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"¡Ninfómanas!". "¡Pardos!". Sobre el ritual de apareamiento en los colegios mayores
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"¡Ninfómanas!". "¡Pardos!". Sobre el ritual de apareamiento en los colegios mayores

Bajo las normas que rigen en la sociedad, bajo lo normativo, el rito no solo se vuelve absurdo, sino que con frecuencia parecerá inmoral o peligroso

Foto: Fotograma del vídeo de los estudiantes del Colegio Mayor en el que insultan a las mujeres. (Tiktok)
Fotograma del vídeo de los estudiantes del Colegio Mayor en el que insultan a las mujeres. (Tiktok)

Mirad, a mí nunca me ha gustado la bravuconería machuna, el engorilamiento, ni tampoco el cortejo. Nunca se me ha dado bien el pavoneo en discotecas, ni mis amigos han sido particularmente lanzados, ni me ha interesado. Tampoco he ido a un colegio mayor, y lo que pasaba en esos sitios, el gregarismo de las hermandades y los ritos de paso, siempre me pareció vulgar.

Pero. ¡Pero! Ay, siempre un pero, ¿eh? Qué previsible. Pero el escándalo nacional en torno al vídeo del colegio mayor Elías Ahuja y sus vecinas del Santa Mónica me parece delirante. Permitidme un salto en paralelo para arrancar el argumento.

En el vídeo que circula por internet, tu hijo de ocho años acude a la llamada de un hombre viejo y calvo, vestido de forma muy extraña, con lo que parece una falda cubriéndole las piernas. El viejo, tras murmurar unas palabras ininteligibles, acerca a la boca de tu hijo una copa de vino, y el niño, quieto como un palo, le da un trago. ¡Alarma! Pero no: acabo de describir una primera comunión.

¿Qué quiero decir con esto? Una: un rito siempre necesita ser explicado. Y dos: un rito siempre debe ser leído en su propio código. Bajo las normas que rigen en la sociedad, bajo lo normativo, el ritual no solo se vuelve absurdo, sino que con frecuencia parecerá inmoral o peligroso. De nuevo: niños de ocho años bebiendo el vino que les entrega un hombre viejo que lleva falda. El rito no solo juega en otra liga, sino que se juega con sus propias reglas.

Si a algo se parece el rito, es al juego de los niños. Esto lo saben bien los antropólogos: la invención de las normas y su cumplimiento, en el marco del juego libre, es la parte más importante para la formación de los niños. Es la invasión del pensamiento simbólico. Tú la llevas (¿qué llevas?), tú la tienes (¿qué tienes?), tú vas a ser el médico y yo voy a ser el paciente; tú la mamá y yo el papá; ¡penalti!

En el ritual del juego, los niños cumplen reglas rígidas, estereotipadas. Las reglas en el rito y en el juego no sirven fuera

Bien. Bajo esta óptica es como yo leo la bravuconada de los colegios mayores de Madrid, ese fragmento de vídeo viralizado donde un montón de chicos hacen la berrea, gritan “putas” y “ninfómanas” a las del colegio de enfrente, y les dicen que se las van a follar a todas. ¡Qué más quisieran ellos! Me parece un rito horroroso, la verdad, y machista. Como tantos otros. La cuestión es que eso no es el vídeo completo. El rito tiene dos partes, y las chicas responden en la segunda.

Podéis ver la respuesta aquí. Y podéis leer sus declaraciones: ellas dicen que sí, que palabras muy feas, pero que es un juego. ¡Un juego! Acordado. Estereotipado. Regido por sus reglas: ¡vamos a decir barbaridades! Es radicalmente diferente que un grupo de chicos se coordine para molestar a chicas con palabras tan horrendas y que dos colegios mayores celebren este intercambio de obscenidades. ¡Es radicalmente diferente! Por eso ellas los defienden. No porque estén alienadas. Porque participan de algo que no es lo que está saliendo en los medios.

Se ha vendido la historia en la prensa con las reglas de la prensa, es decir, como un caso de acoso sexual masivo, ¡la Manada 'strikes back'!, y la cosa se ha ido tanto de madre que autoridades como el presidente Sánchez o la ministra Montero han lanzado declaraciones. La Fiscalía investiga delito de odio. Y a las chicas, por decir que están "jugando" (palabra textual) con los vecinos, poco menos que las llaman mujeres maltratadas con el síndrome de Estocolmo. Se las victimiza aunque ellas insistan (tozudas) en que estaban de coña los presuntos. ¡Pues nada!

Eh: a mí tampoco me gusta. Pero hay tantas cosas que no me gustan y a otros sí... Hay quien ve el programa de Jorge Javier y siente que se empodera. ¡No se me ocurriría negarlo! Allá cada cual. Las chicas han dicho: "es un pique. Un pique. No estamos ofendidas". A la gente le da igual lo que digan las presuntas víctimas. Que nada interrumpa el paso de Semana Santa.

Bueno, para seguir con los ritos, hemos iniciado otro. Un ritual de castigo viejo como el mundo: el del chivo expiatorio. Y se ha elegido a uno de los chicos como 'cabecilla' (era el que llevaba la voz cantante) y lo han expulsado. Y a varios más. ¡Ole! El hipócrita director del colegio mayor ha salido a decir que esto les pilla por sorpresa. Miente como un bellaco y un cobarde. Esto lo hacen siempre. Si hay un responsable, es la institución.

Pregunto a un excolegial. Esto es lo que me dice: “Los del Ahuja follan menos que los Ropper (como cualquier universitario). Y las del Mónica son hipotéticamente sus 'concubinas', pero simplemente por ser de la misma (extinta) congregación (ahora fundación). En mi época nos gritábamos las consignas pertinentes y luego nos íbamos de botelleo juntos. Y nos cagábamos vivos cuando teníamos a una tía delante”. ¿Cómo leo estas palabras? El juego sirve para hacer lo que no se puede hacer fuera del juego.

placeholder Fachada del colegio mayor Santa Mónica de Madrid. (Foto: EFE/Rodrigo Jiménez)
Fachada del colegio mayor Santa Mónica de Madrid. (Foto: EFE/Rodrigo Jiménez)

En esta línea van las declaraciones de los chicos del colegio mayor, y las de las chicas. Así que no es que un grupo de hombres se haya coordinado para acosar desde las ventanas a un grupo de muchachas, es quedar, en las ventanas, para insultarse con las de enfrente. Y ellas, también en las ventanas, graban con los móviles, y les contestan. Y suben los vídeos. Si buscáis, los hay de otros años. Vídeos con muchos 'likes', y vídeos grabados por ellos de las respuestas —desplantes, desafíos— que lanzan las chicas desde sus balcones.

Cuando grabaron a Pablo Echenique en una cena cantando una jota que decía "chúpame la minga, Dominga, que tiene sustancia…", hubo quien puso el grito en el cielo, ¡qué machismo! Y pensaba yo: pues vale, será machista y casposo, pero con el relato del acoso sexual y todo lo demás, como que no me parece que encaje. Una sociedad que no es capaz de hacer gradaciones es una sociedad infantil. Normal que los juegos obscenos de adolescentes salidos nos parezcan delitos de odio.

Ellas están, también en las ventanas, grabando con los móviles, y luego les contestan

Tal vez una clave de todo sea el hecho de que en ese colegio mayor sean más pijos que la hostia. De ahí la utilización política. Allí estuvo Pablo Casado y escribió unos ripios marranos, hormonados, de la altura y el estilo elevado de los cánticos proferidos por las ventanas. También se han publicado vídeos de los colegiales haciendo el saludo nazi y cosas así. Delfines ricos jugando a la machotada. Yo no me metería ahí ni para robar teléfonos móviles. Pero la extrapolación histérica de todo esto y el tamaño del escándalo no dejan de asombrarme.

Ya digo: a mí también me parece todo eso de muy mal gusto, pero recuerdo haber cantado con esa edad letras del Chivi sin que eso me convirtiera en un agresor. Se puede extrapolar que esa forma de jugar con las de enfrente está directamente relacionada con las violaciones. Pero para esto habría que buscar pruebas, y demostrarlo, y no están por la labor. Queda bien decir que hay una relación causal entre una cosa y otra, pero hay opinión. Opinión, como la mía, pero más popular.

Acabo. A mi juicio aquí están denunciando que un hombre vestido con faldas ofrece alcohol a un niño de ocho años. Es decir: están encajando una necesaria y beneficiosa campaña de concienciación contra el consumo de alcohol excesivo… en el vídeo de una primera comunión. Se ve que estoy loco...

Mirad, a mí nunca me ha gustado la bravuconería machuna, el engorilamiento, ni tampoco el cortejo. Nunca se me ha dado bien el pavoneo en discotecas, ni mis amigos han sido particularmente lanzados, ni me ha interesado. Tampoco he ido a un colegio mayor, y lo que pasaba en esos sitios, el gregarismo de las hermandades y los ritos de paso, siempre me pareció vulgar.

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