frank gana la etapa con final en alto

Contador hace su rutinario ataque, pero los favoritos llegan juntos en Mas de la Costa

La Vuelta volvió a proponer la misma etapa llana con puerto corto y rampas imposibles en el final. El desenlace fue parecido al de siempre, intentos del español para que todos lleguen juntos

Foto: El pelotón de la Vuelta
El pelotón de la Vuelta

Los organizadores de la Vuelta son rastreadores de cuestas. No buscan tanto puertos duros, sostenidos y largos como la opción de anunciar a voz en grito que hay una pendiente de un 23%, aunque esta dure solo unos metros. El nuevo ciclismo está lleno de etapas cortas, con repechos durante todo el recorrido que culminan con una pared que más se escala con piolet que con bicicleta. Puertos aparatosos que no hacen diferencias en la clasificación.

Mas de la Costa es uno de esos puertos modernos. Una carretera estrecha y mal pavimentada, menos de cuatro kilómetros de cota pero, eso sí, con pendientes válidas para que las cámaras de televisión capten a ciclistas clavados, incapaces de hacer correr a la bicicleta porque no se puede subir una pared. Es pura física eso. Desarrollos tremendos para que las piernas pasen toda la energía posible a la rueda. Supervivencia probable, pues el esfuerzo es explosión, no resistencia

En la ensalada de esta etapa había un aliño más que se antojaba importante pero no lo fue tanto: un calor inhumano. Cualquiera que esté en la Península Ibérica esta semana sabe de lo que se habla, más de 30 grados, humedad asfixiante, un sol de esos que pica mucho y dificulta hasta respirar. El infierno en la carretera. Da hasta para ver visiones, pero los corredores, que están acostumbrados al extremo, sobrellevaron como pudieron la temperatura. Sirva de entrenamiento para el mundial, que se celebra dentro de un mes en Qatar. 

Hubo durante buena parte de la etapa una escapada con poca significación para la clasificación final. Buenos corredores, alguno brillante, como Gesink, pero que no inquietaba a los del podio. Los equipos de los gallos les dejaron ir, no tenía sentido calentarse en cazar a quien no supone un rival. De ahí salió el ganador final, Frank, que se marchó con Cataldo de su fuga y él si resistió hasta el final. Tras él aparecieron Konig y Gesink, los dos que mejor sobrevivieron a las criminales pendientes de los últimos metros. Durísimas. 

En el pelotón viajaban todos los buenos. Allí estaba Nairo, líder indiscutido, Froome, siempre valiente, y Contador que está dispuesto día a día a hacer, como mínimo, un  acto de cara a la galería. El inicio del puerto se encontraba en una intersección de la carretera principal, lo que hizo que los últimos kilómetros antes de empezarlo el grupo se pusiese en fila india. Había que estar atentos, que un despiste sí podía dar problemas. Los grandes lo estuvieron, y cuando empezaron las rampas, con el pelotón ya cortado en pedazos, se vieron juntos los cuatro primeros.  

Nairo y Contador.
Nairo y Contador.

El rutinario hachazo de Contador

Contador hizo bailar a la vicicleta. Su ataque diario, que es como una rutina aunque luego le de más titulares que segundos en la general. Las durísimas rampas pedían arnica, pero los ciclistas sabían que no importaba mucho, la meta estaba cerca y las diferencias no iban a irse a más de algún segundo. O ni eso, que es lo que terminó sucediendo. 

Detrás de Contador se fueron Nairo y Chaves, que nunca desfallecen en la montaña. Están siendo los mejores de la Vuelta, los que atacan y resisten bien a las andanadas de Contador. Se iban pensando en sacar unos segundos a Froome, quién sabe si soñando con mandar al británico fuera del podio que aún ocupa

Lo que pasa es que esa historia ya está contada. El keniano de nacimiento no estaba muerto sino corriendo a su manera. Cabeza gacha, el culo en el sillín y la cadencia de pedaleo que pide la pantalla que le va midiendo los vatios. "Chris, no te cebes", parece decirle el aparato. Y él le sigue la corriente, lo cual es bastante lógico si se tiene en cuenta que con esta táctica ha conseguido ser el mejor vueltómano del último lustro. Que no tiene tres Tours por casualidad. Al final el potenciómetro es un artilugio más, una manera diferente de correr, pero sin piernas no hay paraíso. 

Froome, por supuesto, llegó donde tenía que estar. Les fue alcanzando en diversos puntos de la montaña, en los instantes en los que sus rivales descansaban. Cuando veían que el briitánico llegaba a sus posiciones ellos arrancaban otra vez, tan solo para que Froome conectase un poco más adelante. El que veía ciclismo antes pensaba que los corredores dejados atrás ya no tenían remedio, pero Froome ha demostrado sobradamente que eso es cosa del pasado. Él siempre vuelve, porque su vida es regular esfuerzos y hacer el mismo recorrido en el mismo tiempo que sus compañeros sin necesidad de dar tirones. A ritmo. 

Así que Mas de la Costa fue un día más en la Vuelta. Una suerte de imágenes encadenadas en las que se ven unas cuestas impresionantes pero que, a la hora de la verdad, tienen más de postal que de epopeya. Etapa corta, pedregosa y, al final, fiesta. Pero fiesta corta. 

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