denis villeneuve presenta su nueva película

La guerra sucia contra el narcotráfico llega a Cannes con 'Sicario'

El canadiense filma este eficaz thriller con Benicio del Toro y Emily Blunt como protagonistas. Fría acogida para 'Marguerite et Julien', de la francesa Valérie Donzelli

Foto: El actor puertorriqueño Benicio del Toro (dcha) y la actriz británica Emily Blunt posan para los fotógrafos durante la presentación de la película 'Sicario' en Cannes (EFE)
El actor puertorriqueño Benicio del Toro (dcha) y la actriz británica Emily Blunt posan para los fotógrafos durante la presentación de la película 'Sicario' en Cannes (EFE)

En una escena de Sicario, el agente del gobierno a quien da vida Josh Brolin explica a la protagonista por qué echan en falta la época del cartel de Medellín: cuando el negocio de la droga representaba casi un monopolio, el control del narcotráfico resultaba mucho más fácil. Mientras que ahora, con el poder  más repartido, la guerra contra los carteles se ha complicado exponencialmente. Medellín representa el pasado, mientras que Sicario tiene lugar en un contexto que se define como el futuro: Ciudad Juárez y toda la frontera entre México y Estados Unidos, un territorio de lobos en palabras de otro personaje.

Kate (Emily Blunt) es una agente del FBI especializada en secuestros que, tras ser testigo durante una operación de la brutalidad de los crímenes de los narcotraficantes, decide apoyar una operación encubierta liderada por Alejandro (Benicio del Toro), un misterioso asesor colombiano,  y el  agente del gobierno Matt (Josh Brolin), cuyo objetivo es apresar a un señor de la droga.

Benicio del Toro en una escena de 'Sicario'
Benicio del Toro en una escena de 'Sicario'

Sicario adopta la mayor parte del tiempo el punto de vista de Kate, con el que se identifica también el espectador. Kane encarna al personaje  que intenta mantener su código ético en un conflicto donde ya no valen las reglas, donde han desaparecido los límites morales. Es quien mantiene la distancia crítica ante los muy cuestionables métodos empleados por los veteranos en el asunto. Y como a Kate, los entresijos de la guerra sucia contra la droga se nos aparecen por momentos confusos. Intentar entender el funcionamiento de un cartel es como querer comprender el mecanismo de un reloj, explica Alejandro.

El quebequés Denis Villeneuve se empezó a labrar cierta reputación en el panorama cinematográfico internacional a principios de este siglo con títulos como Maelstrom, Polytecnique (un film sobre el feminicidio perpetrado en una universidad de Montreal en 1989 en el que pesaba la influencia de Elephant de Gus Van Sant) e Incendies, adaptación de la obra teatral de Wajdi Mouawad.

Las películas de Villeneuve siempre acaban recordando a las de algún otro cineasta. En el caso de Sicario, el canadiense ejerce de alumno aventajado de Michael Mann y Kathryn Bigelow

En 2013 demostró que era un cineasta capaz tanto de rodar en Hollywood como de filmar una obra independiente, con dos títulos de diferente calibre protagonizados ambos por Jake Gyllenhaal. Por un lado la ambiciosa Prisioneros, cercana a los thrillers malsanos de David Fincher. Y por otro, la coproducción española Enemy, más interesada en aproximarse a los universos de David Lynch y David Cronenberg.

Porque las películas de Villeneuve siempre acaban recordando a las de algún otro cineasta. En el caso de Sicario, el canadiense ejerce de alumno aventajado de Michael Mann y Kathryn Bigelow. Como el primero, la película adopta un tono de tensión seca y sobria que da pasos en algunos momentos a brillantes secuencias de acción, como aquella que tiene lugar en uno de los túneles subterráneos que atraviesan la frontera entre México y Estados Unidos, escenario concebido como un frente de guerra. Y Sicario se acerca a La noche más oscura de Bigelow a la hora de reseguir la búsqueda de un enemigo número uno desde el rigor procedimental de los agentes encargados del tema. Una vez más, Villeneuve se desvela como un director eficaz y resolutivo al que sin embargo siempre le falta otorgar cierta personalidad propia a sus películas. Y como ya sucedía en Prisioneros, el canadiense juega con el fuego de la ambigüedad en lo que parece cierta justificación de la violencia justiciera.

Pasión incestuosa de leyenda

Sin despertar entusiasmos unánimes, Sicario sin embargo ha sido mejor recibida entre la prensa acreditada que la otra película a concurso del día, Marguerite et Julien de Valérie Donzelli. El nuevo film de la directora de Declaración de guerra (ese maravilloso drama pop en torno a una pareja de padres que deben afrontar la grave enfermedad de su hijo recién nacido) representa todo un cambio de registro. A partir de un guion de Jean Gruault que en su momento debía dirigir François Truffaut, Marguerite et Julien se basa libremente en la historia real de los hermanos Ravalet, miembros de una familia aristócrata de la Francia del paso del siglo XVI al XVII que fueron ejecutados por mantener un romance incestuoso. Poco antes de su decapitación, Marguerite había dado a luz al hijo de ambos.

Donzelli propone una obra metanarrativa donde la historia de amor entre los protagonistas se sitúa en el territorio propio de la leyenda. Para la directora, el incesto significa el tabú eterno, la pasión prohibida en todas y cada uno de los siglos desde todos los estamentos. El amor entre los dos hermanos es censurado por el tío eclesiástico y por la ley. Pero también por un padre que representa los ideales liberales de la ilustración. Por ello, Marguerite et Julien juega conscientemente al anacronismo en la puesta en escena y así evita de paso funcionar como el típico film de época romántico. La propuesta de Donzelli, sin embargo, resulta más interesante en el plano teórico que en el resultado final. Marguerite et Julien es una película sobre una pasión más poderosa que la muerte que no consigue transmitir su romanticismo a los espectadores.

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