primero, el segundo no podía seguir

Foto: Bernie Ecclestone durante un gran premio del año pasado. (EFE)
Bernie Ecclestone durante un gran premio del año pasado. (EFE)

“Estaría encantado si se fuera a la FIA, sería de primera categoría”. Cuando en noviembre crecían los rumores sobre la vuelta de Ross Brawn a la F1 con Liberty Media, Bernie Ecclestone se mostró irónico con el británico. “No he hablado hace tiempo con él, no tengo la menor idea de lo que va hacer. Pero nada con nosotros (FOM). No necesitamos un ingeniero, o nadie con el trabajo de Ross”. Ecclestone alegaba que, “por el momento, solo tienen el 10 por ciento. Cuando tengan mayoría, podrán hacer lo que quieran". Hoy, Brawn es el director deportivo de Liberty. Y Ecclestone es embajador honorario sin la menor función ejecutiva.

Ecclestone recordaba en una reciente entrevista en el 'Daily Mail' que en principio le pidieron quedarse “tres años”. De la noche a la mañana, Chase Carey le comunicó personalmente que iba a ocupar su puesto. Entre Ecclestone y Brawn existía una animadversión personal, mitad química, mitad profesional. Claro que Ecclestone conocía los planes de Brawn. ¿Fue este en parte responsable de su salida?

Un simple actor secundario

“Cuando Ross estaba en Benetton, era un asistente del equipo, como muchos otros. Y fue lo mismo en Ferrari. En su momento, le pregunté a Schumacher. ¿Quién dirige el equipo? “Yo”, me contestó. Ayudado por Mr Todt. Entre ambos, trabajaron muy bien juntos. Ross estaba allí, pero no diseñaba el coche ni nada”. En la misma entrevista, Ecclestone mostraba respeto a las decisiones de Liberty Media, pero se desmarcaba con Brawn, ninguneando a su nuevo director deportivo.

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El choque de trenes entre el ingeniero y el empresario se veía venir de lejos. Desde que Liberty mostró su interés por adquirir la Fórmula 1 y contando con el propio Brawn como asesor interno. Sobre un posible rol de mayor responsabilidad, explicaba que “Estoy bien con lo que hago ahora con Liberty Media, aunque de perfil bajo. Tenemos que esperar y ver”. Pero también lanzaba una carga de profundidad a Ecclestone. “La Fórmula 1 es su reino, cualquiera va a tener fricciones con él en algún momento”. Sabía lo que se avecinaba, como confirma la perspectiva que da el tiempo ahora. “Aunque es el arquitecto de la F1, también ha vendido (su participación) como yo en Mercedes, y tiene que aceptar que alguien más debe ocupar su puesto”.

Las heridas de guerra entre ambos

Como la historia entre ambos confirma, Ecclestone y Brawn son personalidades incompatibles. Con batallas personales entre ambos, cuya génesis el propio ingeniero recuerda en su reciente libro 'Total Competition', escrito en colaboración con Adam Parr, antiguo director general de Williams y también víctima en su día del propio Ecclestone. “Por necesidad más que por elección, (Brawn) hizo de Ecclestone un enemigo en 2009 y, como vio por una llamada singular que recibió de Bernie en 2012, la historia no ha sido olvidada”.

Bernie Ecclestone saludando a cámara. (EFE)
Bernie Ecclestone saludando a cámara. (EFE)

Por resumir la historia. Honda abandona inesperadamente la F1 en 2008. Brawn se hace cargo del equipo y busca soluciones y compradores. Richard Branson (propietario de Virgin) y Adrian Reynard buscan comprar el equipo. Reynard manda una carta a la cúpula de Honda degradando la capacidad de Brawn para sacar adelante el equipo. El presidente nipón entrega la carta a Brawn para que tenga noticia de las maniobras. Actúa en consecuencia. Entra en juego Ecclestone para adquirir el equipo. Brawn consigue mantener el control, con la perspectiva de vender a medio plazo a Mercedes.

Durante aquella temporada, Ecclestone se toma la revancha. Si el equipo estaba ‘tieso’ económicamente, el británico bloqueó durante seis meses el pago al equipo de sus derechos televisivos, mientras sufría por sobrevivir en la parrilla liderando el campeonato. El ingeniero tiene que enfrentarse al empresario por su dinero. Al final, logra el título. Mercedes compra el equipo. Quedan heridas abiertas entre ambos que no se olvidan.

La llamada de teléfono

2013. Mercedes negocia el Acuerdo de la Concordia con Mercedes. Les ofrece condiciones inaceptables para el fabricante alemán. Y llega la llamada “No podemos negociar con Brawn, no llegamos a ninguna parte. Necesito otro interlocutor”, es el resumen de la conversación con el presidente de Daimler, Dieter Zetsche. A diferencia de Honda, no comunica nada a Brawn. Pero entra en juego Niki Lauda para negociar, sugerencia directa del propio Ecclestone y, ahora sí, Mercedes cierra un acuerdo con Ecclestone.

El británico Ross Brawn. (EFE)
El británico Ross Brawn. (EFE)

En su libro, Brawn también deja claro que su visión y la forma de implementarla para la Fórmula 1 es totalmente opuesta a la de Ecclestone. La del ingeniero, con método y largo recorrido, o la del negociador con diferentes intereses y estrategias. “Es frustrante que incluso personalidades de responsabilidad en la Fórmula 1 no tengan un visión a largo plazo o un plan… Y Bernie es de los peores. No puedo recordar una vez en que Bernie impulsara un cambio estratégico fundamental en la Fórmula 1. Y mi experiencia con él en las reuniones es que siempre salía con algo que era distinto, divisivo”. En su libro, Brawn exponía la misma visión sobre la Fórmula 1 que le estamos escuchando repetidamente en los medios de comunicación desde que asumiera su papel el Liberty Media.

Era evidente que Ross Brawn y Bernie Ecclestone eran claramente incompatibles. No es nada que se haya verbalizado públicamente, pero resulta plausible que si Liberty Media quería contar con la colaboración del primero debía prescindir del segundo. A su manera, y desde la historia personal entre ambos, el ingeniero británico puede haber reído el último. Como explicaba el veterano periodista británico Mark Hughes recientemente en El Confidencial, “Ross es la persona adecuada, es como un tanque, no es un instrumento de precisión, pero llega a donde tiene que llegar siempre”.

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