UN PROYECTO MUY ESPECIAL PARA LA ALPINISTA

¿Qué es la Misión Saipal? Las cuatro vidas de Edurne Pasabán

Escalar el Monte Saipal -7.031 metros- es el vehículo para dar a conocer las desigualdades entre hombres y mujeres en Nepal. Edurne Pasabán lidera una expedición con cuatro chicas

Foto: Edurne Pasaban, comprometida con el futuro de Nepal, posa con un niño en Kailash Home, en 2015 (@Edurne_Pasaban)
Edurne Pasaban, comprometida con el futuro de Nepal, posa con un niño en Kailash Home, en 2015 (@Edurne_Pasaban)

Desde este año, la montaña tiene otro significado para la alpinista Edurne Pasabán. Un fin social, de denuncia y reivindicación ha vuelto a atrapar a la tolosarra para viajar a Nepal y poner en acción la ‘misión Saipal’. Pasabán, a sus 45 años, deja España unas semanas y se aparta de su hijo de año y medio -Max- para situarse al frente de una expedición de mujeres que han decidido protestar por la cultura machista y tradicional de la religión hinduista que, entre otras cosas, les impide escalar montañas. Junto a cuatro chicas nepalíes, de entre 19 y 26 años, la alpinista se convertirá en abanderada de un movimiento para luchar contra la discriminación que sufren muchas mujeres en una tierra que tanto ha dado a Edurne... Y sigue haciéndolo pues es su primera gran ascensión tras su retirada y la motivación ha sido la del estatus social de la mujer nepalí, un hecho -el del rol de la mujer- que (a otra escala totalmente diferente) le hizo replantearse su vida y caer en depresión en 2006.

Escalar el Monte Saipal -7.031 metros- es el vehículo para dar a conocer estas desigualdades entre hombres y mujeres en algunas regiones del Himalaya. La expedición tiene la misión de hacer cima de este ‘sietemil’ -situado en el noroeste de Nepal, poco o nada visitado por el turismo- y convertirlo en un punto mediático atractivo por tratarse Edurne, la primera mujer en la historia que ha escalado los 14 ‘ochomiles’. Pasabán quiere amplificar algunas de estas tradiciones que obliga a las mujeres a casarse a los 14 años y tener hijos a los 15. Que en la primera menstruación se les califica como “impuras” y muchas son apartadas de sus casas para abandonarlas en el bosque o en los establos con los animales.

Estos son algunos de los casos que ha ido conociendo Pasabán y que le han movido a regresar al Himalaya -llevaba dos años sin visitar esta zona- para encabezar este proyecto junto con las cuatro jóvenes que ya de por sí encontrarán dificultades para intentarlo porque, según las costumbres, no se les permite escalar. Una de las chicas que acompañará a Edurne ha hecho pública su historia de discriminación y narra cómo, por ejemplo, su padre ha abandonado a su madre y se ha vuelto a casar con otra mujer porque de su primer matrimonio nacieron cuatro niñas y no había tenido ningún un niño. Relatos como este han dado argumentos de peso para volver a la renovada Pasabán.

Un documental y una película

La aventura tiene también como fin conseguir que este grupo de chicas pueda abrir una agencia de trekking. Nada fácil dentro de una sociedad que se opone a ello, pero que esperan lograr gracias al motor de la alpinista vasca. Detrás del proyecto ‘misión Saipal’ está la Fundación de Edurne Pasabán, ‘SOS Himalaya’ de Iñaki Ochoa de Olza y un director de cine nepalí -Bhojraj Bhat- que visitó a Pasabán en San Sebastián para convencerla del proyecto y realizar un documental. Este viaje será un relato que también se quiere llevar al cine de la mano del director Migueltxo Molina. Todo este gran proyecto evoca un momento especial en la vida de Edurne.

Su peor 'ochomil'

La historia de la alpinista Edurne Pasabán no se puede entender sin lo que ella misma ha calificado como su peor ‘ochomil’. Una depresión que sufrió en 2006 le obligó a parar e ingresar en un hospital psiquiátrico durante cuatro meses. Una época de su vida en la que las dudas se fueron haciendo tan gigantes como el pico más alto que se quiera imaginar. Sin un motivo aparente que lo explique, su depresión empezó a manifestarse cuando no encontraba un sentido a compatibilizar su carrera profesional con el de su entorno. Ha reconocido que sus amigas llevaban una rutina totalmente diferente y aquí señala la raíz de un conflicto interno que derivó en depresión. Madres que compartían otras inquietudes, con los niños, mientras ella pasaba la mitad de los años enfrascada en sus aventuras. En esa época estaba culminando el complejo reto de ser la primera mujer de la historia en coronar los 14 'ochomiles'... por motivación en la montaña no era.

La depresión le fue sumiendo en la tristeza y la desgana. Así empezó a mostrar unos síntomas de ansiedad, malestar, falta de interés e insomnio hasta que un médico de la familia diagnosticó el problema. Tuvo que ingresar en una clínica de salud mental durante cuatro meses, pese a que a su padre le pareciera extraño que una deportista tan vital y fuerte físicamente fuera capaz de enfrentarse a la dureza de la montaña y caer en un pozo intangible. Un contraste que asimilaron mejor unas personas de su entorno que otras.

A Edurne, como ha reconocido públicamente en diferentes ocasiones, la montaña le dio toda la felicidad y la sumió en esta depresión que le obligó a parar, detenerse y ponerse en manos de especialistas para llevar a cabo un tratamiento y una medicación. “No soy invencible y tengo problemas como todas las personas”, ha repetido en reiteradas ocasiones una mujer que fue capaz de sufrir en el ‘ochomil’ considerado más duro del mundo -el K2, de 8.611 metros- en 2004 y dos años después sentirse frágil mentalmente.

Esa libertad y felicidad que le proporcionaba el alpinismo le hizo romper con una vida metódica y familiar que las mujeres más cercanas a ella llevaban. Dejar la carrera de ingeniería para dedicarse plenamente al deporte que era su pasión, que la llevó a ser una figura, una estrella mediática y que derivó con el paso de los años en una depresión. Impensable para su familia, pero real y fácil de entender cuando Pasabán cuenta que había llegado a un momento en el que su vida era diferente a la de sus amigas, origen de este problema de salud mental por el que comenzó a cuestionarse todo.

Su primer ‘ochomil’ lo coronó en 2001 y el último en 2010. En este tiempo fue descubriendo que la montaña le hacía más libre, que necesitaba escalar para realizarse, conocerse a sí misma y estar plenamente activa. Era una persona segura, llena confianza y fuerza hasta que logró su objetivo y comenzó a atraparla esa sensación de abatimiento y melancolía. Lo que le dio la montaña, se lo quitó. En 2006 se curó con un tratamiento y el apoyo de la familia y los amigos y continuó escalando en 2007. A partir de este momento con medicación hasta que se retiró en 2011.

Desde entonces se dedicó a impartir clases a empresarios para compartir sus experiencias. Charlas didácticas con historias repletas de anécdotas, en las que ponía en valor el sufrimiento, capacidad de superación y liderazgo de un deporte que encaja con el mundo empresarial. Paralelamente a estas conferencias a empresas y entidades deportivas ha llevado una labor social en su Fundación. Ayuda a escolarizar a niños en Nepal. Y ha ido más con su último reto. La montaña la ha vuelto a llamar para este proyecto de denuncia contra la marginación de las mujeres nepalís. No podía negarse a la 'misión Saipal' porque, en cierta manera, ella también sufrió en 2006 por el rol que presuntamente debía tener al ser mujer.

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