Sí fue el aceite de colza, Iker: el verdadero engaño es tu 'teoría' sobre el síndrome tóxico
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Sí fue el aceite de colza, Iker: el verdadero engaño es tu 'teoría' sobre el síndrome tóxico

¿De dónde vienen las teorías delirantes como la recogida por el popular presentador en 'Cuarto Milenio', su programa de Cuatro?

Foto: Portada de 'Cambio 16' sobre el síndrome tóxico.
Portada de 'Cambio 16' sobre el síndrome tóxico.

El 16 de diciembre de 1984 una portada de 'Cambio 16' acusaba a la farmacéutica Bayer de haber causado la crisis del síndrome tóxico ocurrida tres años antes, entre mayo y mediados de junio de 1981. Aquello disparó aún más si cabe la relación de teorías alternativas sobre el brote desatado. 'Alternativas', por llamarlas de alguna manera, porque el caso se había resuelto en un tiempo récord gracias a un brillante grupo de médicos del Hospital Niño Jesús de Madrid. El director entonces del semanario, Pepe Oneto, tuvo que dimitir a causa de la portada y la empresa alemana denunció a la empresa editora poco después.

¿Ponía así una poderosa empresa bajo sus pies a la prensa? No, sencillamente la afirmación era inconsistente a la luz de todas las investigaciones científicas. O mejor: era mentira, aunque es cierto que alimentaba sin embargo las fantasías que se habían ido creando en torno al caso, como hacía otra de las versiones al acusar en esta ocasión al Ejército de EEUU de ser el culpable a través de una delirante argumentación sobre la base aérea de Torrejón de Ardoz y unos tomates de la provincia de Almería...

Foto: Las garrafas con el aceite tóxico recuperadas de los hogares de Madrid en 1981.

En realidad, lo que había pasado es que después de un angustioso mes y medio en que se colapsaron los hospitales de Madrid mientras una rara afección mataba sin razón aparente a cientos de personas, un grupo de médicos del Hospital Niño Jesús había dado con la solución tras una brillante investigación epidemiológica. Probablemente fuera uno de los casos médicos más complejos de la medicina moderna en todo el mundo, porque se trataba de algo que sencillamente no existía, algo invisible. Ni el ficticio doctor House lo hubiera hecho mejor.

El equipo del pediatra Juan Casado, que formaban la doctora Gómez Mardones, el doctor Joaquín Otero y la doctora Mercedes Ibáñez, junto a la participación del director en funciones del hospital, José Manuel Tabuenca, logró en un tiempo récord y con un trabajo impecable, de película, aislar la causa del brote como si de un asesino en serie se tratara: se debía a un aceite adulterado vendido en garrafas de cinco litros de forma ambulante y en mercadillos. Lo relató el propio Juan Casado por primera vez en profundidad a este periódico y su historia se recoge en el reciente documental 'Colza, lo invisible', de Alberto Rull, estrenado en mayo de este año y disponible en Discovery +. Sin embargo, esta misma noche en Cuatro, el programa 'Cuarto Milenio' pretende sembrar ciertas dudas sobre la denominada versión oficial, que no es más que la única probada científicamente y avalada desde la OMS hasta el CDC de Atlanta durante tres décadas. ¿De dónde surgen entonces las teorías de la conspiración?

La semilla de la conspiración

La portada de Bayer no fue ni mucho menos el comienzo. Antes, prestigiosos médicos, ciertamente, pusieron en duda los hallazgos de Casado, que el Gobierno acabó avalando después de un gran esfuerzo por parte de los médicos del Niño Jesús. La semilla la implantó el doctor Antonio Muro, que cuando comenzó la crisis del síndrome tóxico —entonces denominada por el Gobierno neumonía atípica—, era el director del Hospital dell Rey y puso en duda, con razón, la versión gubernamental de que la avalancha de casos que estaban colapsando los hospitales se debía a la bacteria Mycoplasma Pneumoniae.

Muro tuvo el acierto de identificar el brote como una intoxicación alimentaria, pero sin pruebas concluyentes se precipitó y fue destituido por el Gobierno. Según sus investigaciones, la intoxicación se habría producido por unos tomates vendidos en los mismos mercadillos ambulantes, que habían sido tratados con unos pesticidas organofosforados causantes de las graves afecciones. El propio Muro consideró el aceite, pero lo descartó: el origen de la divergencia.

placeholder Antonio Muro, director del Hospital Rey de Madrid cuando comenzó el brote.
Antonio Muro, director del Hospital Rey de Madrid cuando comenzó el brote.

Mientras, en el Hospital Niño Jesús, el equipo de Juan Casado y José Manuel Tabuenca realizó un estudio más exhaustivo y metódico, descartando antes otras posibilidades por rocamabolescas que parecieran, llegando a la conclusión poco después, a principios de junio de 1981, de que se debía efectivamente a una intoxicación precisamente por el aceite de garrafa de cinco litros supuestamente de oliva que distribuía una empresa de los hermanos Ferrero llamada RAEL.

Casado realizó una encuesta alimentaria que sería la piedra angular de todos los estudios que se realizaron posteriormente

A diferencia de Muro, Casado llevó a cabo con sus colaboradores un estudio epidemiológico con dos grupos y una encuesta alimentaria, después de haber descartado con el mismo método científico las bacterias o virus y las alergias, lo que sería la piedra angular de todos los posteriores realizados por científicos de la OMS y el CDC de Atlanta, que no harían sino corroborar la relación de causalidad entre el consumo del aceite —que efectivamente estaba adulterado— y los casos del síndrome, que se denominó mundialmente síndrome del aceite tóxico.

Una vez que Casado y su equipo obtuvieron datos concluyentes, recogieron las garrafas de aceite y se realizaron análisis en los laboratorios de aduanas de Majadahonda, en donde se comprobó que contenían adulterantes y compuestos como la anilidas que no estaban destinados al consumo humano y que eran tóxicos. Sin embargo, no todos los aceites de la empresa RAEL tendrían los mismos componentes, porque no todos se refinaron en la misma planta, uno de los aspectos que también confundieron a los investigadores durante años. Fue el caso también de Cataluña, en donde existió también la trama fraudulenta, pero el aceite en cambio no contenía el componente tóxico, por lo que no hubo afectados.

Delirios sin base

Es cierto que el tóxico concreto que causó el brote ha sido esquivo durante décadas porque las propias muestras estaban comprometidas, porque se diluyó con los años, porque no todas las partidas lo contenían... Pero la relación con el aceite es incontestable. Se cree que fueron unos derivados del fenilaminopropandiol (PAP) originados en las anilidas. Existen múltiples estudios epidemiólogicos internacionales posteriores (Kilbourne, Doll, Cañas..) y también toxicológicos, entre ellos los del experto en el síndrome del aceite tóxico Manuel Posada de la Paz, investigador del Instituto Carlos III que durante décadas ha seguido los hallazgos y cuyos resultados no arrojan dudas sobre la relación entre el aceite y el síndrome tóxico.

En el juicio posterior en 1987 se probaría, precisamente además, la trama criminal de los aceiteros, que utilizaban un aceite de colza industrial no destinado al consumo humano y proveniente de Francia, mucho más barato, para refinarlo y poder venderlo de forma fraudulenta en mercadillos y de forma ambulante. Fin de la historia. Lo explica así a El Confidencial José Yoldi, periodista entonces de 'El País':

"Se dijo poco después que había sido por unos organofosforados que se habían fabricado en los Estados Unidos y que se había ensayado en unos tomates de Almería, pero que después se utilizaron en la guerra. Vamos, que se utilizaron en la guerra de Irán e Irak... Un delirio como otro cualquiera, porque ni la gente había tomado tomates de Almería ni nada por el estilo. Después apareció otra muchacha, Gudrun Greunke, que estaba empeñada en que la Bayer tenía mucha responsabilidad, y era sencillamente porque también tenía dinero para pagar e hizo todo lo posible para colgar el marrón a la Bayer. Obviamente, tampoco funcionaba porque no había habido organofosforados de la Bayer en ninguno de los sitios...".

placeholder Portada del libro de Gudrun Greunke.
Portada del libro de Gudrun Greunke.

En efecto, tras los pasos de Muro, que falleció poco después, algunos de sus seguidores, como la doctora Clavero en Cataluña o el doctor Frontela en Sevilla, expusieron sus dudas sobre la teoría del aceite de colza, por más que todos los estudios que seguían al de Casado confirmaban la relación. Concretamente, el catedrático de medicina forense Luis Frontela no logró reproducir la enfermedad en monos, lo que no era tampoco un indicio tan contundente, ya que lo más probable es que la partida que causó el brote fue el aceite refinado en la planta ITH en Sevilla y no otros adulterados refinados en distintas plantas. Además, en ninguno de los cadáveres se hallaron restos de pesticidias, como sustuvo el médico siguiendo los pasos de Muro.

Por otra parte, la actuación de la Fiscalía, cuando comenzó el macrojuicio de la Casa de Campo, alimentó en parte las teorías conspirativas al exigir a los afectados que firmaran una declaración asegurando que habían tomado aceite desnaturalizado para poder acceder a las indemnizaciones. Con todo ello, en 1988, después de las dudas razonables de los investigadores y médicos, llegaron los delirios: un año después del juicio, Gudrun Greunke y Jorg Heimbrecht publicaron 'El montaje del aceite de colza', y su compatriota Andreas Faber Kaiser, 'Pacto de silencio', sobre el mismo tema.

Gudrun Greunke manipulaba e ignoraba toda la evidencia epidemiológica recabada para entonces

Greunke sembraba dudas por doquier en torno al aceite basándose en que el componente químico del aceite nunca pudo ser aislado del todo por cuestiones científicas que se habían explicado con rotundidad ya entonces, y al mismo tiempo manipulaba e ignoraba toda la evidencia epidemiológica recabada para entonces —y que continuaría después—, pero lo más inquietante es que a cambio sus teorías eran rocambolescas: si es cierto que el asunto del agente químico del aceite era complejo, lo de los organofosforados de la Bayer era sencillamente inexistente, sin ninguna prueba científica de peso.

Lo mismo le ocurría a Andreas Faber Kaiser, que además de sus teorías sobre EEUU y el verdadero brote del síndrome siguió los pasos de J. J. Benítez y enarbolaría también que el sida directamente era un invento del Ejército de EEUU. La única versión consistente con la realidad y la ciencia es la 'oficial'. Es decir, la que descubrió el equipo de Juan Casado del Hospital Niño Jesús en el mismo año 81. El propio Casado explica con claridad y rotundidad en 'Colza, lo invisible' cómo consiguieron descifrar el enigma que las investigaciones posteriores consolidarían. La ironía es que, en conjunto, las teorías alternativas son infinitamente más dudosas, esquivas y sin falta de evidencias que la que pretenden poner en duda.

JULIO MARTÍN ALARCÓN es guionista del documental 'Colza, lo invisible' (2021, Vértice 360º), disponible en la plataforma Discovery +.

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