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'El Principito': Omar Montes inventó la música, la luz eléctrica y el chándal
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la serie del fin de semana

'El Principito': Omar Montes inventó la música, la luz eléctrica y el chándal

La fallida serie documental sobre el artista de Pan Bendito naufraga en la megalomanía más bochornosa

Foto: Fotograma de 'El Principito es Omar Montes'. (Prime)
Fotograma de 'El Principito es Omar Montes'. (Prime)

Omar Montes va bien de ego. Fue el artista español más escuchado en Spotify en 2020. Napoleón dominó media Europa, Gengis Khan conquistó casi toda Asia, Julio César se apropió del Mediterráneo. ¿Fueron los más escuchados en Spotify? No. El más escuchado fue Omar Montes. Prime Video lo sabe y por eso le ha dedicado una serie documental de cuatro capítulos, tres horas de pleitesía a un hombre llamado a empequeñecer los logros de todos los grandes hombres que existieron antes que él sobre la Tierra.

La serie se llama 'El Principito' y empieza de buen rollo. Si yo puedo ser número uno, dice Omar Montes varias veces y de varias maneras, tú también. Aquí la cosa ya amenazaba con torcerse, por imperativo matemático. Creo que número uno solo puede ser uno, de modo que si todos podemos ser los números uno, ¿quién sería el número dos, el número tres y el número 33? La serie busca la empatía del espectador haciéndole soñar con que el éxito de Omar Montes es en gran medida el suyo, porque, a fin de cuentas, basta con “intentarlo”, “esforzarse mucho” y “soñar” para ser el artista español más escuchado en Spotify. Es exactamente al contrario, claro.

El éxito de Omar Montes es el fracaso de todos los demás. “Si yo he podido, tú también”, nos inoculan. No: “Si yo he podido, tú entonces no podrás nunca”, sería la verdad.

Tráiler de 'El Principito es Omar Montes'

'El Principito' estira 15 minutos esta emocionalidad traviesa y muestra enseguida la gran baza de la producción: que Omar Montes nos hable de tú a tú, directamente, humanamente, 'pambenditamente', en fin. Quieren, los creadores, un Omar en primera persona, con el que nos sintamos como en casa. Esto es gracioso si atendemos a la cantidad de veces que, lejos de hablar en primera persona, Omar Montes habla de sí mismo en tercera. “A día de hoy, para Omar Montes no hay límites”, nos dirá… Omar Montes. Esto de verse otro, en plan cuento de Borges, porque la fama y el dinero te han desencajado de tu propia conciencia, resulta siempre inquietante de contemplar.

El peor barrio de España

La serie es muy mala. Yo lo siento mucho, porque Omar Montes me cae muy bien. Vive a diez minutos en coche de mi casa. Paso por su barrio cuando llevo a mis hijos a Isla Azul. Su barrio es Pan Bendito, míticamente considerado el peor barrio de la capital de España. Cuando paso por la calle Besolla en el 118, miro mucho por la ventana para ver cómo es el peor barrio de la capital de España. Son apenas 4 o 5 minutos de turismo en la miseria de los demás. Pues bien, he visto más Pan Bendito en esos cinco minutos desde la ventana del autobús que en las tres horas que dura el documental. Todo en 'El Principito' es como de no saber mirar.

Esa es una de las grandes oportunidades perdidas de esta miniserie: no ser capaz de meter al espectador, que normalmente vive (si tiene Prime Video) en cualquier sitio menos en Pan Bendito, en Pan Bendito. Había que meterlo en los pisos pequeños, viejos, alicaídos; en los rincones sin limpiar, en los parques pintarrajeados y en los colegios condenatorios. Había que sacar a la gente sola sentada en las aceras, tambaleándose. Parece que no había nada de eso cuando fueron allí a grabar.

placeholder Omar Montes en 'El Principito es Omar Montes'. (Amazon Prime Video)
Omar Montes en 'El Principito es Omar Montes'. (Amazon Prime Video)

Toda la serie la ocupa el ego inmenso de Omar Montes, afianzado por decenas de testimonios donde se dice que Omar Montes es trabajador, tenaz, creativo, exigente, buena persona, genial, Napoleón, inventor de la música. Es un aburrimiento macizo, esto.

A los 28 minutos de la serie, escuchamos: “Qué temazo habéis hecho”. Luego: “Grabamos el tema y nos damos cuenta de que mola muchísimo. ¿Esto qué es? Es innovación total”. Luego (episodio dos) una chica le pregunta a Omar: “¿Vamos a hacernos famosos?”. También, el propio Omar: “Cuando sacas una canción, hay una cosa que tienes que hacer: rezar mucho para que la canción se pegue”. Un amigo de Omar, sobre el equipo del artista: “Somos Sénecas porque vamos adelantados a nuestro tiempo”. Y Omar: “El artista es eso, el que más tiques vende”.

Santiago Auserón no es número uno en Spotify porque sabe demasiado de música, el gilipollas

Como ven, se habla de música, composición, hibridación, patrones, instrumentos, tecnología, melodías o tonalidades vocálicas sin parar. No. Solo se habla de si la canción “pega o no pega”. Santiago Auserón no es número uno en Spotify porque sabe demasiado de música, el gilipollas.

Con todo, es interesante atisbar durante un breve tramo del documental el modo en el que viven los cantantes de éxito el estreno de una canción. No se despegan del móvil y van viendo subir las escuchas (“streaming”) del tema, así como promocionándola sin parar en sus redes sociales. “Estrenamos siempre los jueves a las doce de la noche. No tengo ni puta idea de por qué”, desvela arriesgadamente Omar Montes. Si la canción llega en un día a 200.000 escuchas, es que va muy bien, o sea, “ha pegado”. Si no, qué le den a esa canción: se sube otra canción enseguida. La música es amor.

El puto amo

El documental no va a ningún lado, avanza en su puro estancamiento. Omar Montes es “el puto amo” y Omar Montes sufrió mucho de niño, entre Pan Bendito y Lavapiés. Narrativamente, parece más lógico ilustrar bien el sufrimiento del pequeño Omar y luego darnos la satisfacción de su éxito. Pero a lo mejor los creadores de esta serie documental no han visto muchas series documentales.

Foto: Omar Montes. (Amazon Prime Video)

Una idea al menos interesante de Omar Montes es el resentimiento que muestra hacia los grandes artistas. Aún está esperando que Alejandro Sanz le llame para hacer una canción juntos. “Nadie me ha ayudado”, confiesa entre apesadumbrado y desafiante en varios momentos. Si hace un temazo, opina, los grandes artistas deben llamarle todos para hacer juntos un supertemazo. Pero eso no está pasando. Hay mucha envidia.

Una idea al menos interesante de Omar Montes es el resentimiento que muestra hacia los grandes artistas

Lo más bonito de las tres horas de bochornosa megalomanía mal hecha es cuando uno de los amigos de Omar cuenta su primer bolo, por 3000 mil euros y en un “hotelazo” con albornoces preciosos. Se llevaron los albornoces en la maleta. Eso es narrar.

El resto es como Borat, por desgracia. En un momento dado, 'El Principito' me pareció Borat en Pamben, o sea, un falso documental, una parodia del éxito, un reírse, en este caso, de las costumbres que suponemos en los barrios periféricos de las grandes ciudades.

“Muchas veces marco tendencias”, reconoce Omar Montes al hablar de su forma de vestir, “me pongo cosas raras y luego la gente se las pone”. Finalmente, confiesa cuál es su atuendo ideal: “Mi prenda favorita es el chándal, unos calcetines guays de dibujitos y chanclas”.

Omar Montes va bien de ego. Fue el artista español más escuchado en Spotify en 2020. Napoleón dominó media Europa, Gengis Khan conquistó casi toda Asia, Julio César se apropió del Mediterráneo. ¿Fueron los más escuchados en Spotify? No. El más escuchado fue Omar Montes. Prime Video lo sabe y por eso le ha dedicado una serie documental de cuatro capítulos, tres horas de pleitesía a un hombre llamado a empequeñecer los logros de todos los grandes hombres que existieron antes que él sobre la Tierra.

Amazon Prime Video
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