Juan Tellería, el hombre que compuso el 'Cara al sol'... y arruinó su vida por ello
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Juan Tellería, el hombre que compuso el 'Cara al sol'... y arruinó su vida por ello

Fue el autor del himno de la Falange y canto oficial de la dictadura. Lejos de ensalzarlo por ello, el franquismo nunca reconoció sus derechos sobre la obra

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Todavía hoy, a un español le hace falta apenas un compás para reconocer la melodía del ‘Cara al sol’. Un himno falangista compuesto hace 86 años, que caló en la memoria colectiva a fuerza de repetición. Durante casi medio siglo fue una de las canciones más reproducidas en todo el país. El régimen franquista lo fagocitó y difundió en sus canales oficiales como un emblema musical del Movimiento, y varias generaciones se vieron obligadas a escucharlo y memorizarlo con el brazo en alto.

El franquismo prefirió actuar como si esa música hubiera manado directamente del pueblo español. Y omitió que, en algún momento antes de la guerra, un compositor había escrito estas notas en un pentagrama. Tampoco prestó ninguna compensación por los derechos de la obra. El autor de estas notas colmadas de significado político, entonadas una y otra vez durante la dictadura, nunca alcanzó la fama de su creación. Componer uno de los cantos oficiales de la dictadura no hizo despegar la carrera de Juan Tellería (Guipúzcoa, 1894) como músico del régimen. De hecho, el resto de su vida quedó marcada y sepultada por el ‘Cara al sol’”.

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Juan Tellería. (Pascual Marín, Kutxa)

“Ese himno lo mantuvo en la cuerda floja de la vida y la muerte durante la guerra”, explica Javier Suárez-Pajares, catedrático de Musicología en la Universidad Complutense de Madrid y estudioso de la obra del compositor. Según este investigador, Tellería no fue un hombre de grandes pasiones políticas. Y haber ideado la melodía del himno falangista, que durante la Guerra Civil se convirtió en un fenómeno de masas, supuso una amenaza para su vida.

Tellería nació en Zegama, un pueblo de la Guipúzcoa humilde y rural. Allí recibió clases de piano, tocaba el órgano en la iglesia, y pudo marchar para estudiar en San Sebastián gracias a las ayudas de la Diputación guipuzcoana. Para subsistir, trabajaba como pianista de teatros, cines y cafés. Hasta que decidió salir de España durante los felices años 20 para exprimirlos en París y Alemania, también como pianista de teatros. En 1925, regresó a Madrid y comenzó a estrenar zarzuelas con cierto éxito. Y fue entonces cuando Tellería conoció a José Antonio Primo de Rivera y al entorno intelectual de Falange.

“Era un músico brillante, pero una persona muy bohemia. Nunca fue capaz de adherirse a una rutina de trabajo”, cuenta Suárez-Pajares. En los años previos a la Guerra Civil, Tellería había regresado de su viaje por Europa y frecuentaba las tertulias del café de Correos, en Madrid, y las del Club Gu, en San Sebastián. Allí se celebraban conciertos, conferencias y exposiciones. Y allí solía acudir la plana mayor de la Falange primitiva: Rafael Sánchez Mazas, Dionisio Ridruejo, Agustín de Foxá o el propio Primo de Rivera.

El uso institucional del 'Cara al sol' no reportó a Tellería ningún beneficio durante la dictadura

La creación del ‘Cara al sol’ es bien conocida. Tras un acto multitudinario de Falange, el líder se dio cuenta de que su movimiento necesitaba un himno. Una música enérgica y marcial, para exaltar la muerte y la victoria. Primo de Rivera encerró a su entorno de poetas más cercano (Sánchez Mazas, Foxá, Ridruejo, Miquelarena…) en el Or-Kompon, un conocido restaurante vasco. Ordenó custodiar la puerta para que nadie pudiera salir hasta terminar la tarea. Mientras Primo de Rivera y los demás ideaban la letra, Tellería permanecía al piano.

“Tellería era un hombre de provincias, de un origen muy popular. Se presentó en grandes ciudades y quedó fascinado por la personalidad de Primo de Rivera y un entorno al que era afín, pero no era un fascista”, sostiene el investigador. Según la versión del propio compositor, la melodía del ‘Cara al sol’ se había escrito previamente en otra obra llamada ‘Amanecer en Zegama’, que no tenía ningún significado político. Tellería se la mostró a Primo de Rivera en el Café Pelayo, y el líder falangista decidió adaptar su himno a esa música.

Después de aquella noche en el Or-Kompon, el ‘Cara al sol’ comenzó a extenderse como canto de los sublevados. Y el calvario de Tellería empezó en 1936. Durante la guerra, él continuaba viviendo en el Madrid sitiado, republicano. “En el entorno nacional tuvieron mucho cuidado de que no se filtrase el nombre del autor de la canción. La música se había convertido en un fenómeno de masas”, relata Suárez-Pajares. “Tellería lo negaba, decía que él no había sido”.

Un camarero del Or-Kompon delató al músico y el ejército republicano lo capturó. Ingresó en la Cárcel Modelo y, más tarde, en la checa madrileña de Atadell. “Allí inventó que el autor del ‘Cara al sol’ —que era el concepto por el que le detuvieron por segunda vez— no era él, sino un tal Agustín Tellería, a quien había conocido en la Cárcel Modelo y le sabía evadido a la zona nacional. Dijo que él era Juan Tenería, Tenería el bueno, el autor del pasodoble popular ‘Venta de Vargas’, y una vez más le absolvieron”, explica Suárez-Pajares en su investigación.

Se refería a uno de sus pasodobles más conocidos, 'Venta de Vargas', que compuso en 1934 y era por entonces una canción muy popular. "Aunque no es mi intento hablar de mis repetidos encarcelamientos ni de mis defensas ante los tribunales rojos, que unas veces me condenaban a muerte y otras me absolvían, proclamando que 'la música no delinque' quiero sin embargo consignar que desde el restaurant Or-Kompon partió una de las denuncias que milagrosamente no me llevó al paredón. Fue el camarero que nos servía aquella noche que se hizo pública la canción. Una mano se posó un día sobre mi hombro. Era la mano canalla del camarero del Or-Kompón. Los carceleros paseaban ante mi celda tatareando los compases de mi pasodoble 'Venta de Vargas'", contaba el propio Tellería en sus escritos autobiográficos.

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Manuscrito del 'Cara al sol' publicado en 'ABC', en 1939

En las páginas de 'ABC', Jacinto Miquelarena (periodista, escritor, falangista y amigo de Tellería) relató cómo el compositor negó la autoría del 'Cara al sol' ante un Tribunal republicano. Uno de los miembros del jurado tuvo que tararear la melodía para comprobar si el músico vasco la había escuchado alguna vez. Y este terminó por reconocer que, efectivamente, la música era suya, pero fingió que se trataba de un robo: "Casi puedo asegurar que es mía. Lo que no puedo comprender es cómo llegó al poder de los 'fachistas'. Me la robaron, seguramente en uno de mis periplos a lo stendheliano".

Durante su encierro, Tellería vivió uno de los episodios más traumáticos de su vida. Se libró del fusilamiento y finalmente fue absuelto. Para disipar las sospechas, se afilió a la C.N.T y, además del ‘Cara al sol’, llegó a componer la música de dos importantes películas de la propaganda republicana: ‘Defendamos nuestra patria’ y ‘Amores de juventud’.

Además del ‘Cara al sol’, llegó a componer la música de dos importantes películas de la propaganda republicana

“Terminó siendo un hombre devastado, arrasado. Durante mucho tiempo, se mantuvo en una situación terminal”. Y tras la guerra, su situación no mejoró. En “un grado inaudito de ingenuidad”, Tellería inscribió la autoría del ‘Cara al sol’ en el Registro de la Propiedad Intelectual en 1942. Un trámite al que estaba habituado con sus zarzuelas y canciones ligeras, para asegurarse los beneficios económicos si tenían éxito.

Según Suárez-Pajares, el Movimiento pidió a Tellería que donara los derechos sobre el himno, pero el compositor no renunció a ellos. “Lo cierto es que el uso institucional que se hizo del ‘Cara al sol’ no le dio ningún beneficio. Por ejemplo, hasta que el Gobierno de Aznar adquirió los derechos de la ‘Marcha Real’ (el himno nacional) en 1997, la propiedad intelectual era de sus autores”, explica Suárez-Pajares.

“El franquismo se apropió de la música de Tellería de forma autoritaria”. El compositor escribió más himnos a petición del régimen (el ‘Canto de la División Azul’ o el ‘Himno de las falanges juveniles de Franco’). “Pero tuvo un tropiezo importante. Se le pidió que escribiera la música de una película de propaganda falangista llamada ‘Rojo y negro’, de Carlos Arévalo. Para la época, era una obra muy moderna, con un plano secuencia larguísimo y casi coreografiado con la música de Tellería. Fue una gran obra del cine de vanguardia español de la posguerra. Pero las autoridades del régimen decidieron que no podía exhibirse porque representaba una visión muy cruda de la realidad española”.

Foto: Conchita Montenegro, protagonista de 'Rojo y negro'

Tellería se encontró así con un nuevo obstáculo y se convirtió en el compositor de una película retirada por razones políticas. En 1946, fue contratado en la cátedra de música de cámara del Real Conservatorio de Madrid. Pero el músico, de talante disperso, no logró habituarse a un empleo y salario estables. “No fue una recompensa por parte del régimen, más bien terminó siendo un castigo”, sentencia Suárez-Pajares. Juan Tellería murió pocos años más tarde, en 1949, a los 54 años. Gran parte de su obra permanece inédita a día de hoy.

Un 'Cara al sol' pop

En el 'Aberri Eguna' (Día de la Patria, en euskera) de 1972, la banda terrorista ETA voló un busto dedicado a Juan Tellería en su Zegama natal, donde el compositor era hijo predilecto. La estatua se había levantado a finales de los años 50 y, según contaba el artista Asier Mendizábal para 'CTXT' , tras ella se habían grabado unos compases de la marcha 'Amanecer en Zegama', la pieza que terminaría sirviendo como melodía al himno de la Falange.

Tras el acto vandálico, el músico Ángel Velázquez arregló una versión pop del 'Cara al sol' con su título original ('Amanecer'), para reivindicar la melodía y la figura de Tellería más allá de la dictadura fascista. La viuda de Tellería y sus hijas autorizaron la versión, aunque con reparos al principio, y el cantante Juan Erasmo Mochi se encargó de interpretarla. Según relata Javier Suárez-Pajares en su artículo, la versión pop del 'Cara al sol' generó tanto revuelo en el Movimiento, que la Jefatura Nacional "secuestró el disco cuando ya se había empezado a distribuir".

El single no se pudo comercializar hasta dos años después, en 1974, cuando la Dirección de Cultura Popular le concedió una autorización administrativa. Aquel fue uno de los intentos de desligar la música del compositor vasco de la dictadura. "A Tellería no se le juzgó en términos musicales", opina Suárez-Pajares. "Parte de la música que escribió perteneció al ámbito de la zarzuela o la canción. No era la música de la élite, pero sí permitía vivir. No era nada parecido a lo que escribían algunos compositores vanguardistas de la Generación del 27, 'chicos bien' que podían permitirse crear cosas 'raras', que no recibían mucha atención, pero que estaban al día".

Aunque el franquismo se apropió del 'Cara al sol', Tellería nunca cedió los derechos sobre la obra. Actualmente, son sus herederas las que ostentan la propiedad intelectual. Y son ellas las que deben autorizar, a través de la SGAE, cualquier uso del himno. En 2003, la productora de la película 'Buen viaje, excelencia' fue condenada a pagar 26.000 euros por utilizar dos fragmentos del 'Cara al sol' en sus escenas sin la autorización de las hijas del músico.

"No ceder los derechos del 'Cara al sol' le pasó factura durante la dictadura y durante la Transición". Suárez-Pajares lamenta que el resto de la obra de Tellería quedara oculta por la desmesurada popularidad del himno que compuso para Primo de Rivera y que, tras su muerte, su nombre quedara para siempre ligado a la Falange. "Este hombre hacía música grande, tenía un talento bruto". El investigador se refiere a su poema sinfónico 'La dama de Aizgorri' o a la zarzuela 'El joven piloto'. "Con libreto de Jacinto Miquelarena, uno de los mejores del siglo XX. Es absurdo y refleja el estado de la cultura española que no se programe hoy en día".

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