“Es su sentencia de muerte”: Larry Nassar pasará el resto de sus días en prisión
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condenado entre 40 y 175 años

“Es su sentencia de muerte”: Larry Nassar pasará el resto de sus días en prisión

La jueza Rosemarie Aquilina condenó a Larry Nassar a permanecer en prisión un mínimo de 40 años y un máximo 175. “Acabo de firmar su sentencia de muerte”, le espetó la magistrada

La jueza Rosemarie Aquilina dictó sentencia contra Larry Nassar, el mayor depredador sexual de la historia. Y ha sido implacable: de 40 a 175 años de cárcel. Antes, le espetó: “Acabo de firmar su sentencia de muerte. Si de alguna manera logra sobrevivir a 60 años en prisión, le impondré 175. No merece salir de la cárcel nunca más”. La condena se une a la que ya está cumpliendo de 60 años por posesión de pornografía infantil y provocó en la sala suspiros y sollozos entre las deportistas, “el ejército de supervivientes, porque ya no sois víctimas, sino supervivientes”, les dijo la jueza, que antes de emitir el veredicto permitió hablar a Nassar.

El testimonio del condenado duró menos de un minuto, dirigiéndose a las mujeres y menores que le han acusado de abusos sexuales durante los últimos siete días: “Vuestras palabras han tenido un gran efecto emocional sobre mí y me han sacudido el corazón. Reconozco que lo que yo siento palidece en comparación con el dolor, el trauma y la destrucción emocional que vosotras sentís. No tengo palabras, cuánto lo siento. Es imposible que pueda decir o escribir una disculpa que sea aceptable. Llevaré vuestras palabras conmigo durante el resto de mis días”.

Gran manipulador

Aquilina no se dejó impresionar por las muecas de Nassar, que parecía a punto de echarse a llorar, ni por las palabras de sus abogados, asegurando que tenía “el alma rota”. Es más, antes de emitir su veredicto leyó la carta que le había enviado el jueves pasado, dos días después de que comenzara el juicio, pidiéndole que cesaran los testimonios de las deportistas. Entre otras cosas, aseguraba que había sido manipulado por la fiscalía para declararse culpable de siete delitos de abuso sexual después de la sentencia por posesión de pornografía, que se dedicaba a dar tratamiento médico. “Yo era un buen médico porque mis tratamientos funcionaban y todas esas pacientes que ahora están hablando son las mismas que me rogaban para que las atendiera una y otra vez. Han sido manipuladas por los medios de comunicación y no hay suficiente furia en el infierno para una mujer desdeñada”. Cuando Aquilina leyó esta última frase hubo un murmullo de desaprobación en toda la sala.

El gran manipulador, Larry Nassar, acababa de verse atrapado en su propia red. En un intento desesperado pidió perdón a las víctimas, cuando tan solo unos días antes no quería escucharlas y las menospreciaba llamándolas vengativas. Manipuló a las menores, se calcula que más de 300, de las que abusó sexualmente. Se ganaba su confianza y la de sus padres. Se hacía pasar por su mejor amigo, les hacía confidencias sobre su vida familiar, les preguntaba por la suya, les daba regalos o pasaba furtivamente chocolatinas y alimentos que tenían prohibidos. Y mientras, en su consulta, introducía su mano siempre sin guantes en sus vaginas y sus anos, se restregaba contra ellas, les manoseaba los pechos y los genitales. Y lo hizo durante tres décadas. La Federación de Gimnasia estadounidense, su Comité Olímpico y la Universidad Estatal de Michigan han quedado señaladas por la mayoría de supervivientes. “Debe haber una investigación masiva para saber el por qué de esta inacción, de este silencio. La Justicia se merece más de lo que yo puedo hacer desde este estrado”, remató Aquilina.

La primera y la última

La abogada Angela Povilaitis se preguntaba minutos antes: “¿Qué dice de una sociedad un caso como éste en el que las víctimas, menores de edad, han tenido que esconderse cuando no habían hecho nada malo y luego se las ha mirado con escepticismo, cuando no directamente se las ha llamado mentirosas?”. Y destacó: “Si no hubiera sido por la investigación de la prensa y por Raechel Denhollander, hoy no estaríamos aquí”.

La ex gimnasta Raechel Denhollander fue la primera que salió con nombres y apellidos en un primer artículo del 'Indiana Star' que desató el escándalo. Había denunciado a Nassar y estaba dispuesta a dar la cara. Contó que había abusado de ella cuando tenía solo 15 años en el 2000 y no tuvo piedad con la MSU y la USAG, a los que acusó de ocultar pruebas y tratar a las que se atrevían a alzar la voz como si fueran una amenaza. “Habrá consecuencias”, les decían, en lugar de escucharlas. Denhollander fue la última en dar su testimonio en el juzgado en un acto deliberado. Ella fue la primera y debía ser la última. Con voz firme se dirigió a Nassar en varias ocasiones y le dijo: “Me das pena”. Y a la sala: “Este es el aspecto que hay cuando no se escucha, cuando se elige no escuchar. Mujeres y niñas tuvimos que luchar por nosotras mismas porque nadie más lo hizo”. Entre aplausos y abrazos se sentó en la sala a esperar el veredicto, no sin antes pedir a la jueza Aquilina que le impusiera a Nassar el mayor castigo posible

Idéntico procedimiento

Con Denhollander han sido en total 156 deportistas las que han ofrecido su testimonio durante los siete días que ha durado el juicio. Todas son historias similares, el idéntico procedimiento por parte del depredador sexual y todas con múltiples secuelas por ello: insomnio, ansiedad, depresión, intentos de suicidio, incapacidad para mantener relaciones sexuales, terror a asistir al médico o a ser tocadas. La primera que habló el martes en la apertura del juicio fue Kyle Stephens y su testimonio puso los pelos de punta. Los abusos comenzaron cuando ella sólo tenía 6 años y Nassar era amigo de sus padres. A los 12, cuando se lo contó no solamente no la creyeron, sino que su padre la obligó a pedirle perdón e invitó al ‘amigo’ para que hablara con ella. “Nunca nadie te debería hacer eso, y si lo hacen, deberías decírselo a alguien”, le aconsejó el gran manipulador, el depredador de manual.

Hace un año, cuando estalló el escándalo, el padre de Stephens se suicidó. “Llevo yendo a por ti durante mucho tiempo. He dicho tu nombre a monitores con la esperanza de que te denunciaran. Dije tu nombre a los servicios de protección de menores dos veces. Testifiqué para que te revocaran la licencia médica. Quizás ahora te das cuenta de que las niñas pequeñas no se quedan pequeñas para siempre. Crecen y se convierten en mujeres fuertes que vuelven para destrozar tu mundo”. Stephens y Denhollander se abrazaron este miércoles en la sala del condado de Ingham cuando escucharon la sentencia.

Un antes y un después

Se acaba así el juicio más relevante en la historia del deporte contra un depredador sexual que jamás volverá a salir de la cárcel. Pero la moraleja es que él no es el único “monstruo” (como se referían a él las supervivientes), sino que tuvo ayuda con silencios, con cómplices, en instituciones y organismos que desoyeron una y otra, y otra vez las quejas de conductas sexuales inapropiadas por parte de Nassar. Él era una eminencia, el médico de la selección olímpica de gimnasia, una especie de dios al que acudían niñas de todo el país para que las sanara y que cuando se atrevieron a hablar chocaron contra un muro de indiferencia.

Así lo han dicho las deportistas, como la estrella Aly Raisman: “Si durante todos estos años, tan solo un adulto hubiera escuchado y hubiera tenido el valor y el carácter para actuar, esta tragedia se podría haber evitado. Yo y tantas más como yo no te habríamos conocido. Larry; deberías haber estado entre rejas desde hace mucho tiempo. En estos 30 años, cuando una superviviente alzaba la voz, adultos y más adultos, muchos en posiciones de autoridad, te protegieron, diciéndole a las supervivientes que estaba todo bien y que tú no estabas abusando de ellas. Es más, varios adultos las convencieron para que pensaran que estaban siendo dramáticas y se habían equivocado. ¡Esto es como si abusaran de ti otra vez!”.

La jueza Aquilina ya ha dejado muy claro que ahora hay que depurar responsabilidades y abrir una investigación más profunda. Porque, como afirmó la abogada Povilaitis, “¿qué dice esto sobre nuestra sociedad?”. Y la respuesta no puede ser otra que la de que está podrida...

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