el intento fallido de ruth moll y ruth gómez

La historieta de la no subida al Kilimanjaro en bicicleta: "Nadie sube esa pendiente"

Ruth Moll y Ruth Gómez hicieron cumbre en el Kilimanjaro, una con la bicicleta desmontada y la otra andando a duras penas y con mal de altura. La montaña no engaña

Foto: Ruth Moll y Ruth Gómez en el Kilimanjaro. (Reto Kilimanjaro 2018)
Ruth Moll y Ruth Gómez en el Kilimanjaro. (Reto Kilimanjaro 2018)
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Los deportistas no se engañan. Ni a sí mismos ni a los demás. La ciclista Ruth Moll y la triatleta Ruth Gómez son dos buenas deportistas. Sin ninguna experiencia en alta montaña intentaron subir al Kilimanjaro. En bicicleta Moll y corriendo Gómez. Hicieron cumbre, una con la bicicleta desmontada, porteada en la mochila, y la otra andando a duras penas y con mal de altura. La montaña tampoco engaña.

Sin embargo, a su vuelta, lo que había sido un objetivo incumplido se presentó como una gesta deportiva conseguida en la montaña más alta de África. "Ruth Moll, primera mujer europea en hacer cumbre en el Kilimanjaro". Así titulaban algunos medios y una revista especializada, para los que su condición de española se les quedaba escasa dada la magnitud de la gesta. Se leía: "Moll coronó con éxito el pasado 2 de julio la cima del Kilimanjaro en bicicleta, siendo la primera mujer europea en lograrlo. Esta hazaña deportiva ha sido doble, pues además de coronar la cima en bicicleta, Ruth Moll fue acompañada por Ruth Gómez, triatleta de larga distancia quien también llegó a la cima en la modalidad de trail running. Debido al fuerte ritmo de ascensión impuesto por las “2 Ruth”, el equipo local las apodó “Simba Women”, mujeres leonas. Ruth alcanzó la cima con su ligera bicicleta de montaña… (aquí la publicidad de la superbicicleta)".

(Reto Kilimanjaro 2018)
(Reto Kilimanjaro 2018)

En El Confidencial habíamos hablado con Gómez antes de su partida y le preguntamos al regresar por su experiencia. Cuál no sería nuestra sorpresa al escuchar que lo sucedido en la ascensión al Kilimanjaro nada tenía que ver con esas informaciones. Su honestidad le hace merecedora de nuestro respeto. Este medio ha corroborado con la agencia organizadora de la ascensión lo sucedido. Pese a intentarlo, no nos ha sido posible hablar con Ruth Moll.

“En la jornada previa al ataque de cumbre llegamos las dos andando y jadeando al refugio de Kibo, que está a 4.700 m", cuenta Gómez. Las dos son mujeres muy fuertes, pero desconocen las reglas de la alta montaña. Desoyeron los consejos del doctor César Canales, que les advirtió que debían aclimatar con ritmos suaves de ascensión. "Me encontraba pletórica e hice la primera jornada a tope", recuerda la triatleta. Primer aviso: dolor de cabeza a 3.700 m. “El día de descanso teníamos que subir a 4.500 m. para aclimatar. Hicimos una ascensión ‘cañera’, no fuimos tranquilas". Otro error.

"El jefe de los guías nos dijo que nos acostásemos temprano ya que a las 0:30 partiríamos", recuerda Gómez sobre el día que salieron hacia la cumbre del Kilimanjaro (5.895 m). Se calcula que se tarda entre siete y ocho horas en superar los poco más de mil metros que separan el refugio de Kibo de la cima. Se llega al amanecer. "Yo esa noche no dormí nada, me dolía la cabeza bastante y los japoneses que estaban en el mismo barracón no paraban de moverse".

(Reto Kilimanjaro 2018)
(Reto Kilimanjaro 2018)

¿Y la bicicleta? "Salimos caminando. Con la bici desmontada y porteada en una mochila. Es imposible, nadie sube en bici esa pendiente con ese terreno de cenizas. A 200 metros de la cumbre si es posible ‘ciclar’ (pedalear en español), pero estaba imposible, con hielo y mucha nieve", responde, ante hablar sobre el ritmo de la ascensión. "Empezamos muy lentas y a las dos horas, yo, ni lenta ni nada. Me atacó el mal de altura, con mareos y tiritonas, luego vinieron los vómitos. Me pasé penando cinco horas y pico.”

Ruth Gómez habla con franqueza y sin nada que ocultar. Nosotros nos preguntamos cómo es posible afectar la reputación de dos deportistas adjudicándoles unos logros que no se han producido.

Los publirreportajes que se comprometen con patrocinadores deberían considerar que hay un bien que se debe preservar: la ética montañera. Que es algo tan sencillo como no decir que has subido a una cumbre si te has quedado a cinco metros de ella.

Un 3 de agosto de 1968, seis vecinos de Benasque decidieron subir una moto Vespino al Aneto. Lo cuenta el gran montañero Narciso de Dios Melero en su documental 'La línea elegante', dedicado al gigante de los Pirineos. Desde ese momento, todos en la montaña sabemos que no es lo mismo subir una moto al Aneto que subir en moto al Aneto. Sucede que, si llamas ‘ciclar’ a pedalear y usas ‘no ciclable’ en lugar de no transitable, puedes llegar a confundir subir en bicicleta con subir con la bici al hombro. No es lo mismo, aunque seas europeo.

Una Vespino en el Aneto en 1968. (Santiago Vilaseca)
Una Vespino en el Aneto en 1968. (Santiago Vilaseca)

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