'una habitación con vistas'

Salvaje y deslumbrante Virginia Woolf: "No odio a los hombres, no pueden herirme"

El 7 de diciembre llega a los escenarios del Teatro Galileo 'Una habitación propia', de Virginia Woolf, adaptada por la dramaturga María Ruiz y protagonizada por Clara Sanchis

Foto: Clara Sanchis es Virginia Woolf en el montaje de 'Una habitación propia'
Clara Sanchis es Virginia Woolf en el montaje de 'Una habitación propia'

"Durante todos estos siglos, las mujeres han sido espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar una silueta del hombre de tamaño doble del natural. Sin este poder, la tierra sin duda seguiría siendo pantano y selva. [...] Sea cual fuere su uso en las sociedades civilizadas, los espejos son imprescindibles para toda acción violenta o heroica. Por eso, tanto Napoleón como Mussolini insisten tan marcadamente en la inferioridad de las mujeres, ya que si ellas no fueran inferiores, ellos cesarían de agrandarse". En 1928, el año en el que Inglaterra aprobó el sufragio femenino, Virginia Woolf impartió una serie de conferencias en los 'colleges' de mujeres de Cambridge para hablar a las alumnas del papel de la mujer en la sociedad y en la literatura. Y de allí salió un año después 'Una habitación propia', uno de los ensayos más icónicos y subversivos de la británica, pluma afilada y azote del patriarcado que este 7 de diciembre llega al Teatro Galileo de Madrid de la mano de la dramaturga María Ruiz y la actriz Clara Sanchis en el papel de la escritora.

"No necesito odiar a ningún hombre; no puede herirme. No necesito halagar a ningún hombre; no tiene nada que darme. De modo que, imperceptiblemente, fui adoptando una nueva actitud hacia la otra mitad de la especie humana. Era absurdo culpar a ninguna clase o sexo en conjunto. Las grandes masas de gente nunca son responsables de lo que hacen. Las mueven instintos que no están bajo su control". Palabras escritas hace casi 90 años pero que siguen de actualidad, tal y como atestigua el éxito de una obra de tal contemporaneidad que ha agotado las localidades a su paso por el Pavón y el Teatro Español. "Es que Virginia Woolf tiene un pensamiento deslumbrante", elogia Sanchis. "Una mujer con un enorme sentido del humor y al mismo tiempo lo que pone encima de la mesa es el veneno de la desigualdad. Lo que más me llamó la atención de ella fue su sentido del humor. Bueno, lo conocía por 'Orlando', que es muy divertido, y sabía que era una salvaje, porque era alguien que se salía de los raíles".

Sanchis en otro momento de 'Una habitación propia'.
Sanchis en otro momento de 'Una habitación propia'.

El título de la obra nace de uno de los pensamientos sobre feminismo más revolucionarios de la época y que, todavía hoy, sigue levantando cejas escépticas: la igualdad sólo llegará cuando haya igualdad económica: "Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas". "Yo creo que la gran modernidad del discurso de Virginia de 1928 fue que, por fin, se atrevió a hablar de dinero, porque es tan perverso el mecanismo del patriarcado y del machismo y lo tenemos tan inoculado todo —y todas—, que se ha ido construyendo de una manera casi perfecta para nuestro sometimiento", analiza Sanchis. "Fue revolucionario que llegara una mujer y dijera: 'Vale, hablemos de literatura. Pero si una mujer no tiene dinero y una habitación propia no puede hacer nada'. Las mujeres no tenían su habitación, vivían en el salón. Y en el dormitorio del hombre. Y eso las mujeres de clase alta, que algo podían hacer".

Yo creo que la gran modernidad del discurso de Virginia de 1928 fue que, por fin, se atrevió a hablar de dinero

Pero Woolf lo hizo sin autocomplacencia, con esa escritura ácida y corrosiva que no deja resquicio al victimismo. "Pensando en todas estas mujeres que habían trabajado año tras año y encontrado difícil reunir dos mil libras y no habían logrado recaudar, como gran máximo, más que treinta mil, prorrumpimos en ironías sobre la pobreza reprensible de nuestro sexo. ¿Qué habían estado haciendo nuestras madres para no tener bienes que dejarnos? ¿Empolvarse la nariz? ¿Mirar los escaparates? ¿Lucirse al sol en Montecarlo?", escribe en 'Una habitación propia'.

Virginia Woolf retratada por George Charles Beresford
Virginia Woolf retratada por George Charles Beresford

"Las mujeres a lo largo de la historia se han dedicado a ahorrar para el fondo de la educación masculina a base de privarnos nosotras mismas de nuestra educación. Ella tuvo la suerte de que tenía mucho acceso a la cultura", prosigue. "Su padre sí le dio una educación pero, a diferencia de sus hermanos, a ella no la llevó a la universidad". "Ella tenía la idea de que genios como el de Shakespeare no nacen entre personas incultas y serviles. Cuando se pregunta por qué no hay una mujer Shakespeare y hace esa parábola maravillosa de imaginarle a Shakespeare una hermana. Esta hermana imaginaria no podría ni haber cuidado los caballos en la entrada de los artistas, como hizo Shakespeare. Es que, directamente, no sabría escribir ni leer. ¿Así cómo iba a escribir una obra de Shakespeare?".

Apunten las siguientes palabras de Woolf: "Es extraño: la historia de la oposición masculina a la emancipación de las mujeres sea más reveladora que la propia historia de la emancipación". Casi noventa años después de la publicación de su ensayo, la crítica a la desigualdad sigue despertando un rechazo entre un sector —eminentemente, pero no exclusivamente masculino— de la población que se siente atacado por el ideario feminista. "Virgina Woolf, por lo que llega tanto, es porque ella no hace bandos. Ella fue una mujer que amaba a los hombres. Nosotras amamos a los hombres: son nuestros padres, son nuestros hijos. Es simplista y tonto hablar de mujeres contra hombres. Estamos todos en el mismo barco", puntualiza la actriz. "Hay muchos hombres feministas, sin ellos nunca hubiésemos hecho nada. Renunciar al poder es muy difícil. Yo no sé si sería capaz. Virginia Woolf directamente habla de clases: la clase masculina y la clase femenina. La clase alta y la clase baja, la que tiene el poder y el dinero y la que no. Renunciar al poder es un acto de civilización maravilloso. Y nos tenemos que dar cuenta de la gran generosidad de los hombres que renuncian al poder".

Renunciar al poder es un acto de civilización maravilloso

"Era tan pequeño el lugar que ocupábamos en el mundo, sin derechos civiles, que si no fuera por padres, hermanos, amantes que fueron capaces de ver la inteligencia y el valor de las mujeres que tenían al lado, que no se hubiesen abierto las primeras puertas", admite. "Eso sí, con las mujeres empujando del otro lado. De la misma manera que el machismo es algo que también está en nosotras; por la educación recibida es imposible no tenerlo". "Hemos avanzado mucho, no lo podemos negar, pero queda muchísimo. Pero es que yo cobro, a veces, menos que mis compañeros simplemente por el hecho de ser una mujer".

Clara Sanchis como Virginia Woolf
Clara Sanchis como Virginia Woolf

Precisamente, en las últimas semanas, tanto la Asociación de Mujeres cineastas como la Unión de Actores y la Fundación AISGE han denunciado la discriminación que sufren las mujeres dentro de la industria del cine: salarios más bajos, menos trabajo y discriminación por edad en el caso de las actrices. ¿Un panorama que también se traslada al proscenio? "En teatro también es así. Para empezar porque el teatro clásico es así, no había mujeres para nada. No tiene ningún motor", lamenta. "Aunque siempre hay excepciones. Siempre ha habido buenos personajes femeninos con autores como Lorca, que han retratado perfectamente a la mujer. Pero, en general, como son muchos más los autores y los dramaturgos hombres, como en el cine, hablan más de sus cosas".

"Nuestro rol en la vida es el rol amoroso; y de eso, como actriz, yo sé muchísimo, porque un día me di cuenta —no te creas que yo era consciente— de que yo sólo hacía de distintos tipos de enamorada. Ese era mi rol en los escenarios y en la televisión y en todas partes. Nunca tenía profesión ni hablaba de nada que no fuera un hombre. Luego, con la edad, por suerte los papeles cambian. Y como hay menos personajes y ya no entras en el papel de enamorada, eso te proporciona maravillas como éste. Lo maravilloso de este texto es que es racionalismo, inteligencia y, claro que hay emoción, pero la emoción viene de la inteligencia", agradece. "Por eso es importante que alguien como Carme Portaceli, en el Teatro Español, por fin aplica la ley y programa en paridad. Mismo número de directores que directoras, dramaturgos que dramaturgas y actores que actrices. Y esto se nota muchísimo. Se respira otra cosa".

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