rodrigo, aspas y alcácer compiten mucho y bien

Luis Enrique y el problema de los delanteros caros que no tiran la puerta abajo

Diego Costa y Álvaro Morata son los dos jugadores de campo más caros de la historia del fútbol español, pero por unas cosas u otras ni encuentran regularidad ni reclaman su puesto como titulares

Foto: Álvaro Morata, en un entrenamiento en Las Rozas. (EFE)
Álvaro Morata, en un entrenamiento en Las Rozas. (EFE)

El dinero que se paga por un fichaje no es una muestra final de nada, pero suele dar pistas. Álvaro Morata (80 millones pagó el Chelsea) y Diego Costa (60, el Atlético) son los dos jugadores de campo españoles más caros de la historia. Algo les vieron sus equipos que confiaron en ellos para el más crucial de los trabajos que existe en el fútbol, que no es otro que marcar el gol. El abultado precio de ellos tiene que ver con su posición, pero también, se supone, con su calidad y proyección. Esos dinerales se pagan siempre en relación a lo que se espera potencialmente de un jugador, y por eso mismo el madrileño, más joven, es más caro que el rojiblanco.

El caso es que, con esos precedentes, sería fácil pensar que ellos son los principales candidatos para ocupar el ataque de la Selección, pero por el momento no parece ser el caso. En algún momento lo fueron, sin duda, Lopetegui les tenía como punto de partida hasta que la realidad, posteriormente, les fue cambiando de lugar. Con Luis Enrique todo es más difícil de prever, entre otras cosas porque él mismo busca esconder sus pensamientos al máximo, pero en el mercado de España ninguno de los dos parece en alza. Por ellos y también por los demás.

Morata no se encuentra en el Chelsea cómodo, y con el cambio de entrenador tampoco se ha roto esa percepción. Tiene minutos, sí, pero en los últimos encuentros ha perdido la titularidad que sí encontró al principio de temporada. 22 contra el Southampton, 25 contra el Liverpool, otros tantos contra el West Ham, esa es la secuencia que sigue en la premier después de haber sido titular en los cuatro primeros. No es difícil explicar el motivo de sus recientes suplencias, en los ocho partidos disputados ha marcado solo dos tantos, un gol cada 182 minutos, bastante por debajo de lo que se espera de alguien en la posición de ariete.

Diego Costa, en el Mundial. (EFE)
Diego Costa, en el Mundial. (EFE)

Casi siempre suplente

Con Sarri le está ocurriendo algo parecido a lo que le pasó con Conte el año pasado. Empezó bien, siendo titular, incluso marcando goles, pero a medida que pasaba el año se fue convirtiendo en un problema, un artículo de lujo con una utilidad más bien escasa para los 'blues'. Es algo más o menos recurrente en su carrera, en el año previo, en el Real Madrid, fue suplente aunque hizo buena temporada; en la Juventus, donde empezó también de tiutlar, finalmente no era más que un solucionador para determinados partidos. A Morata le ven cosas los que saben, las suficientes como para tirar de cartera a lo loco por él, pero cuando toca de verdad, no aparece.

Luis Enrique, por el momento, confía en él. Le ha llamado en sus dos listas, es de esperar que tenga minutos contra Inglaterra. Le gusta Morata, le encuentra una referencia, y eso que el madrileño parecía haber perdido su sitio cuando no fue al Mundial, lo cual fue un palo importante para alguien que siempre estuvo entre los favoritos del seleccionador anterior. Sus números con España son bastante buenos, 24 partidos ha jugado y 13 goles marcó.

Diego Costa también pelea por la posición del 9, aunque en su caso todavía no hay contacto alguno con Luis Enrique. Esta vez está lesionado, en la anterior convocatoria, aunque le llamó, terminó quedándose en Madrid por el nacimiento de su hijo. El problema con Costa, además, es que no está jugando bien con el Atlético, le está costando arrancar la temporada y de seguir en esta línea es lógico pensar que no encontrará ubicación definitiva con España.

Y eso que él se nacionalizó por y para jugar con España. Eran otros tiempos, es cierto, pero Diego Costa tuvo ese gesto. En ningún momento ha terminado de cuajar, a veces por falta de forma, como puede ser ahora, otras porque su juego se parece poco al que la Selección proponía en los últimos años. Él nunca será un jugador sofisticado, si la idea es hilvanar jugadas larguísimas terminará confundido. En ese sentido, y a falta de ver cómo sale, Luis Enrique le puede beneficiar. No es que el equipo haya cambiado radicalmente su modo de entender el juego, pero sí que es verdad que el nuevo técnico pide presión, trabajo y una manera de ver el fútbol que puede ser positiva para un delantero que tiene mucho coraje y bastante olfato.

El tema, en realidad, no tiene que ver solo con ellos dos, sino también con todos los demás. Rodrigo, Aspas y Alcácer pueden no sonar a tanto, no han protagonizado traspasos colosales y juegan actualmente en equipos que tienen menos nombre. Sin embargo, en estos tres primeros partidos -y se asume que la muestra por el momento es escasa- han respondido más que bien a la confianza de Luis Enrique. Una confianza que, en todo caso, ha sido más bien relativa, pero ellos han sacado la cabeza.

Alcácer y Morata. (EFE)
Alcácer y Morata. (EFE)

Menos nombre, buen rendimiento

Aspas, por ejemplo, no iba a ir en la primera lista. Su ausencia era llamativa, pues estaba jugando bien en el Celta y casi siempre que ha ido con el equipo nacional ha rendido. Terminó acudiendo después de que Costa se quedase el Madrid para asistir al parto de su novia. Aspas entró a última hora pero fue titular en el primer encuentro, Luis Enrique lo vio como una manera de decir que con él todo es posible y le recompensó por algo que todos los que conocen al delantero gallego tienen claro, que es un trabajador incansable y que si no consigue sus objetivos nunca será por no haberlo intentado.

Alcácer es un caso incluso más rocambolesco. Porque él sí estaba completamente fuera del radar, tanto que Luis Enrique, en la primera convocatoria, comentó que ampliaba su lista de jugadores a seguir a 74 cuando fichó por el Borussia. Antes ni siquiera formaba parte de los planes, estaba en el Barcelona y eso era el ostracismo para él, condenado a no tener minutos y a formar parte del plantel, pero no ser parte del mismo.

Ha revertido la situación a golpe de gol, que es de hecho el principal motivo por el que Alcácer se gana muy bien la vida como deportista de élite. En el área intuye rápido, reacciona y sabe dónde colocarse, se desmarca bien y aunque no hay nada especialmente destacado en sus habilidades con los pies, con lo que tiene suele sacar petróleo. Contra Gales hay que asumir que el rival no era un gigante, pero España viene de un tipo de sequía, un Mundial horroroso en el que se echó en falta que algún jugador marcase algún gol. Ver a alguien que le salen los tantos con suma naturalidad cambia mucho el registro.

Falta mucho por saber, Luis Enrique no va a dar demasiadas pistas. España, en todo caso, no tiene un delantero que reviente la puerta. Los que hay son buenos, pero los que apuntaban a estrellas mundiales, los dos más caros de la nómina, no han terminado de romper esa barrera.

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