"La música de mi padre fue desterrada por componer el 'Cara al sol"
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"La música de mi padre fue desterrada por componer el 'Cara al sol"

El nombre de Juan Tellería quedó para siempre ligado al himno falangista. Hoy, sus hijas reclaman la figura del compositor más allá de la dictadura y se proponen recuperar su obra

placeholder Foto: Juan Tellería, dirigiendo una orquesta. (Cedida)
Juan Tellería, dirigiendo una orquesta. (Cedida)

María Jesús Tellería quedó huérfana de padre en 1949, cuando tenía seis años. Su madre se hizo cargo de ella y de sus dos hermanas, gracias a la pensión de viudedad y a la propiedad intelectual de la música de Juan Tellería, su padre. “Cuando murió, se llevó consigo las llaves de la despensa”, recuerda hoy María Jesús, con 78 años. Escribía boleros, tangos, canciones populares, música para películas, pasodobles… Melodías que pagaban las facturas de la familia cuando se difundían en la radio o en el cine. Todas ellas, salvo de la que fue, sin duda, la más conocida y entonada: el ‘Cara al Sol’.

Juan Tellería (Guipúzcoa, 1894), fue pianista y compositor. Se le recuerda como autor de la música del himno falangista, que en los primeros años de la dictadura fue fagocitado por el franquismo y convertido en uno de sus cantos oficiales. “Pero nuestro padre no recibió ninguna compensación por el uso del 'Cara al sol'”, cuenta su hija a El Confidencial.

El Movimiento pidió a Tellería que cediera los derechos sobre la marcha militar, que había inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual antes de la guerra, pero el compositor se negó. Hoy, María Jesús y sus hermanas son las propietarias intelectuales del ‘Cara al sol’. Y son ellas quienes deben autorizar actualmente cualquier uso del himno de Falange. Un derecho que, en algunos casos, han llevado hasta los tribunales.

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El ‘Cara al sol’ se compuso durante una noche en un restaurante madrileño, en la década de los años 30. A través de las distintas voces que allí se encontraban, la historia del himno se ha reconstruido como un capricho de José Antonio Primo de Rivera. El líder de Falange quería una música marcial y apasionada para su movimiento. Y expresó el deseo a sus contertulios del restaurante vasco Or-Kompon: Rafael Sánchez Mazas, Dionisio Ridruejo, Agustín de Foxá...

“Un día, le dijeron a Primo de Rivera que había un joven vasco, músico, que solía ir al restaurante y que podría componer una música para el himno que andaban buscando. Cuando mi padre fue al local poco después, le presentaron a José Antonio y quedó fascinado por su personalidad”, cuenta María Jesús Tellería. “Le enseñó la melodía de ‘Amanecer en Zegama’, una marcha que había compuesto tiempo atrás, y a Primo de Rivera le encantó. A los poetas que allí estaban les ordenó inmediatamente que escribieran una letra. Y así fue”. Aquella noche, al piano, Juan Tellería no pudo sospechar que su música terminaría siendo una de las más reproducidas en la España del siglo pasado, que le llevaría a vivir la experiencia más traumática de su vida.

placeholder Juan Tellería. (Archivo Kutxa)
Juan Tellería. (Archivo Kutxa)

En 1937, un decreto firmado por Francisco Franco convirtió el ‘Cara al sol’ en un “canto nacional” del régimen. Y se ordenó que, cada vez que se tocara en un acto oficial, tendría que ser “escuchado en pie como homenaje a la Patria”. El himno falangista se había convertido en un fenómeno de masas ya durante la Guerra Civil, pero la difusión del franquismo terminó por eregirlo como la melodía del régimen fascista. Javier Suárez-Pajares, catedrático de Musicología de la Universidad Complutense de Madrid y estudioso de la obra del compositor, asegura que el compositor del ‘Cara al sol’ nunca mostró pasión por las ideas políticas. “Era de provincias, de un origen muy popular. Se presentó en grandes ciudades y quedó fascinado por la personalidad de Primo de Rivera y un entorno al que era afín, pero no era un fascista”, explicó el investigador a este periódico.

“En mi casa, cada uno era libre de pensar lo que quisiese”, cuenta María Jesús. Los recuerdos de su hija dibujan a Tellería como un músico de talento precoz, pero poco disciplinado. Nació en Zegama, un pueblo de la Guipúzcoa humilde y rural. En su familia había cierta tradición musical. Juan Tellería era hijo de un organista y también quedó huérfano cuando era un niño. Un sacerdote de la familia acogió y crió a los hermanos. Así, Tellería aprendió a tocar el órgano en la iglesia de Zegama. “Solía escaparse a otros pueblos para tocar cuando era un crío. A veces, le pedían que repitiera alguna melodía de días anteriores, pero él no podía porque todo lo improvisaba y se lo inventaba”, cuenta su hija.

Gracias a las ayudas de la Diputación de Guipúzcoa, pudo marcharse a San Sebastián a estudiar composición y, más tarde, a Europa. En París y Alemania, subsistió como pianista de cines y teatros gracias a su capacidad para la improvisación. En los años 30, volvió a Madrid y se ganó la vida escribiendo canciones ligeras, zarzuelas y pasodobles con los que se labró cierta fama. Uno de ellos, ‘Venta de vargas’, sirvió como banda sonora para la película protagonizada por Lola Flores en 1959.

Aquel pasodoble llegó a salvarle la vida durante la Guerra Civil, cuando fue capturado por el bando republicano. Suárez-Pajares explica que el ‘Cara al sol’ mantuvo a Tellería “en una cuerda floja entre la vida y la muerte”. Una vez estallado el conflicto, en el bando nacional cuidaron mantener el anonimato del autor del himno falangista. El músico seguía viviendo en el Madrid republicano y, si su nombre se revelaba, podría sufrir represalias. “Un día, paseando con mi madre por Gran Vía, alguien señaló a mi padre. ‘¡Es él, es él! Este también es amigo de José Antonio’. Un camarero del Or-Kompon lo delató y lo entregó al Ejército”, cuenta María Jesús.

placeholder Juan Tellería y su mujer en Madrid. (Cedida)
Juan Tellería y su mujer en Madrid. (Cedida)

“Se lo quitaron a mi madre del brazo y se lo llevaron. Estuvo un montón de tiempo sin saber dónde se encontraba, sin saber si lo habían matado”. Juan Tellería ingresó en la Cárcel Modelo y, después, en la checa de Atadell. “Allí inventó que el autor del ‘Cara al sol’ —que era el concepto por el que le detuvieron por segunda vez— no era él, sino un tal Agustín Tellería, a quien había conocido en la Cárcel Modelo y le sabía evadido a la zona nacional. Dijo que él era Juan Tenería, Tenería el bueno, el autor del pasodoble popular ‘Venta de Vargas’, y una vez más le absolvieron”, explica Suárez-Pajares en su investigación.

“Aquello lo dejó hecho polvo”, recuerda su hija. “Contaba que, a veces, en la checa hacían una fila con los presos y hacían dar un paso a los 50 primeros. Esos iban fusilados al paredón. Quizá mi padre tuvo la suerte de caer siempre en el número 51”. Tellería fue sometido a un juicio sumarísimo durante la Guerra Civil e hizo creer al tribunal que el bando nacional robó su música sin permiso. Llegó a librarse del fusilamiento por la benevolencia de uno de los jueces, según cuenta María Jesús. “Fue un ángel que pasó por allí. Argumentó que la música era el único lenguaje universal y que no puede delinquir, porque no tiene ideología. Por eso se salvó”.

El compositor volvió a casa “con una barba muy larga, estaba irreconocible. Aquello le marcó mucho”. Antes de que la guerra terminara, Tellería se afilió a la C.N.T. para disipar sospechas y compuso por encargo la música de importantes películas de propaganda republicana: ‘Defendamos nuestra patria’ y ‘Amores de juventud’. “Él escribía música para vivir”, explica María Jesús.

Tras la guerra, el franquismo se apropió del ‘Cara al sol’ “de forma autoritaria”, según Suárez-Pajares. Aunque el régimen no recompensó a Tellería por el uso institucional del himno, le encargó que compusiera otros. Como el de la División Azul que, según su hija, refleja el carácter bohemio y disperso de su padre. "Si no se inspiraba, le era imposible componer. Cuando le encargaron el himno de la División Azul, resultó que pasaban los días y no escribía nada. Hasta que escuchó el tren en el que partieron los soldados hacia Rusia. Entonces, dijo: '¡Ya lo tengo!'. El traqueteo de aquel tren inspiró la tonada de los voluntarios españoles que combatieron junto al ejército nazi.

“Era un músico brillante, pero una persona muy bohemia. Nunca fue capaz de adherirse a una rutina de trabajo”, explica el musicólogo Suárez-Pajares. En 1946, Tellería compuso la música para la película 'Rojo y negro', que acaba de reestrenarse en la plataforma Flixolé. Dirigido por Carlos Arévalo, el largometraje fue censurado por el régimen de Franco por su retrato realista y crudo de la Guerra Civil. Pero Juan Tellería no solo escribió canciones ligeras ni himnos por encargo de la dictadura. En su repertorio cuenta con poemas sinfónicos, zarzuelas y música religiosa, que investigadores como Suárez-Pajares valoran por su calidad.

"Pero la música sinfónica no da de comer", lamenta María Jesús. "Muchos nos dicen que ojalá solo se hubiera dedicado a escribir obras sinfónicas, que le hubiera ido mejor. Cuando se casó y se vio de repente con tres hijas, tenía que mantener a su familia. Los boleros, tangos y pasodobles daban algo de dinero. Mucho o poco, mi padre subsistía componiendo". Suárez-Pajares lo compara con otros autores de su generación. "La de Tellería no era la música de la élite, pero sí permitía vivir. No era nada parecido a lo que escribían algunos compositores vanguardistas de la Generación del 27, 'chicos bien' que podían permitirse crear cosas 'raras', que no recibían mucha atención, pero que estaban al día".

En 1946, el régimen le concedió una cátedra en el Conservatorio Superior de Música de Madrid, pero Tellería no se habituó a la enseñanza. Murió en Madrid tres años más tarde, a los 54. "Quién sabe qué habría sido si hubiera vivido más", cuenta su hija. Una de sus obras más reconocidas fue la zarzuela 'El joven piloto', con libreto de Jacinto Miquelarena. Según Suárez-Pajares, se trata de una de las grandes representantes del género chico, y que no se programe hoy en día "dice mucho sobre el estado de la cultura española". "A Tellería no se le ha juzgado en términos musicales. Componer el 'Cara al sol' le pasó factura durante el franquismo y la Transición".

En 1973, Televisión Española incluyó en su 'Antología lírica' la grabación y adaptación para televisión de la zarzuela 'El joven piloto'. Su hija cuenta que la obra se llegó a grabar, pero que no se emitió por falta de presupuesto. "Era una serie de doce zarzuelas, pero se quedaron en diez porque no había dinero. La de mi padre quedó fuera. Nosotros pedimos la grabación, para poder escucharla aunque no se fuera a producir. Nos dijeron que estaba en algún sitio, pero no hubo forma de encontrar la música, alguien la desterró. Muchas veces, se la ha puesto al sello por ser el compositor del 'Cara al sol'".

Batalla judicial por los derechos

María Jesús y sus hermanas son las dueñas de todas las obras que Juan Tellería inscribió en el Registro de la Propiedad Intelectual, incluido el himno de la Falange. En abril de 2019, la productora de la película '¡Buen viaje, excelencia!' (Albert Boadella, 2003) fue condenada a pagar 26.000 euros a las hijas del compositor por haber incluido el 'Cara al sol' en el largometraje sin su autorización. "Hemos tardado en ganar el juicio 16 años. Nos pidieron el permiso, fuimos a ver la película y decidimos denegarlo porque nos parecía que se utilizaba de forma irrespetuosa. No nos hicieron caso y la estrenaron igualmente".

No es la primera vez que la familia del compositor tiene que autorizar el uso del himno. En 1972, la banda terrorista ETA voló un busto del Maestro Tellería en su Zegama natal, y el compositor Ángel Velázquez se propuso crear una versión 'pop' del 'Cara al sol'. Quería reclamar la figura del músico vasco más allá de la Falange y para ello contactó con la viuda y las hijas de Tellería. "Fuimos a su estudio y nos enseñó la versión. Al principio nos sorprendió mucho, pero cedimos. Días después de comercializarse el vinilo, mi madre empezó a recibir llamadas de gente quejándose por la versión, diciendo que eso se iba a terminar bailando en las discotecas".

Se generó tal revuelo, que la Jefatura Nacional del Movimiento secuestró el disco cuando ya se había comenzado a distribuir. "Vino un funcionario para decirnos que el 'Cara al sol' era del Estado, pero mi madre le explicó que nosotras teníamos los derechos". Hoy, María Jesús conserva algunos de esos vinilos secuestrados, que recibieron una autorización administrativa en 1974.

Con la indemnización que se le exige a la productora de la película, a María Jesús Tellería y a su familia les gustaría crear una beca de investigación académica para catalogar y recuperar la obra de su padre. Gran parte se conserva desperdigada en los archivos de la Biblioteca Nacional, la Sociedad General de Autores, el Registro de la Propiedad Intelectual, algunos ayuntamientos... "En el confinamiento, empecé a recopilar todo lo que encontré. Aunque sea, para meter todas esas partituras en una maleta y que las próximas generaciones sepan quién fue nuestro padre".

Señor con maletín

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