la llegada de mattiacci precipitó su adiós

Por qué Fernando Alonso pudo seguir en Ferrari y no lo hizo

A la comprensión de que Ferrari no estaba dispuesto a invertir lo necesario, se unió la llegada de Marco Mattiacci, quien con su inexperiencia y estilo terminó de quemar los puentes con el español

Foto: De no ser por Mattiacci, Alonso quizás hoy seguiría en Maranello (Reuters).
De no ser por Mattiacci, Alonso quizás hoy seguiría en Maranello (Reuters).

“Querríamos también agradecer a Marco Mattiacci su servicio a Ferrari en los últimos quince años y le deseamos lo mejor para sus futuros empeños”. Ayer, hace exactamente un año, Mattiacci fue defenestrado con las dos líneas finales del comunicado que recibía con loas y trompetas al nuevo responsable de la 'Scuderia', Mauricio Arrivabene.

Quien fue llamado para apagar el fuego de la dimisión de Stefano Domenicali  sería borrado del mapa con una patada hacia el espacio sideral. Y en el contexto de su desastrosa gestión global, el italiano también quemó los hilos cada vez más débiles que unían a  Fernando Alonso con el equipo italiano. De no ser por Mattiacci, Alonso quizás hoy seguiría en Maranello.

"Me sale más barato ser segundo"

Tras aquel cruel comunicado, Flavio Briatore publicaba una foto en Twitter. Aparecía con Alonso, ambos con una amplia sonrisa. El italiano tenía un cigarrillo en la boca. En la mesa, un paquete de Marlboro, el destino previo de Mauricio Arrivabene (Phillip Morris). El mensaje era evidente. “Fernando se tenía que marchar, sobre todo tras la llegada de Marco Mattiacci. Sin él, quizá podría haber continuado en Ferrari”, reconocía el italiano en el diario 'El Mundo'.

Alonso acusaba ya cinco años de desgaste defendiendo a Ferrari, pero con la sensación creciente de estar siendo utilizado por sus responsables. La experiencia en ese arco temporal ayudó a comprender la política respecto al equipo. “Me da igual ser primero, segundo o tercero en la pista, me sale más barato ser segundo, porque vendo los mismos coches”. Ferrari no ponía toda la carne en el asador de la Fórmula 1.

Mattiacci, junto a Fernando Alonso (AP).
Mattiacci, junto a Fernando Alonso (AP).

Durante años, Montezemolo se negó a modernizar áreas claves de la Scuderia, todavía anclada en ese modelo ya periclitado de kilometraje infinito en el patio trasero de casa, el circuito de Fiorano. Con la tecnología híbrida, en Maranello también conocían de antemano el nivel para 2014. Fue peor incluso de lo esperado. De nuevo, no se habían destinado los recursos necesarios. Mercedes había invertido unos 285 millones de euros. Ferrari, unos 80.

"¿Quién se suma al 'Proyecto Matiacci'?"

Domenicali no pudo más y dimitió tras el Gran Premio de Bahrein. Y en una de esas decisiones tan desconcertantes, tan de Ferrari, Montezemolo –o  Marchionne, según versiones– llamó como recurso de emergencia al responsable de la marca en Estados Unidos. Un vendedor de coches, en la selva de la Fórmula 1. Un novicio, pero que aterrizaba con un concepto demasiado elevado de sí mismo para su total inexperiencia como bagaje. Para colmo, subestimó el desafío.

Mattiacci entró como elefante en cacharrería. Se creyó tocado por los dioses (¿”quién se suma al 'Proyecto Mattiacci'?", fantasmeaba por aquí y por allá). Tomaba decisiones incomprensibles con un estilo entre déspota y ególatra. Según la leyenda urbana, recibió en un par de ocasiones a Alonso en la mesa de su despacho con las botas encima de la mesa.

"Fernando, no vamos a ganar en dos años"

Al piloto español se le había ofrecido encabezar el proyecto de Honda con una sensacional oferta económica. Mattiacci también quería renovar a Alonso y el español estaba dispuesto a escuchar. Pero necesitaba garantías de que Ferrari iba a invertir en consonancia. Mattiaci ofrecía aire, pidiendo compromisos a largo plazo. Sin fichar a nadie. Sin hacer nada. Sin acercarse a la oferta económica de McLaren.  No afrontó la posición de miembros clave de Ferrari en los que Alonso confiaba. Además, figuras como Adrian Newey o Ross Brawn ya habían rechazado fichar por el equipo italiano.

La de Abu Dabi fue la última carrera de Alonso con Ferrari (EFE).
La de Abu Dabi fue la última carrera de Alonso con Ferrari (EFE).

“Fernando, no vamos a ganar en dos años”. “Pero cómo me puedes decir esto Marco, llevo dos en Renault esperando para venir a Ferrari y otros cinco aquí... Algo habrá que hacer”. Enfrente, aunque partiendo de cero, el proyecto global de Honda y la creciente comprensión de que Ferrari no tenía voluntad de invertir para afrontar el desafío de Mercedes. Por ahí ese guion  tantas veces  escuchado a Alonso después: "Cuando veía a Mercedes ganar por medio minuto lo tenía claro con mi decisión. Para batirlos necesitas hacer algo diferente, necesitas arriesgar de alguna manera porque si copias, siempre vas por detrás".

El más monumental de los errores

Además, aumentaron los encontronazos con Mattiacci en la gestión cotidiana. Su ignorancia era total en el 'paddock'. En las reuniones con los restantes ‘team managers’ era motivo de mofa. No fue capaz de calibrar el alcance del 'Club de la Piraña' que es la Fórmula 1.  Los disparates eran constantes.Tras el Gran Premio de Austria, Alonso y su entorno comprendieron que ya no era un interlocutor válido. Se habían traspasado las líneas rojas y así se lo trasladaron a Montezemolo. Entonces Mattiacci cometió el más monumental de sus errores.

Alonso le comunicó que dejaba Ferrari y que tenía dónde ir. Mattiacci pensó inicialmente que iba de farol. Pero luego, al bisoño gestor le entraron el susto, el despecho y la prisa. Porque quiso moverse demasiado rápido y cometió el error de fichar a Vettel antes de tiempo. Presumió de que le quitaba la silla a Alonso debajo del culo. "Somos nosotros quienes prescindimos de Fernando". Pero no calibró los compromisos contractuales en vigor. El piloto español no había movido ficha, pero sí lo hizo Mattiacci, quien de repente se encontró con tres pilotos en nómina. ¿Qué pasaba si Alonso decidía al final quedarse en Maranello?

Mattiacci era motivo de burla en el 'paddock' (Reuters).
Mattiacci era motivo de burla en el 'paddock' (Reuters).

Red Bull también se la jugó a Mattiacci, anunciando el ascenso de Kyvat junto a Ricciardo. Ferrari quedó en evidencia. De aquí que durante meses la Scuderia no pudiera anunciar el fichaje del alemán hasta que se solucionara el embrollo legal en el que el italiano había metido al equipo. Quién sabe cuánto le pudo costar la ‘membrillada’ de Mattiacci a Ferrari. Comprensible que luego desapareciera del mapa de Maranello y de la empresa.

Tirado en paracaídas y en primera línea de fuego

Ciertamente, el italiano vivió en un entorno complejo. Tirado en paracaídas en plena línea de fuego, su inexperiencia se agravó por la actitud errónea con la que afrontó sus carencias. No solo complicó la vida de Alonso, sino también la de muchos de los miembros de la Scuderia. Desde el punto de vista humano, Alonso estaba contento dentro de un colectivo con una pasión extraordinaria por el 'Cavallino'. Sin embargo, tenía que presionar para que Ferrari diera el salto de calidad necesario para luchar por el título. Pero se encontró con un aspirante a vaquero a la italiana con los pies encima de la mesa. Dicen que hoy anda por Estados Unidos.

Con Stefano Domenicali, Fernando Alonso no hubiera tenido ningún problema para haber seguido un año más en Ferrari. Luego, quién sabe qué veredicto hubieran dado la pista y el cronómetro… De momento, Ferrari sigue lejos de Mercedes.

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