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"Han traicionado al boxeo y Dios se lo va a hacer pagar". La noche de la infamia en Leeds
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Entrevista con Kiko Martínez

"Han traicionado al boxeo y Dios se lo va a hacer pagar". La noche de la infamia en Leeds

Warrington derrotó a Kiko Martínez para convertirse en campeón mundial en una pelea marcada por la vergüenza. El árbitro no vio varios cabezazos de su compatriota al español que le provocaron hemorragias y problemas de visión

Foto: Josh Warrington manda a la lona a Kiko Martínez. (Reuters/Lee Smith)
Josh Warrington manda a la lona a Kiko Martínez. (Reuters/Lee Smith)

La gente necesita historias, nadie quiere ver solo a dos tipos pegándose en un ring. Don King, quizás el promotor más influyente y reconocido de la historia del boxeo, así lo contaba. El underdog que acaba imponiéndose contra todo pronóstico, el último baile del veterano peleador, la joven promesa que arrasa con el gran campeón… Todas y cada una de las narrativas se han visto plasmadas en las rivalidades del boxeo. El combate convence a los puristas, la historia se gana al público. Esta máxima ha sido aceptada por todos. Es vox populi que ciertos enfrentamientos solo se resolverán para una esquina si hay knockout de por medio. Pero todas las líneas rojas se cruzaron el pasado 26 de marzo en el Kiko Martínez-Josh Warrington II, cuando se vivió una de las encerronas más vergonzosas del boxeo. El español perdió el título mundial de peso pluma de la Federación Internacional de Boxeo de la peor manera posible, mostrando el lado oscuro del ring, cuando el negocio y la historia se ponen por encima de la propia competición.

Vamos por partes. Josh Warrington llegaba a la pelea tras un 2021 durísimo para su carrera. Considerado el gran luchador inglés del momento, el de Leeds sufrió la primera derrota de su palmarés ante Mauricio Lara, boxeador de nivel más bajo (en teoría) al que debía de superar sin problemas. No siempre los planes salen bien y en el décimo asalto la zurda del mexicano frustró a Warrington.

Foto: Warrington se hace con el título mundial de peso pluma. (REUTERS/Lee Smith)

"Tuve vergüenza hasta de salir de casa", llegó a asegurar el inglés meses después de la traumática derrota. De contender a todo a tener que ganarse el derecho a ser un nuevo campeón. Intentaría recuperar el honor ese mismo 2021, en septiembre, y contra el mismo rival. Warrington tenía la oportunidad de demostrar que lo de Lara había sido un golpe de suerte. Otra decepción. El combate duró solo dos asaltos, lo que tardó en abrirle la ceja al mexicano de un cabezazo que el árbitro vio y catalogó como golpe ilegal. El médico, tras revisar el estado de Lara, confirmó que no podía continuar luchando. La sangre en el ojo no solo impide la visión, sino que puede provocar su pérdida si se acumula en exceso.

Los planes de Matchroom, promotora que tiene a Warrington en sus filas, pasaban por recuperarlo para la causa. Y el veterano Kiko Martínez, boxeador que afronta la última etapa de su carrera y acababa de alzarse con el título tras imponerse al también británico Kid Galahad, era la opción perfecta para relanzar la carrera del inglés. Había historia entre ellos, en el 2017 Warrington se impuso a los puntos en la polémica pelea que Martínez defendía haber ganado legítimamente. Empieza el olor a chamusquina: Leeds, ciudad natal de Josh, albergaría el combate. El tercer hombre en el ring, el encargado de velar por la seguridad e integridad física de los peleadores, era inglés, al igual que Warrington. Su nombre, Marcus McDonnell.

placeholder McDonnell y Warrington, durante el combate. (Reuters)
McDonnell y Warrington, durante el combate. (Reuters)

La Federación Internacional de Boxeo es clara respecto a su reglamento. En el apartado 39.4.3 del Reglamento Técnico y Competitivo se especifica que el árbitro "debe ser de un país diferente al de cualquiera de los boxeadores que participen en el combate". Esa regla no se cumplió en Leeds. Nada más comenzar la pelea sucede: Warrington, que ya venía de utilizar su cabeza contra Lara, le rompió la ceja en el primer asalto a Martínez. En la repetición se vio lo evidente. No fue un golpe el que provoca la hemorragia, es un cabezazo. El propio Kiko se lo hizo ver al árbitro con gestos, diciendo: ¿pero no has visto eso? McDonnell vio un golpe legal. Mandó a la esquina al ensangrentado boxeador. En los siguientes asaltos, nuevos cortes. Todos producidos por cabezazos, a cada cual más evidente. El árbitro solo solicitó la asistencia médica después del cuarto asalto. Según el reglamento, a partir de ahí, de decidir el médico la incapacidad para combatir de Martínez, el combate se habría resuelto a los puntos. Si el médico, por decisión de McDonnell, interviene antes, el resultado habría sido nulo. Al igual que sucedió en el Warrington-Lara II.

Jero García, excampeón de España y entrenador, no puede ser más sincero cuando atiende a este periódico para repasar lo sucedido: "Es un robo manifiesto. Sin rasgarme las vestiduras, diría que el árbitro debería ser acusado de intento de asesinato". El combate acabó en el séptimo asalto, cuando el árbitro paró la pelea por KO técnico tras un aluvión de golpes de Warrington. El inglés, por cierto, acabó con la mandíbula rota en uno de los pocos puñetazos que Martínez, mermado y sin visión por la sangre de los cabezazos, pudo conectar. "Pelee por orgullo, pelee porque mi vida es pelear. Pero obviamente yo había perdido mucha, mucha visión y mucha concentración al recibir tantos cabezazos", explica el propio Kiko.

Foto: Entrevista al boxeador, Sandor Martín Clemente. (Joan Mateu Parra)

10 días después de la pelea, tras varios intentos por parte de este periódico, Martínez decidió hablar sobre lo ocurrido. No quería hacerlo en caliente, pero no encuentra consuelo en el paso del tiempo. En su rostro apenas quedaba rastro del castigo, "la gente no se lo cree, pero en días se me cura, mi cuerpo está acostumbrado".

*****

PREGUNTA. Usted comenzó bien la pelea, hasta que de repente llegó el primer cabezazo, que le dejó aturdido y sangrando. ¿Cómo fue su reacción?

RESPUESTA. Nosotros salimos a pelear, estábamos bien, seguimos con la estrategia. Entonces recibo un cabezazo y, automáticamente, me da otro mucho más duro. Me echó para atrás y veo cómo el ojo se me tapa entero por la sangre. Había recibido un golpe fuerte, no noté al principio el corte, fue a consecuencia de la visión. Desde ese momento sentí que peleaba sumergido en una piscina.

Termina el primer asalto, aturdido y medio ciego. El árbitro viene y dice que sí, que el corte viene de un cabezazo. Pero no llama al médico para que me vea. Le insistimos en si hay posibilidad de llamarlo, nada. Obviamente, sigo peleando con un ojo ciego, no veía nada, nada. Pues sigue la pelea y él continuó metiendo la cabeza y en otro cabezazo, otro corte justo en el otro ojo. Se me anula por la sangre, porque toda la sangre me acaba chorreando por los ojos.

Yo sigo peleando. Como si estuviera debajo del agua y mismo, y seguían los cabezazos. Él entraba mucho por la cabeza, aprovechaba y golpeaba. En ese punto, todo era muy difícil para mis opciones.

P. El espectador desde casa vio claro que el primero era un cabezazo intencionado. ¿Usted creyó que había sido un accidente o que era adrede?

R. Da igual que fuera el primer cabezazo o el último. Su estrategia era entrar con la cabeza, porque eso era lo que él reflejó durante toda la pelea. Fue voluntario porque en ningún momento dejó de entrar así. En ningún momento el árbitro le amonestó por ponerse a atacarme con cabezazos. Era voluntario y tuvo en el árbitro un cómplice para su estrategia.

P. El primer corte sucedió en el primer asalto. El segundo, entre el segundo y el tercer 'round'. Es decir, que estaba aún dentro de los cuatro asaltos en el que te podrían haberse anulado la pelea. ¿Pedisteis al médico en el segundo corte?

R. El árbitro tenía que pedir al médico que me curara, o sea, independientemente de si gano o si pierdo. Ante todo está la salud de un boxeador, la salud de un atleta, la salud de una persona. Quien tiene que pedir el médico es el árbitro. Tanto si fuera por puño o como por cabezazo. Tiene que mirar si yo puedo seguir peleando por mi propia seguridad. Independientemente de cómo fueron los golpes, yo tenía que pelear con salud. Y obviamente no lo hicieron, no miraron mi salud de manera porque el árbitro marcó todos los cortes. Si para la pelea en ese momento es por combate nulo y se volvería a repetir la pelea.

placeholder Los cortes de Kiko por los cabezazos le afectaron a su visión. (Reuters/Lee Smith)
Los cortes de Kiko por los cabezazos le afectaron a su visión. (Reuters/Lee Smith)

Era claro que ellos lo buscaron. Han jugado con mi seguridad, con la integridad de un atleta, solo por ayudar a otro boxeador. Ha sido todo de una manera fea. No solo me hicieron daño a mí, hicieron daño al deporte. Todo se vio a nivel mundial, quedaron muy malparados ellos mismos.

P. No solo se jugó con tu salud, sino que, al final, perjudicó el nivel de pelea al tener que combatir en dichas condiciones.

R. Todo el mundo vio cómo estaba, intentaba quitarme la sangre de mis ojos y no veía. Me tuve que poner como 12 o 13 puntos. El árbitro lo seguía permitiendo, ni tuvo la decencia de llamar al médico para que me viera mis ojos. Podía tener desprendimiento de retina, ni siquiera ver si era capaz de andar. No tuvieron ninguna decencia y Dios les va a castigar por esto.

P. Al terminar la pelea, ¿pedisteis explicaciones al promotor?

R. Después de la pelea, ¿qué vamos a hacer nosotros? El equipo y la Federación han puesto una reclamación. Es la única manera en que podemos tirar para adelante. ¿Vamos a bajar del ring y pelearnos con la gente? No vamos a conseguir nada con eso. No vale para nada. Nos callamos y vamos donde tenemos que hacer una reclamación. Poneros a gritar después de la pelea no sirve.

P. Un combate contra un boxeador inglés, que tiene lugar en Inglaterra y con un árbitro inglés. ¿Cómo aceptasteis esta situación?

R. La Federación inglesa, cuando hay un título del mundo, prohíbe exclusivamente que el árbitro, el tercer hombre encima del ring, sea inglés. Ellos mismos se está llevando la contraria. No cumplen sus reglas. Aceptan algo que ellos prohíben. ¿Qué puedo yo con eso? Su norma dice que no puede haber otra persona en el ring que sea de ese país. Lo han hecho mal desde su honestidad. Han echado tierra a su propio tejado.

placeholder La esquina de Kiko trata de parar la hemorragia. (Reuters/Lee Smith)
La esquina de Kiko trata de parar la hemorragia. (Reuters/Lee Smith)

P. ¿Pero os esperabais esta encerrona?

R. De esa manera, no. Sabía que si era una pelea igualada a los puntos se la iban a dar a él. Sabía que el árbitro era inglés, pero no podía imaginarme que ni siquiera mirase por mi salud. Que no tuviera ni la decencia de ser un profesional. Sigo sin poder creérmelo. Sin vivirlo, es difícil de creerlo.

P. ¿Qué le decían desde su esquina cuando estaban sufriendo los cabezazos? Entiendo que también estaban un poco incrédulos.

R. Pues ellos se dedicaron a intentar tapar las hemorragias y a intentar remar todos juntos. Quizás tenían que haber actuado de otra manera, pero bueno, tampoco voy a echarle tierra a mi gente. Quien tiene la culpa es el tercer hombre encima del ring, es el árbitro. Lo que pudo intentar mi esquina era quitarme la sangre de los ojos y que yo peleara de la mejor manera y lo que hicieron fue eso. No es un profesional ni es nada. A este hombre le tendrían que quitar la licencia de por vida para que no dañe a otra persona, para que no vuelve a hacer daño jamás. La salud de una persona que quieras o no, va a estar encima del ring… Se paga un precio muy alto por ser campeón. Ojalá nadie pase por lo que pasé yo ese día, porque fue muy, muy, muy frustrante. Pelear contra dos personas no es justo.

P. El relato de la prensa inglesa el día después del combate no incluía ni siquiera menciones a los cabezazos, o los citaban como lances de la pelea.

R. Cuando una persona entra todo el rato con la cabeza, pegando cabezazos sin parar, muy involuntario no es. Era uno detrás de otro. En la vida tiene que haber honestidad y ellos no lo han tenido. Son todos unos sinvergüenzas y eso no se lo va a quitar nadie.

P. ¿Cree que es contraproducente para ellos? Se acabarán por preguntar los boxeadores si merece la pena ir a competir a Inglaterra.

R. Lo van a sufrir. ¿Cómo va a ir un súper campeón como Canelo viendo estas cosas? Si ellos no cumplen ni sus propias reglas...

P. Un combate así, ¿en qué posición deja al boxeo como deporte?

R. No es el boxeo. El boxeo no se ha portado mal con nadie. Ellos lo han hecho mal, han hecho daño a una persona y, en consecuencia, al boxeo. Lo han traicionado. Este deporte es querido por muchísima gente. Gracias a boxeo, soy la persona que soy. Me ha quitado de la calle, me ha hecho cuidarme, me ha hecho llevar una disciplina increíble.

P. ¿Hemos visto el último combate de Kiko Martínez?

R. Sufrí mucha frustración, tengo el corazón roto. A mí me costó mucho ganar el cinturón. Creo que he sido uno de los boxeadores con la carrera más dura de la historia del boxeo español. Que me arrebaten el título de esa manera… Ahora me pueden decir todo el mundo que deje el boxeo, que ya está bien, que ya lo he conseguido todo, que, ¿para qué más? Pero yo sé en el fondo de mi corazón que eso no sería lo mejor para mí. Necesito probar realmente que me ganaron de manera honesta, que fueron mejores que yo y que ya no valgo en este deporte. Tuvieron que subir dos a mi ring, y ya no era solo pelear. Solamente el tiempo me dirá dónde me tiene que poner. Si me motiva una pelea, la voy a coger. Y si ya no me sale ninguna pelea, igual ya tengo que dejarlo, porque al final lo que necesito es la motivación. Y si no está eso, creo que entonces se acabó. La edad me ha enseñado a tener tranquilidad, a tener paciencia y a que el tiempo me diga dónde me tiene que poner.

******

Tinín Rodríguez, responsable de la esquina de Martínez, explica por qué no hubo una reacción más drástica tras lo vivido en la pelea: "No se me pasó por la cabeza cerrar el combate, al decretar el árbitro que el golpe era legal, el resultado habría sido el mismo: derrota de Kiko por knockout". ¿Hubo alguna explicación por parte de la organización? "No. Ninguna. Alabaron la actitud de Kiko, dijeron que era un guerrero. A ellos les salió muy bien la jugada".

Jero, por su parte, se muestra más contundente. "Si yo llego a estar en esa esquina… Hay un lío gordo. No hubiera permitido que se jugará con la salud de mi boxeador". Es difícil saber si este tipo de combates, que cada vez se ven más en tierras británicas, podrán decantar la balanza y hacer que los boxeadores se planten. "Poderoso caballero es don dinero. Donde hay dinero, hay boxeadores profesionales. Tienen que comer de esto. Pero de esos lodos, esos barros. Por este tipo de problemas nos vamos a encontrar que en los próximos Juegos Olímpicos. Se deben de dar cuenta de que estamos creando un enorme problema", cuenta García.

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Sí. La historia es importante en el este deporte. Warrington necesitaba un espaldarazo en forma de cinturón para volver a estar en la pomada. Pero cuando se deja a un lado el respeto por la competición (por no hablar de la salud de los peleadores), se le pierde el respeto al propio boxeo. Jero García apunta que este problema no pasa solo de puertas para fuera. "Hay que tener mucho cuidado. Soy muy crítico. El mayor cáncer que hay en el boxeo internacional, y en el español, es el arbitraje. Esto es la salud de los deportistas. Considero que cada vez que me he subido a un ring profesional me he jugado la vida y he confiado en el tercer hombre para que cuide de mí, y eso está brillando por su ausencia en los últimos combates. Se lo dije a la Federación Española de Boxeo. ¿Vosotros os quejáis de que nos roban fuera? Nos vamos a cargar el boxeo".

La gente necesita historias, nadie quiere ver solo a dos tipos pegándose en un ring. Don King, quizás el promotor más influyente y reconocido de la historia del boxeo, así lo contaba. El underdog que acaba imponiéndose contra todo pronóstico, el último baile del veterano peleador, la joven promesa que arrasa con el gran campeón… Todas y cada una de las narrativas se han visto plasmadas en las rivalidades del boxeo. El combate convence a los puristas, la historia se gana al público. Esta máxima ha sido aceptada por todos. Es vox populi que ciertos enfrentamientos solo se resolverán para una esquina si hay knockout de por medio. Pero todas las líneas rojas se cruzaron el pasado 26 de marzo en el Kiko Martínez-Josh Warrington II, cuando se vivió una de las encerronas más vergonzosas del boxeo. El español perdió el título mundial de peso pluma de la Federación Internacional de Boxeo de la peor manera posible, mostrando el lado oscuro del ring, cuando el negocio y la historia se ponen por encima de la propia competición.

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