Virginia Woolf, sobre España: "Es el país más espléndido que he visto en mi vida"
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Virginia Woolf, sobre España: "Es el país más espléndido que he visto en mi vida"

La editorial Itineraria reúne la experiencia de los viajes que la escritora realizó al sur de los Pirineos

Foto: Virginia Woolf.
Virginia Woolf.

“El español es un idioma feroz y sanguinario cuando se escucha en estas condiciones”. He aquí la conclusión que puede leerse en un artículo de Virginia Woolf publicado en 'The Guardian' el 19 de julio de 1905. Y 'estas condiciones' no son otras que el revuelo que precipitó la presencia de la escritora y de su hermano Adrian en una 'posada andaluza'.

Tienen sentido las comillas porque la reconstrucción de aquel viaje permite aclarar que Woolf confundió el nombre del pueblo y de la región. No existe el municipio de Amonhon ni estaría en Andalucía. La periodista —ese era su trabajo entonces— debió hallarse más bien en Almorchón (Badajoz), aunque tanto vale el escenario de una 'posada extremeña' para recrear la peripecia de su primer viaje a España. Tenía 23 años. Y la experiencia, revestida de todos los clichés ibéricos, se convirtió en una oportunidad para trasladarla a sus diarios y en sus cartas, antes de homologarla en las páginas del diario londinense. Lo hizo, además, enfatizando la congoja que le produjo alojarse en una pensión de mala muerte. Llegó a pensar que la asaltarían de noche. Una España de mosquitos, calor africano y bandoleros que Woolf describe entre la fascinación exótica y los evidentes remilgos aristocráticos.

No está claro que haya cambiado la situación ferroviaria de la Extremadura que visitó Virginia Woolf respecto a las condiciones contemporáneas. Otra cuestión es la transformación de Sevilla. A la joven viajera británica le pareció confusa y hasta pequeña. No le conmovió la catedral. Y sí lo hizo unos días después el itinerario deslumbrante por la Alhambra de Granada, aunque una carta remitida a su amiga Violet Dickinson confirma el deseo homérico de regresar a Londres: “Lo mejor de estar fuera es volver a casa”.

placeholder 'Hacia el sur'.
'Hacia el sur'.

Tres viajes hizo Virginia Woolf a España. Y los tres aparecen compendiados en una iniciativa de la editorial Itineraria cuyo título se recrea en las resonancias del contraste cultural: 'Hacia el sur'. No es, obviamente, una alusión a la bipolaridad de quien terminó perdiendo el norte, pero sí una experiencia iniciática en tres actos que empieza —1905— con una amalgama de los tópicos costumbristas y que termina, 18 años después, con la revelación de un texto magnético, lírico y enigmático.

El paisaje jorobado

Tuvo ocasión de publicarlo entre las páginas de la revista 'Nation and Athenaeum'. A Virginia Woolf le arroban la Alpujarra, el paisaje jorobado, la blancura de las higueras, las orejas expectantes de un burro que parece escuchar todo aquello que sucede. “Escucha, y mientras que se escucha, esta vida al azar comienza a emitirse desde el corazón de una aldea que ha mirado la costa africana con un aguante intemporal y aristocrático durante miles de años. Pero ¿cómo decirle esto —mientras que una desciende del fulgor del instante— a la mujer campesina que te ofrece pasar a su habitación, con sus azucenas y sus baños, que sonríe y mira por la ventana como si ella también hubiera mirado durante miles de años?”.

El texto es de 1923, 11 años después de que Virginia Woolf escogiera el sur de Europa como escenario de viaje de novios

El texto que ha 'exhumado' la editorial Itineraria se publicó en 1923, es decir, 11 años después de que Virginia Woolf escogiera el sur de Europa como escenario de viaje de novios. La acompaña su esposo, Leonard. Visitan Toledo, Madrid y Tarragona, camino de Pisa y de Venecia. Recrimina al cielo español que sea “irremediablemente” azul. Y apenas testimonian o documentan el viaje un par de referencias epistolares. La segunda es muy contundente: “Creo que España es, con diferencia, el país más espléndido que he visto en mi vida”, escribe al compositor Saxon Sydney-Turner.

Y la primera epístola es interesante desde el punto de vista biográfico-literario porque expone las inquietudes de Virginia Woolf. Lee compulsivamente. Se le hace pesado el segundo volumen de 'Rojo y negro'. Y se reconoce hechizada por la prosa de Dostoyevski, como si estuviera vivo, incluso. “Es decididamente obvio que él es el mejor escritor que jamás ha existido y como decida escribir fatal… ¿qué va a ser de nosotros? Una luna de miel tirada por la borda. Si él dice que la esperanza humana tiene que terminar, ¿qué nos quedará sino el suicidio en el Gran Canal? ¿Has estado escribiendo sobre él?”.

La inquietante pregunta se la hace al colega y amigo Lytton Strachey, pero no está claro si la cuestión alude al suicidio o al Gran Canal. Y a la asociación muchas veces indisoluble entre ambos, más todavía cuando Woolf terminaría asomándose a las aguas turbias del río Ouse.

"Todo me ha abandonado excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida"

Allí resolvió ahogarse, dejándose mecer en "las aguas que corren", despojándose de su bastón, rebosando de pesadas piedras el abrigo que convirtió en mortaja. La rescataron exánime, como a Ofelia, y custodiaron sus cenizas en el jardín de la Casa del Monje (Monk's House), que era su propia casa y el lugar donde peregrinan sus admiradores, deslizándose con escrúpulo y silencio en las estancias del mausoleo. Produce cierto embarazo hacerlo porque sobreviene una suerte de profanación. Con más razón cuando el último hogar de Virginia y Leonard se ha reconstruido como si hubieran salido a hacer la compra hace solo unos minutos.

Sugestiona la madera al crujir. Impresiona recorrer las penumbrosas habitaciones de la casa. Y abruma corromper el pudor del dormitorio, una cámara coqueta y alegre donde la sombra de la señora Woolf se alargaba. Desde la ventana, la perspectiva del jardín recrea la sensación de un espacio exótico que Leonard organizó con artes de demiurgo para aliviar la depresión de su esposa. E hizo construir un cobertizo que le permitía aislarse del aislamiento. Allí escribió su última novela, 'Entre actos' (1941). Allí escribió también el texto de su despedida a Leonard. "Todo me ha abandonado excepto la certeza de tu bondad. No puedo seguir arruinando tu vida".

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