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La guerra cultural que se ha desatado en el interior: Vox contra la España Vaciada
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'TRINCHERA CULTURAL'

La guerra cultural que se ha desatado en el interior: Vox contra la España Vaciada

Dejemos de lado los chuletones, la calidad de la carne, lo woke y demás lugares comunes en las peleas últimas. La lucha política y de valores está tomando nuevas expresiones

Foto: Jóvenes emigrando a la gran ciudad.
Jóvenes emigrando a la gran ciudad.

Hay guerras culturales que van más allá de las usuales confrontaciones sobre la cancelación, los trans, el mundo woke y demás lugares últimamente comunes. Un buen ejemplo aparece en la polémica levantada por el candidato de Vox para Castilla y León, de quien se han resaltado una serie de tuits homófobos, pero del que se ha obviado el movimiento de fondo que supone su designación y la intención de Vox con ella.

Vox es un partido cuyos votantes suelen ser varones mayores de 40 años, un sector en el que triunfan de manera insistente. Desde hace algún tiempo, y según reflejan los encuestadores, si solo votaran en España los hombres mayores de esa edad, serían el primer partido en España. Es un nicho que no pueden perder. ¿Por qué, entonces, elegir a un candidato joven, como Juan García-Gallardo Frings? En primera instancia, porque necesita reforzar su voto en otros ámbitos de edad. Pero, sobre todo, porque creen que un perfil de esas características apelará y atraerá tanto a jóvenes como a mayores.

Foto: El letrado Juan García-Gallardo Frings. (Fuente: web del despacho García-Gallardo)

Lo explicaba Santiago Abascal de esta manera: "Va a lanzar un mensaje que necesita precisamente Castilla y León, una tierra que ha visto a toda una generación marcharse de allí porque no había futuro, porque los políticos del PP y del PSOE han expulsado a muchos jóvenes. Van a ver a Juan como uno de sus hijos que han tenido que abandonar Castilla y León", expuso esta semana el líder del partido.

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Más allá de que la elección de Vox haya sido adecuada para sus propósitos o no, algo que se verá en las urnas, y de los méritos y deméritos del candidato en concreto, que no es el objeto de este artículo, conviene reparar en las tendencias de fondo, en los elementos culturales que están en juego, que son interesantes.

1. Los que se van y los que se quedan

Castilla y León, como otras regiones de la España vaciada, vive entre la decadencia y el orgullo. Muchas ciudades españolas se han convertido en una desalentadora mezcla de pensionistas, funcionarios, subcontratados de empresas dependientes del dinero público, empleados del sector servicios y establecimientos cerrados. Queda poca industria y el turismo aparece como último recurso.

Entre los principales afectados por ese declive están los jóvenes. La gran mayoría de ellos se ven obligados a emigrar, dado que los puestos de trabajo son insuficientes y que, por otra parte, no les ofrecen el recorrido profesional al que aspiran. Las ciudades globales están concentrado las oportunidades laborales, tanto en el sector servicios como en los sectores profesionales. Las grandes empresas, (las del Ibex, las grandes consultoras, los despachos jurídicos de renombre o las firmas de inversión) se ubican principalmente en ciudades grandes. Pero, al mismo tiempo, la creación de empleo en muchas provincias, ya sea en sus ciudades o en el campo, es lo suficientemente endeble como para que un porcentaje sustancial de su población deba marcharse a buscar empleo no cualificado a otros lugares.

"Creen, como nosotros, que sus hijos y nietos tienen derecho a aspirar a un futuro exitoso sin tener que mudarse de su ciudad natal"

Desde esa perspectiva, la apuesta simbólica de Vox trata de subrayar que el futuro debería ser diferente, que la gente joven debería, si ese fuera su deseo, tener una trayectoria profesional decente en su propia tierra. Algo a lo que, desde luego, mucha gente aspira, como señalan también desde las formaciones de la España Vaciada. Conviene señalar que no se trata de que quienes se marchan lo quieran o no, una voluntad que puede estar presente en ellos, sino de la simple posibilidad; sea o no su deseo, para hacer carrera, o simplemente para contar con un empleo, se ven obligados a emigrar. No ocurre sólo en España, sino que es una dinámica occidental. En el Reino Unido, en las zonas que pueden compararse con la España Vaciada, como el 'Muro Rojo', "creen, como todos nosotros, que sus hijos y nietos tienen derecho a aspirar a un futuro exitoso sin tener que mudarse de su ciudad natal". Ese malestar por los jóvenes que se marchan, que separa a familias y que empobrece su tierra, porque las personas con talento no pueden hacer nada por los lugares que los vieron nacer, es ya muy común.

Llama la atención esta forma de enfocar el problema que sufren las generaciones jóvenes, porque implica un cambio sustancial. Ha sido frecuente en los últimos tiempos afrontar esta situación desde un juego de suma cero. Desde la tecnocracia, y desde buena parte de la derecha, liberal o socioliberal, la tesis es común y se nota especialmente en asuntos como las pensiones: las mayores pretenden conservar su poder adquisitivo de manera insolidaria, lastrando a las generaciones futuras. Del mismo modo, muchas personas que ven limitadas sus carreras y frenado su ascenso, culpan a personas de más edad de establecer un cuello de botella, que impide el reconocimiento y que no les permite prosperar. Alrededor de estas cuestiones, se plantean toda clase de asuntos ligados a costumbres rancias, sobre la incapacidad de los mayores de 45 para adaptarse a los tiempos y sobre su inmovilismo. Incluso algunas opciones políticas, ya cerca de la desaparición, tuvieron su anclaje en esta lectura de que había que hacer borrón y cuenta nueva con las generaciones mayores.

Por tanto, no hay lucha de clases generacionales, sino una perspectiva común idónea para los mayores, para los jóvenes y para el territorio

Pero esa era una visión muy propia de las ciudades globales. En la España vacía se piensa el asunto generacional de otra manera. Y no solo por el guiño simbólico de Vox a la hora de elegir su candidato, mostrando a alguien que se ha quedado en su tierra y al que le va bien profesionalmente, sino por la insistencia de los partidos de la España Vaciada, que son los primeros en lamentar que personas preparadas, con energía e ideas tengan que marcharse de una tierra que les necesita. Su idea es crear las condiciones para que exista la posibilidad de que se queden y arrimen el hombro, porque sería mejor para todos. Por tanto, no hay lucha de clases generacionales, no hay juego de suma cero, sino una perspectiva común que sería idónea para los mayores, para los jóvenes y para el territorio. Y eso marca una diferencia clara, no solo porque desactiva tensiones, sino porque ofrece una mirada sobre el futuro distinta.

2. La fascinación por un futuro amable

Es natural que estas divergencias aparezcan a la hora de analizar los problemas, porque se trata de dos mundos muy diferentes. El primero, el de las ciudades globales como Madrid o Barcelona, ha vivido en un tiempo de crecimiento, de innovación y modernidad, y entendían que si el resto de territorios estaban inmersos en una espiral de decadencia era por la falta de ideas para resituarse en el nuevo escenario. Pero una vez que se tomó conciencia de que el problema era grave y global, que las dinámicas internacionales beneficiaban a unas cuantas ciudades y perjudicaban a las demás zonas de un país (y ha ocurrido en casi todo Occidente), y que esas tendencias producían efectos negativos sobre las mismas ciudades globales, ha penetrado un espíritu diferente. Sin embargo, la diferencia a la hora de analizar los problemas perdura.

Se puede percibir claramente en la polémica sobre la calidad de la carne, las macrogranjas y demás que ha abierto la campaña de Castilla y León. Entender regiones como Castilla y pensar las provincias interiores desde la imagen de la bucólica aldea y las vacas en libertad en pequeñas explotaciones es mentalidad de postal. Valladolid capital, León o Salamanca, entre otras ciudades, tienen problemas mucho más amplios que la agricultura y la ganadería, las poblaciones de escasos habitantes de la España interior también, y el mismo sector agroalimentario debe afrontar momentos difíciles respecto de los escasos márgenes que les quedan, y que van mucho más allá de las macrogranjas. Encarar ese conjunto de dificultades y retos desde el cambio climático y el bienestar animal, por un lado, o sobre la necesidad de alimentar al mundo a bajos precios, desde otro, suena bien en las ciudades grandes, pero se perciben de forma distinta en las regiones afectadas. Como señalan desde las formaciones de la España Vaciada, reducir sus necesidades a este tipo de confrontaciones es visto como muy reduccionista entre sus votantes. Es una constatación de que la discusión pública circula por los lugares menos provechosos, los más estereotipados.

Tanto en los PAU como en Malasaña, esa mezcla de innovación, modernidad, tecnología y vida amable y comunitaria, arraigó de manera intensa

Hay mucho de espíritu de los tiempos en esa reducción. En cierta medida, la constatación de que las cosas no van bien provocó en las ciudades globales, en expresión de Errejón, cierta "nostalgia del futuro", un sentimiento en el que "se mezclan la fascinación por la innovación tecnológica y el futuro con la añoranza de una calidad de vida, de relacionarse, de comer o de ocio que asociamos con un modo de vida de un pasado a veces idealizado, alejado del frenesí y la cultura de lo inmediato y lo efímero hoy reinante, y en el que se valorizan los placeres lentos o ancestrales que estaríamos perdiendo".

Esta doble dirección ha definido buena parte de la articulación urbanística y social de los últimos años. Las clases acomodadas se han reunido en urbanizaciones de lujo o en PAU, dependiendo de su poder adquisitivo, allí donde se podían encontrar con personas afines, con visiones del mundo similares, y en las que podían recrear, gracias a clubes o espacios de ocio exclusivos, una suerte de comunidad de iguales. En esos espacios, los placeres lentos, la comida de calidad o el ocio sosegado tienen gran prestigio, al igual que la innovación tecnológica. Por otro lado, generaciones jóvenes, la mayoría proveniente de clases medias y medias altas, se reunieron en barrios concretos, a los que gentrificaron, y en los que conformaron una comunidad de afines, en la que convivía gente de mentalidad y gustos similares. Malasaña o Lavapiés, en Madrid, fueron espacios en los que esa nostalgia del futuro, esa mezcla de innovación, tecnología y vida amable y comunitaria, arraigó de manera intensa.

Su aspiración no tiene que ver con la nostalgia, sino con el deseo de tener un futuro. No es un sentimiento bucólico, sino de dignidad

Es previsible que cuando esa visión penetra en capas influyentes en la sociedad se traslade a toda ella, y se convierta en un marco de análisis general. Las diversas periferias han sido analizadas desde esa perspectiva: un mundo rural limpio, amable e innovador, libre de las viejas trabas (como la baja productividad, la ausencia de emprendedores, las costumbres reaccionarias o las prácticas que contaminan), sería el idóneo. Lo malo es que esas aspiraciones estereotipadas chocan con la realidad.

Como cuenta Tomás Guitarte, diputado de Teruel Existe y cabeza visible de la España Vaciada, las provincias no son un lugar que viva en el pasado o que aspire a ser el paisaje de las postales. Hay gente desarrollando proyectos muy interesantes, hay planes, hay ideas, pero falta músculo. Tienen proyectos, pero su alcance es muy limitado por las escasas condiciones del entorno. Una región, en esas condiciones, no puede desarrollarse por sí misma, necesita apoyo exterior: las oportunidades están ahí, pero hay que convertirlas en realidad. No es falta de innovación, sino de apoyo, y eso exige pensar España de otro modo.

En esos lugares, su aspiración no tiene que ver con la nostalgia del futuro, sino con el deseo de tener un futuro. No es un sentimiento bucólico, sino de dignidad. Les mueve la posibilidad de mirar el porvenir con esperanza, de trazar planes vitales, para ellos y para sus hijos, y eso implica revertir el proceso de decadencia. Y ahí es donde están creciendo otro tipo de valores, mucho más a pie de tierra, y cuya articulación política circula entre los elementos pragmáticos y los ideológicos.

3. El pragmatismo de los perdedores

La sensación creciente de descontento, de abandono, está perjudicando a los partidos tradicionales, a las dos grandes formaciones, que son todavía dominantes, pero que deben enfrentarse a nuevas fuerzas políticas. En el ciclo anterior, en Castilla y León fue Ciudadanos quien canalizó ese malestar, pero una vez desactivado el partido naranja, las nuevas perspectivas están encarnadas en Vox y en la España Vaciada.

Ambas tratan de recoger, por caminos diferentes, un anhelo de seguridad y estabilidad que encuentra un punto de reunión en la identidad que les otorga el territorio. Vox lo hace desde lo ideológico, desde una batalla cultural fuerte, desde la afirmación nacional y desde el rechazo contundente de las fórmulas de las izquierdas. La apuesta de la España vaciada es la de movilizar desde una posición pragmática a gente de la provincia, y por eso muchos pequeños emprendedores han visto la opción con interés, y ampliar posibilidades a partir del refuerzo de sus posibilidades y de la presión para que las promesas se cumplan. Son conscientes, además, de que esta idea tiene que formar parte de la agenda nacional, que no caben únicamente los planteamientos regionalistas, sino que debe conformar una visión económicamente descentralizada de España. En ambos lados hay un sentimiento evidente de arraigo, que entronca con las ideas de desglobalización y relocalización. Por eso surgen términos como 'reindustrialización' o 'defensa contra la competencia desleal de terceros países'.

En todo caso, son opciones que surgen de la idea de que esos territorios están en declive y necesitan revertirlo. Más allá de quiénes las representen en la esfera política, lo que está en juego es el futuro, que sus hijos no tengan que emigrar obligatoriamente, que se frene una dinámica de pérdida de recursos, de posibilidades y de población. Arraigo, estabilidad, porvenir son algunos de los elementos comunes a partir de los cuales las nuevas opciones políticas están operando. Y esos son los asuntos a partir de los cuales las variables culturales comienzan a funcionar.

Castilla y León y la España vacía son buenos lugares para comenzar a entender hacia dónde van política y culturalmente los tiempos

Lo peculiar es que las dos opciones que aparecen en las nuevas fuerzas políticas se corresponden, en alguna medida y en un estrato menor, con las de los partidos consolidados. La España Vaciada dice apostar por un posibilismo pragmático, Vox se mueve mejor en lo identitario y en las guerras culturales. Pero el PSOE ha dicho que este es el tiempo de la recuperación económica y del reparto correcto de los fondos (y por lo tanto de lo pragmático) mientras que el PP parece haber optado también por lo identitario y lo cultural como elemento de choque político, quizá para cerrar puertas a Vox. En la medida en que PSOE y PP decepcionen a sus simpatizantes, y es probable que lo hagan, los partidos más pequeños crecerán. Es un signo de los tiempos, que incluye algunas advertencias pertinentes para Europa en general.

Sabemos que si la recuperación no sale bien, lo normal será que el eje gire hacia soluciones menos complacientes con el sistema. Lo significativo de las nuevas opciones en Castilla y León es que subrayan, por una parte, hasta qué punto esa recuperación en términos pragmáticos debe incluir a las zonas desfavorecidas y, por otra, que las opciones que emergen en las zonas perdedoras se dividen en dos: las que tratan de desprenderse de ideología y ser puramente pragmáticas, por una parte, y la apuesta claramente ideológica, por otra. Es probable que nos estén señalando caminos de futuro.

En todo caso, la simple aparición de estas fuerzas políticas nos recuerda que la economía ha funcionado en términos muy desiguales en los últimos años, que hay zonas y clases que han salido perdiendo, y que deben ser fortalecidas para que no se separen del eje sistémico. Si eso no ocurre, si no se tiene en cuenta a todas esas periferias que han quedado fuera de la almendra central del crecimiento, la innovación y la fascinación por el futuro amable, el sistema se verá sometido a mucha más presión. Lo preocupante es que los tiempos que vienen ofrecen señales, empezando por la inflación, de que vamos a ir hacia una pérdida generalizada de poder adquisitivo. Si eso ocurre, serán los territorios intermedios y desfavorecidos, y las clases medias y trabajadoras, las que más sufrirán, y eso complica mucho el futuro. Castilla y León y la España vacía es un buen lugar para comenzar a entender hacia dónde van política y culturalmente los tiempos.

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