Wim Wenders vive de las rentas pasadas
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El director recibe el oso de honor en la Berlinale

Wim Wenders vive de las rentas pasadas

El director recibe el premio honorífico y presenta una de las peores películas de su filmografía. Un melodrama en 3D con James Franco de protagonista

Foto: El director Wim Wenders y James Franco presentan su última pelicula en la berlinale (Gtres)
El director Wim Wenders y James Franco presentan su última pelicula en la berlinale (Gtres)

La melancolía no es el estado ideal para un festival dispuesto a exhibir las tendencias más audaces del cine contemporáneo. Sin embargo, hoy fue inevitable entrar en ese estado al asistir a la nueva película de Wim Wenders, Everything Will Be Fine. La Berlinale concede en esta edición su Oso de Oro honorífico al realizador. Ese merecido homenaje al que fue sin duda una de las figuras clave del Nuevo Cine Alemán, ha quedado ensuciado por esta obra menor.

Su protagonista es Tom, un escritor interpretado por James Franco que intenta aislarse del mundo para desarrollar su próxima novela. A su crisis de inspiración se suman los problemas con su novia, Sarah. Absorto en esta vorágine de problemas, Tom arrolla con su coche a dos niños. Uno de ellos morirá en el accidente. Aunque la policía le libra de cualquier cargo, el escritor es consciente de su gigantesco error que ha dejado a una madre soltera (Charlotte Gainsbourg) sin uno de sus hijos. Este suceso lleva al protagonista hasta una depresión total que desemboca en un intento de suicidio. Después resurgirá de sus cenizas utilizando la experiencia traumática para su literatura, encontrando el amor en otra persona y apoyando a la madre y al hermano del niño fallecido.

En su encuentro con los medios Wenders subrayó que “el propio título adelanta el tono de cuento de hadas que tiene la película. El tema es cómo superar el trauma, el dolor causado a una familia que ni siquiera conoce. Tom de siente responsable de su futuro. Creo que su gesto es muy generoso.” Para James Franco, “si mi interpretación tiene algo de minimalista, eso tiene que ver con la dirección de Wim. Tom vive para su trabajo, es poco expresivo en sus relaciones personales. Esa era una parte importante del personaje, pero también del tono general de la película. Con mi trabajo siempre intento adaptarme a lo que quiere el director, ayudarle a que consiga la película que tiene en la cabeza.”

El film está rodado en 3D. Sobre la decisión de utilizar este formato de imagen, que ya había probado en su documental Pina (2011), el director señaló: “el 3D aporta un tono hiperrealista a la película. Creo que esta tecnología nos acerca a la realidad. La elección del director de fotografía fue crucial. Pensé durante mucho tiempo en trabajar con un especialista en 3D, pero después me di cuenta de que necesitaba justo lo contrario. El trabajo de Benoît Debie es fantástico, una aportación al 3D totalmente diferente del resto. Es un hombre que toma todos los riesgos imaginables.”

Resulta imposible encontrar el rastro de las grandes obras de Wenders en Everything Will Be Fine. Si películas como París, Texas (1984) o Cielo sobre Berlín (1987) mostraban a un virtuoso retratista de las emociones humanas más profundas, su nuevo trabajo sigue los parámetros del melodrama de sentimientos explícitos, representados de forma rutinaria. Una película lánguida que aborda con moralismo cuestiones delicadas como la culpa y la redención.

Rusia deconstruida

La debacle de Wenders se compensó con Under Electric Clouds (Alexey German Jr.), excelente film ruso que se erige como una de las apuestas de mayor fuerza artística de la Competición. El director estructura su trabajo en siete capítulos que muestran diferentes fisuras de la Rusia contemporánea, atendiendo siempre al convulso pasado del país.

Todo sucede en los terrenos de un hombre influyente, creador de un ambicioso proyecto artístico, cuya muerte deja el futuro de ese espacio en el aire. Los familiares del fallecido, un trabajador kirguizo y el arquitecto que diseñó el lugar, se encuentran entre los personajes que pasean por esa tierra de nadie.

German plantea una incisiva reflexión sobre el devenir de Rusia: “Van a destruir los edificios que construimos y que nunca pudimos acabar”, dice el arquitecto hacia el final del film. Evidentemente, sus palabras deben relacionarse con la historia de la nación a partir de la Revolución de Octubre. Una de las protagonistas se sienta sobre una gigantesca estatua de Lenin que señala con su dedo el horizonte. En el film encontramos también estalinistas, nostálgicos de Gorbachov y colaboradores de Yeltsin.

El realizador muestra con elegancia el inmenso arco ideológico de la Rusia de los últimos cien años. Encontramos también una inquietante mirada hacia el futuro: un país dispuesto a destruir su legado artístico para después vender el terreno al mejor postor. Under Electric Clouds debe leerse como una desencantada visión de las políticas de Putin. El discurso de German no es tan directo como el de Leviathan, la celebrada película de Andrey Zvyagintsev que se estrenó en España hace pocos meses, pero su dimensión va más allá de la denuncia concreta. Su objetivo es conectar presente y pasado para iluminar las grandes contradicciones de Rusia.

Dirigida mediante extensos planos secuencia magistralmente compuestos, Under Electric Clouds es, junto a la de Terrence Malick, la propuesta estética más personal de cuantas se han presentado hasta el momento en la Berlinale.

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