el italiano divide a cannes con 'youth'

La gran vejez de Paolo Sorrentino

El director de La gran belleza presenta una mirada más ligera y plácida a la edad madura. 'Mountains May Return' , de Jia Zhangke se une a la lista de favoritas a la Palma de Oro

Foto: El equipo de 'Youth', de Paolo Sorrentino en Cannes (Reuters)
El equipo de 'Youth', de Paolo Sorrentino en Cannes (Reuters)

Jep Gambardella, el rey de los mundanos que ejercía de anfitrión de La gran belleza, se desdobla en la nueva película de Paolo Sorrentino en dos personajes. Fred y Mick son dos viejos amigos que comparten estancia vacacional en un lujoso balneario en los Alpes suizos. Fred (Michael Caine) es un prestigioso compositor y director de orquesta ahora retirado. Mick (Harvey Keitel), un director de cine que trabaja con su equipo de jóvenes guionistas para acabar el libreto de su nueva película. Ambos además son consuegros: la hija de Fred, Lena (Rachel Weisz), acaba de ser abandonada por su esposo, hijo de Mick.

Fred y Mick comparten los achaques y nostalgias de su edad en un escenario donde resuenan tanto los ecos de La montaña mágica de Thomas Mann en la concepción del sanatorio alpino como escenario para todo tipo de digresiones a través de personajes varios, como del 8 ½ de Federico Fellini: Sorrentino parafrasea literalmente el film en una escena en que Mick se ve atosigado por todas las actrices/personajes femeninos de sus carrera.

Youth recoge todas las constantes habituales del cine de Paolo Sorrentino desde una perspectiva más ligera. Como si el italiano hubiera tenido claro que intentar sobrepasar el éxito de La gran belleza con un film todavía más barroco y sobrecargado significaba dirigirse derecho al precipicio. En este caso, ha optado por rebajar la solemnidad sin eliminarla del todo de manera que los tics de la película resultan menos irritantes que en otro registro. Hay una constante reivindicación de la idea de ligereza en Youth. Entre los muchos personajes secundarios que pueblan el balneario encontramos a un monje tibetano que levita, a un escalador que desafía el vacío a grandes alturas y a una Miss Universo que alecciona a un joven actor (Paul Dano) sobre el abuso de la ironía: cuando se utiliza emponzoñada de veneno no denota otra cosa que frustración, le espeta la mujer como si estuviera pensando en Jep Gambardella.

Y Sorrentino se aplica la lección. Hay más ternura hacia los personajes, también los secundarios, aquí que en La gran belleza. El trasunto de Maradona con el rostro de Karl Marx tatuado en la espalda, la joven del pueblo que se prostituye en el hotel, el viejo matrimonio que cena sin dirigirse la palabra, la masajista que baila sola en su habitación, el monje tibetano... le sirven a Sorrentino para introducir notas de color humorístico, pero no observa a estos personajes con el implacable cinismo al que recurría en su film anterior. Y el italiano incluso reprime su gusto por los suntuosos planos secuencia que ha convertido en marca de la casa.

'Youth' recoge todas las constantes habituales del cine de Paolo Sorrentino desde una perspectiva más ligera

Como en This Must Be the Place, también rodada en inglés, aquí Sorrentino ha vuelto a prescindir  de su actor habitual, el gran Toni Servillo. En su lugar, el británico Michael Caine y el estadounidense Harvey Keitel contribuyen a otorgarle ese punto de frescura a una película que no obvia los problemas de dos hombres enfrentados a la vejez: el peso del pasado, la nostalgia por los amores no consumados, la decadencia del trabajo, la pérdida de la memoria, los achaques de salud, la fragilidad del autor que se expone a través de su obra... Buena parte del encanto de Youth reside en esta hermosa historia de amistad entre dos hombres que “solo se explican las cosas positivas”. A esta pareja de ancianos que, de forma insólita, copa la mayor parte del protagonismo del film se une momentáneamente Jane Fonda, en una breve pero intensa aparición donde se come la pantalla.

El tramo final de Youth recupera parte de la gravedad ausente en el resto del film y, en su totalidad, la película no consigue producir la misma contundente fascinación de La gran belleza. A los detractores del cine del italiano tampoco les faltarán motivos para  seguir odiándolo: Youth peca de cierta trascendencia un poco tópica, salidas de tono visual en forma de sueños barrocos (esa onírica Venecia tomada por la acqua alta o la extravagante pesadilla protagonizada por Paloma Faith...), algunos gags demasiado fáciles, un punto de autoindulgencia y un uso fastuoso de la banda sonora que tiene su culminación en la escena final... Pero también es una hermosa aproximación a la vejez como estado vital a través de dos actores en estado de gracia.

El desarraigo de la China globalizada

El cine de Jia Zhangke es clave para entender las mutaciones en la China contemporánea. El director más importante surgido de la República Popular en los últimos años ha filmado las transformaciones en el paisaje social y económico del país en films como Platform, The World, Naturaleza muerta o Un toque de violencia. Mountains May Return sigue radiografiando estos cambios, pero esta vez propone también una proyección de futuro. La película que se presenta en el festival esta misma jornada observa el progresivo desarraigo de la juventud china a través de una saga familiar que se expande en tres épocas diferentes: a finales de los noventa, cuando China ya se sumerge en el giro radical hacia el capitalismo; en 2014, ya instalada en la era de la globalización; y en 2025, en una Australia donde crece una generación de jóvenes emigrados que ni tan siquiera saben hablar la lengua de sus padres. Cada etapa está filmada en un formato de pantalla diferente, desde el académico del primer capítulo al panorámico del último.

Jia parte de tres personajes arquetipos que le permiten perfilar estos cambios. El primer episodio está protagonizado por Tao (su actriz habitual Zhao Tao), una muchacha que se debate entre dos pretendientes, Liangzi, un joven que trabaja en una mina a punto de ser privatizada,  y Zhao, que está prosperando como nuevo emprendedor. Tao tiene que escoger no solo entre dos hombres, también entre dos formas opuestas de entender el presente y el futuro de China.

Zhao Tao y Zhang Yi presentan 'Mountains may depart' en Cannes (Reuters)
Zhao Tao y Zhang Yi presentan 'Mountains may depart' en Cannes (Reuters)

En el segundo capítulo, Tao ya se ha divorciado de Zhao, que vive en Shanghai con el hijo de ambos. Aquí se retrata la prosperidad de los nuevos capitalistas y el cierto abandono de quienes se mantuvieron fieles a la economía comunista. En el tercer episodio, el hijo de Tao y Zhao, ya universitario, vive en Australia con su padre, mientras aprende los conceptos básicos de una cultura china que prácticamente desconoce con una profesora con la que inicia una relación. El joven se plantea recuperar las raíces a las que ha renunciado en plena era de globalización.

Mountains May Return es la película más lineal, clásica, accesible y narrativa de Jia Zhangke. También, en cierto sentido, la más plana y evidente. El film se abre con un grupo de jóvenes chinos bailando al son del Go West de Pet Shop Boys. Una imagen tan potente como de fácil lectura, a la manera de otras chanzas como que el nuevo capitalista llame a su hijo Dollar. A pesar de su cierta simpleza, la película ha sido muy buen recibida en el Festival de Cannes y algunos la sitúan como una firme aspirante para la Palma de Oro.

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