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'Una verdad muy incómoda': salvemos al planeta del cambio climático (y de Al Gore)

La secuela de la oscarizada 'Una verdad incómoda' recuerda el papel jugado por Gore en la conferencia que culminó en el Acuerdo de París de 2015

Foto: Al Gore protagoniza 'Una verdad muy incómoda'. (Paramount)
Al Gore protagoniza 'Una verdad muy incómoda'. (Paramount)

Teníamos que hacer lo que Al Gore nos dijo, o de lo contrario la naturaleza se vengaría de nosotros. Y no lo hicimos. Y ahora recibimos un segundo aviso, encarnado en una película que preferiría no existir y que, quizá por ello, no parece tener claro qué es o debería ser. 'Una verdad muy incómoda', para entendernos, es la continuación de 'Una verdad incómoda', documental con el que el exvicepresidente de Estados Unidos hizo saltar las alarmas acerca del cambio climático y que en el proceso inspiró a las masas a pasar a la acción —o, al menos, a pegar un pósit en la nevera para recordarse que tenían que hacerlo—. Y luego, como si de los disquetes o del rubio de 'Sensación de vivir' se tratara, nos olvidamos.

Por eso, una secuela de aquella película ganadora del Oscar —más por sus intenciones y su significancia, eso sí, que por sus méritos artísticos— es absolutamente relevante; en la última década, de hecho, las evidencias de que las profecías de Gore estaban en lo cierto se han acumulado como platos sucios en la cocina de un piso de solteros: la temperatura del planeta sube, los cascos polares se derriten, las ciudades se inundan, proliferan las tormentas y las sequías. Y, sin embargo, el impacto de la nueva película será sin duda menor que el de su predecesora; y no solo porque en los últimos años han visto la luz numerosos documentales medioambientales, muchos de ellos mejores que 'Una verdad incómoda' y que esta continuación.

Al Gore, en un viaje a Filipinas durante el rodaje de 'Una verdad muy incómoda'. (Paramount)
Al Gore, en un viaje a Filipinas durante el rodaje de 'Una verdad muy incómoda'. (Paramount)

Parte de la película que hoy se estrena está dedicada a contemplar a Gore —una figura más canosa y más gruesa de lo que recordábamos— mientras da versiones actualizadas de sus charlas ilustradas sobre los peligros del calentamiento global a acólitos cuya misión será propagar el mensaje a audiencias más amplias. Los directores Bonni Cohen y Jon Shenk, eso sí, parecen haberse tomado muy a pecho a quienes se quejaron de que la primera película no era más que una aburrida presentación de PowerPoint, y por tanto la acción del filme constantemente se baja del escenario para ir no se sabe muy bien adónde.

La película parece más interesada en la vida diaria del expolítico que en el aumento del nivel del marA ratos acompaña a Gore de visita a lugares donde los efectos del cambio climático son evidentes, por momentos encadena imágenes de archivo de catástrofes naturales que ya conocemos por los telediarios, una y otra vez nos muestra a su protagonista reuniéndose con líderes políticos e incluso, en ocasiones, lo acompaña de paseo por su hogar de la infancia o lo contempla mientras comparte anécdotas personales. De hecho, la película a menudo parece más interesada en la vida diaria del expolítico que en el aumento del nivel del mar. Humanizar a Gore era algo que la primera película ya hacía, pero entonces tenía sentido; el público no escucharía sus palabras si no sentía simpatía por él. En esta ocasión, sin embargo, da la sensación de que poner el foco en asuntos privados es una forma de distraernos de lo poco que los cineastas tienen que decir más allá de lo obvio.

Al Gore, en una reunión con los CEO de Silicon Valley. (Paramount)
Al Gore, en una reunión con los CEO de Silicon Valley. (Paramount)

En ese sentido, buena parte del metraje es dedicado al papel jugado por Gore en la conferencia que culminó en el Acuerdo de París de 2015, y de hecho la película parece defender que aquel pacto no se habría logrado de no ser por su heroico protagonista. Más aún, 'Una verdad muy incómoda' sugiere que Gore encarna el faro del movimiento medioambiental mismo. Las constantes palmaditas en la espalda que el antiguo vicepresidente recibe lo convierten en una contradicción andante: por un lado, es un servidor público decidido a hacer todo lo posible para salvar el planeta, y por otro demuestra estar encantado de que las cámaras se aparten una y otra vez del meollo de la cuestión para que él y su trabajo puedan chupar cámara. Lo vemos y oímos afirmar que siente tener la razón, y que confía en que habrá quienes compartan su fervor. Mientras enseña a sus seguidores cómo propagar la palabra, queda en evidencia su celo proselitista.

'Una verdad muy incómoda' sugiere que Gore encarna el faro del movimiento medioambiental mismoEso no significa, por supuesto, que lo que Gore dice no sea científicamente cierto. Después de todo, los argumentos esgrimidos por quienes niegan el cambio climático no se apoyan en certidumbres sino meramente en un escepticismo promovido intelectual y financieramente por quienes tienen intereses económicos en el mantenimiento de las viejas políticas medioambientales. Los negacionistas muestran una sordera frente a la evidencia tan absurda como la de quienes defienden que el hombre nunca llegó a la Luna o que el Holocausto nunca existió. Frente a eso, sin embargo, la película no ofrece estrategias ni para persuadir a esos despistados ni para empujar a los ya convencidos de que cambien efectivamente sus hábitos, a pesar de que esa exclusivamente es su razón de ser.

Cartel de 'Una verdad muy incómoda'.
Cartel de 'Una verdad muy incómoda'.

Pese a ello, 'Una verdad muy incómoda' muestra un optimismo respecto a nuestra capacidad para cambiar las cosas que resulta incompatible con el ascenso a la Casa Blanca de un tipo que considera el cambio climático una estafa y tiene la intención de sabotear todas las políticas contra el calentamiento global. Como consecuencia, la película se percibe desactualizada, a pesar de unos intertítulos finales que lamentan la victoria de Donald Trump —fue completada antes de que esta se produjera—. En última instancia, sin embargo, habla de un problema que podría afectar seriamente a nuestros hijos o a sus hijos y, por tanto, habría que verla. Su mérito es su existencia misma.

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