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Secretos y mentiras del pop-rock de los ochenta: de 'La Bola de Cristal' a 'La Movida'
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¿lA EDAD DE ORO?

Secretos y mentiras del pop-rock de los ochenta: de 'La Bola de Cristal' a 'La Movida'

La Movida y otros superventas del felipismo mantienen un prestigio artificial y sus defensores no aceptan críticas

Foto: Manolo Tena
Manolo Tena

Hace poco, esta sección publicaba un demoledor artículo sobre el pop-rock de los ochenta. La excusa era el reality 'A mi manera', que emite La Sexta, pero las conclusiones del texto iban mucho más allá. Venía a decir que aquella era la década más narcisista, autocomplaciente y mimada por el poder de la historia del pop español. ¿Cuántas mentiras nos han colado sobre esos años? Por ejemplo, pasaron a la historia como un periodo progresista, cuando muchos de sus iconos defienden posiciones claramente a la derecha, caso de Fangoria con su última entrevista para El Confidencial. ¿Hasta qué punto sobreviven los tópicos sobre esos años? Examinamos los cinco principales.

1. Fue la Edad de Oro del pop español

Patricia Godes, periodista cultural que vivió la época en primera fila, niega la mayor: “Empecé a interesarme por la música popular entre 1966 y 1967, cuando radio española comienza a programar artistas pop con melodías bonitas y bien cantadas: The Four Tops, Michel Polnareff, The Mamas & The Papas…Era artesanos que creían en el trabajo, la dedicación y el mimo a la hora de hacer canciones. La Movida ofrecía justo lo contrario: chicos que apostaban todo a la inspiración, muy por encima del esfuerzo. A demasiada gente se les dijo que eran genios a una edad muy joven. No digo que no hicieran alguna cosa buena, pero la mayoría no se pueden escuchar hoy porque estaban mal cantadas y mal grabadas. Pienso por ejemplo en 'Para ti', de Paraíso, el grupo de Fernando Márquez, “El Zurdo”. La producción es una mierda. Hay canciones bonitas de Carlos Berlanga que Pegamoides estropearon por la manía de acelerarlas para hacerlas sonar punk”.

También salva 'La chica de ayer' y el primer elepé de Radio Futura, 'Música moderna' (1980), no así las siguientes grabaciones del grupo de los hermanos Auserón. “Las letras no tienen sentido y a la música le falta swing. Hace falta más salero para hacer música latina. Santiago Auserón pasó de decir en un manifiesto que él no era español a copiar a Los Coyotes la idea de ser latino es lo que tiene más estilo del mundo. Si no eres un gran músico, puedes imitar a una punki como Poly Styrene, como hacía Alaska, pero no a alguien de la talla de Benny Moré”, señala. Por supuesto, se trata de la visión de una persona, pero revela que los ochenta no han sido debatidos a fondo (ni tampoco en la superficie). ¿Cuántas veces habían leído ustedes un cuestionamiento de la calidad de Radio Futura? ¿Quién había denunciado que apenas hubo buenos cantantes en La Movida? ¿No va siendo hora de hacer una verdadera revisión crítica de aquellos años? “Algo revelador de mitos de los ochenta es que la mayoría hacen el mismo tipo de canciones a los 52 años que las que hacían a los 22. No han aprendido nada en tres décadas”, lamenta Godes.

2. Fue un triunfo de la creación independiente

Los ochenta se venden como el paraíso de los sellos independientes, los francotiradores culturales y la creatividad juvenil. En realidad, pocas veces los artistas han tenido tanto apoyo desde los despachos del poder. Es ya clásica la frase de Rafael Sánchez Ferlosio: “Cada vez que el PSOE escuchaba la palabra cultura, sacaba la cartera”. También recordaremos el grito de guerra de Tierno Galván, en 1984, antes de un concierto en el Palacio de los Deportes: “¡Rockeros, el que no esté colocao que se coloque… ¡y al loro!”.

¿Un ejemplo sonrojante de la complicidad absoluta entre PSOE y Movida? Sin duda, la presentación que hizo en TVE Paloma Chamorro de un concierto gratuito de The Smiths en el paseo de Camoens. “Desde hace unos años, en Madrid estamos disfrutando de una fiestas de San Isidro, que son nuestras fiestas del pueblo, que son la sensación y la envidia de toda España y parte del extranjero. Pero lo que deberían envidiarnos es el alcalde que tenemos, que es el verdadero responsable de esto y de muchas otras cosas. Desde que el primer madrileño es un hombre tan antiguo y con tanta experiencia, tan educado, sensible, culto y tierno, resulta que San Isidro está bailando de alegría al compás de los ritmos para todos los gustos que estos días invaden Madrid. Para los más exigentes, San Isidro y San Tierno nos han traído a los Smiths”. Ríanse ustedes del NO-DO. La alabanza y el jabón eran la manera de mantener la poltrona televisiva, mientras que cualquier cuestionamiento político se traducía en corte del grifo.

El caso más claro fue el programa infantil 'La Bola de Cristal', dirigido por Lolo Rico, que fue suspendido en 1988 por tensiones con Pilar Miró por emitir contenidos a la izquierda de la ideología del PSOE. También fue la época en que los ayuntamientos premiaban con jugosos contratos a los músicos en sintonía con el partido y castigaban a los díscolos. Por ejemplo, a Javier Krahe tras componer 'Cuervo ingenuo', donde criticaba el cambio de postura de Felipe González en el referéndum de la OTAN. "En aquella época los ayuntamientos contrataban mucho y a mí los del PSOE me dejaron de contratar, e incluso anularon conciertos ya firmados", explicaba el afectado poco antes de morir. "Me contaron que Felipe González estaba enfadadísimo conmigo y que había dicho unas cosas de mí que no se atrevían reproducir”. En un artículo de 'El País' en 2011, un miembro de Barón Rojo desvelaba cómo les cortejó el ministro Javier Moscoso. "En la campaña de 1982, el PSOE nos ofreció actuar en cuarenta actos electorales. Nos negamos y lo pagamos: cuantos más discos vendíamos, menos conciertos de aquellos que patrocinaban los ayuntamientos”, explico el bajista José Luis Campuzano, alías Sherpa.

3. Fue una explosión de libertad

Godes vuelve a la carga: “Nos metieron en la cabeza que irse de juerga era contestatario. Fue una idea impulsada desde arriba, con las columnas de Umbral o la sección de Cultura de 'Diario 16', por ejemplo. Nos hicieron creer que lo máximo que se podía hacer políticamente era luchar por tu derecho a divertirte. Eso es alienante y llevó a una generación perdida, llena de yonquis. Por eso tantos acabaron tan mal” ¿No tuvo, entonces, ningún aspecto positivo? “Como no había tiendas de ropa moderna en España, la gente tenía que hacerse sola sus vestidos, así que eso fomentaba la creatividad. Te lo hacías todo tú o tus amigos. Pero, en realidad, se trataba de copiar a Siouxsie y a otros ídolos ingleses, así que tampoco sirvió para mucho”, explica Godes. Si hablamos de estética, los ochenta tuvieron tantos dogmas como cualquier otra época. “Si te gustaba el blues, la gente moderna se escandalizaba porque era una cosa de antiguos y de progres. En el entorno de la crema de la crema en que yo me movía no se podía hacer nada que oliera a progre: ni yo me atreví a decir que era de izquierda cuando me preguntaron para el libro de José Luis Gallero sobre la época”, recuerda.

¿Tuvo La Movida más aspectos positivos? No hay duda de que contribuyó a visibilizar sexualidades no normativas, como los gays, bisexuales y lesbianas. Fue como una revolución sexual con treinta años de retraso respecto a Europa y Estados Unidos. Pero supuso un avance de las costumbres solo si se compara con los dogmas del franquismo, aunque toda la rebeldía sexual exhibida en el escaparate mediático ya existía plenamente en la Barcelona underground y contracultural de los setenta, donde estaba conectada a movimientos libertarios (véanse los textos y entrevistas de Nazario). El problema es que en los ochenta la homosexualidad pasó a ser una actitud totalmente desconectada de la emancipación política. “Fue una liberación equivalente a bailar borracho encima de una mesa o hacer topless en los sanfermines. Esa era la libertad de La Movida”, recuerda Godes.

4. Fue un movimiento cultural progresista

Posiblemente la idea que menos se sostiene. Con el paso del tiempo, está claro que su papel fue ejercer la banda sonora de la llegada a España del capitalismo posmoderno y warholiano. Basta recordar apologías del consumismo como “Quiero ser un bote de Colón/y salir anunciado por la televisión”, el himno de los Pegamoides. O 'Enamorado de la moda juvenil', de Radio Futura, con sus letra que parece hecha a medida de una campaña de la planta joven de El Corte Inglés. “No se puede decir que el botellón sea un movimiento cultural. No había ninguna inquietud política. La gente salía de la universidad y se iba a divertir. Todos los grupos odiaban que a aquello se le llamase movimiento y se reían de los reportajes que salían en los periódicos. Quienes consiguieron venderlo como algo cultural fueron los mayores, esos que nosotros llamábamos los reciclados y que tenían tribuna en los medios”

¿Se refiere a Diego Manrique, Jesús Ordovás y otros periodistas emblemáticos de la época? “Sí, también otra gente que ahora no se recuerda, como Maíllo de 'Diario 16'. Era todo gente mayor porque no existía la figura actual del becario al que se pone a escribir sobre música porque es lo que menos importa”. También estamos ante una escena profundamente narcisista y reclusión. Basta escuchar himnos tan asociales como 'No mires a los ojos de la gente' (Golpes Bajos), 'Perdido en mi habitación' (Mecano) o 'Autosuficiencia' (Parálisis Permanente). El pop de los ochenta, en realidad, no supuso un desafío a ninguno de los dogmas de la derecha. La mayor confirmación es la actitud de Esperanza Aguirre, que en 2005 destinó un millón de euros de dinero público para celebrar un homenaje a La Movida y cuatro años más tarde concedió a Alaska la Gran Cruz de la Orden del Dos de Mayo.

5. Fue una escena musical incluyente

Como explica Santiago Auserón, es cierto que La Movida fue un movimiento interclasista, que creó espacios donde los pijos podían mezclarse con quienes venían de los barrios populares. “Me he expresado a menudo con desconfianza con respecto a La Movida, en la que participé con un pie dentro y otro fuera. No porque ella misma se complaciese en mostrarse como insustancial y entregada al placer efímero, sino porque no alcanzó a sostener, a lo largo de las décadas siguientes, los retos que planteó. La notoriedad, el dinero fácil, las drogas y la cultura del bienestar debilitaron el desarrollo de un arte popular incipiente, visionario, pese a su aparente inconsciencia. (…) La Movida de los años ochenta representa el acceso de los hijos de las clases trabajadoras a la cultura, a sus medios de producción y difusión, por primera vez en la historia de España. La banda sonora de ese peliculón está mayormente hecha, por cierto, con la herencia de los músicos negros”.

El problema de La Movida, o más bien de sus popes mediáticos, es que contribuyeron a la exclusión de otras corrientes juveniles que consideraban vulgares, plebeyas o panfletarias. Es el caso de la marginación del Rock Radikal Vasco (invisible en la prensa de la época), la condena al ostracismo de los cantautores (con sus versos de trinchera antifranquista), el rechazo de la Ruta del Bakalao (que percibían como poco artística), la mirada despectiva al rock urbano (les olía demasiado a barrio obrero) o la burla hacia el circuito de casetes de gasolinera (aunque les hicieran gracia Los Chunguitos, el resto de artistas fueron condenados a una especie de apartheid cultural).

Posdata: Nosotros o el caos

Cada vez que alguien intenta hacer un análisis a fondo del pop rock de los ochenta, se topa con la división acorazada Brunete de La Movida (sus críticos afines), que repiten que la historia ya esta escrita y que las nuevas generaciones no tienen derecho a aportar su punto de vista. Queda claro en esta columna de Juan Puchades, exdirector de la revista 'Efe Eme': “No es creíble pensar que detrás de aquellas canciones, de aquellos discos, de aquel derroche de talento, de imaginación, de ingenio, estuvieran Felipe González, Alfonso Guerra, Javier Solana o el alcalde de Madrid Enrique Tierno Galván. No, quienes hicieron posible esas canciones fueron los que las escribieron e interpretaron y sus motivaciones no tuvieron nada que ver con delirantes teorías conspiratorias. Que los políticos intentaron arrimar el ascua a su sardina y hacerse la foto, por supuesto, pero lo mismo pasa hoy con, pongamos por caso, un triunfo deportivo de una selección nacional o equipo local: el político de turno no duda en estirar el cuello para aparecer en primer plano en la imagen. (…) Seamos serios, podrán gustarnos más o menos determinadas músicas, estéticas o movimientos, pero dejemos la historia como está y no tratemos de manipularla torticeramente a nuestro antojo” (28 de diciembre de 2013). ¿Quién está manipulando aquí? Puchades intenta desactivar cualquier cuestionamiento del pop-rock ochentero diciendo que Narcís Serra no escribió 'Cadillac Solitario', cosa que nadie ha afirmado en ningún sitio. ¿Cabe imaginar un argumento más chusco?

Hace poco, esta sección publicaba un demoledor artículo sobre el pop-rock de los ochenta. La excusa era el reality 'A mi manera', que emite La Sexta, pero las conclusiones del texto iban mucho más allá. Venía a decir que aquella era la década más narcisista, autocomplaciente y mimada por el poder de la historia del pop español. ¿Cuántas mentiras nos han colado sobre esos años? Por ejemplo, pasaron a la historia como un periodo progresista, cuando muchos de sus iconos defienden posiciones claramente a la derecha, caso de Fangoria con su última entrevista para El Confidencial. ¿Hasta qué punto sobreviven los tópicos sobre esos años? Examinamos los cinco principales.

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