ENSAYISTA

Muere Rafael Sánchez Ferlosio a los 91 años, el sabio que dobló el cabo de Hornos

Adiós al autor de 'Industrias y andanzas de Alfanhuí', de 'El Jarama' y de algunos de los mejores ensayos en lengua castellana del último siglo

Foto: Rafael Sánchez Ferlosio en su casa en 2017. (Enrique Villarino)
Rafael Sánchez Ferlosio en su casa en 2017. (Enrique Villarino)

Hijo réprobo de fundador de Falange superviviente de un fusilamiento, joven escritor que fascinó a la España de los cincuenta y más allá con una novela que repudió casi inmediatamente, estudioso eremita y anfetamínico de la sintaxis durante décadas de clausura, columnista en estado de gracia de periódicos, ensayista, príncipe de la hipotaxis, rey de la digresión. Rafael Sánchez Ferlosio, a quien muchos consideran el mejor prosista de la lengua española del último siglo, ha muerto hoy en Madrid a los 91 años, según ha informado su editorial, Debate. En una entrevista concedida a este medio el pasado año 2017, resumía así su peripecia creadora: "La frase debe ser respiratoria, con todas las relaciones sintácticas incluidas dentro, no intentando rodear por fuera, por el estrecho de Magallanes, sino doblando por el cabo de Hornos".

Muere Rafael Sánchez Ferlosio a los 91 años, el sabio que dobló el cabo de Hornos

[Entrevista a Ferlosio: "Rajoy es un desastre e Iglesias, muy poca cosa"]

"Cuentan que fue un Nadal insólito aquel de 'El Jarama' en 1955, porque hubo unanimidad total del jurado. Cuando se reúnan los críticos españoles del momento, en abril de 1957 y exactamente en Zaragoza, le concederán también el Premio de la Crítica a 'El Jarama', y de nuevo por unanimidad. Aún queda por explicar qué extraño ungüento emanaba de 'El Jarama', que dejaba a los lectores atónitos, a los críticos embelesados y a los escritores perplejos". Así mostraba Gregorio Morán su asombro en 'El cura y los mandarines' por una novela de impronta tan descomunal en nuestras letras como fantasmagórica, un coma etílico de realismo social que Juan Goytisolo sentenció como un "callejón sin salida" y que el propio Ferlosio aborreció muy pronto.

Primera edición de 'El Jarama' (1955).
Primera edición de 'El Jarama' (1955).

En una entrevista a este medio a principios de 2017, Ferlosio desvelaba finalmente las razones de aquel odio sarraceno por su segunda novela: "En una obra que es panorámica, que es colectiva en su planteamiento, le ocurre un incidente a un individuo al que se da mucha categoría. Y un incidente de un individuo es un hecho contingente, no es un hecho de la colectividad, del tiempo, de la sociedad. Y eso fue una metedura de pata tremenda. Porque le di mucha importancia al ahogamiento de aquella muchacha, va allí el juez de Alcalá de Henares, interroga, saca el atestado… ¡Es un disparate! ¡Pero cómo metí allí algo tan contingente como un ahogamiento! ¡Un ahogamiento es un accidente, no es panorámico! Un disparate, aquello fue un disparate".

El niño que jugaba con José Antonio

"Como los niños son muy sensibles a la belleza, y José Antonio era tan extraordinariamente guapo y tenía tal encanto hasta en el timbre de la voz, recuerdo bien la absoluta fascinación que nos producía a mi hermano y a mí cuando venía a jugar con mi padre y con nosotros al mecano, el juguete de moda por entonces". Refractario a hablar de sí mismo, a darse la menor importancia en una suerte de humildad que debía más a la timidez radical que a la falsa modestia, Ferlosio solo se permitió una excepción al plasmar sus recuerdos en un breve racimo de páginas publicadas en la revista 'Archipiélago' en 1998 que tituló, en referencia a su grafología patológica, 'La forja de un plumífero'. Allí recordaba sus juegos infantiles en vísperas de la Guerra Civil con José Antonio Primo de Rivera —que había fundado Falange Española junto a su padre, Rafael Sánchez Mazas— y su mudanza a la Roma fascista en agosto de 1936, ya en plena Guerra Civil, junto a su madre, la italiana Liliana Ferlosio. Pero evitó citar curiosamente el espectacular episodio familiar ocurrido durante la contienda española.

Cena de algunos escritores falangistas con el líder de Falange, José Antonio Primo de Rivera (sentado tercero por la izquierda), en 1935. A su izquierda, Eugenio Montes y Rafael Sánchez Mazas.
Cena de algunos escritores falangistas con el líder de Falange, José Antonio Primo de Rivera (sentado tercero por la izquierda), en 1935. A su izquierda, Eugenio Montes y Rafael Sánchez Mazas.

A finales de 1936, y después de sobrevivir varios meses de incógnito en el Madrid republicano, sorteando los registros de los milicianos, Sánchez Mazas busca refugio en la embajada de Chile. En febrero de 1938, el falangista más antiguo de España huye clandestinamente de la capital y, a punto de alcanzar Barcelona, un control le identifica, detiene y encarcela en el Uruguay, un barco anclado en el puerto de la Ciudad Condal que sirve de prisión flotante. Las condiciones allí son terribles, pero los franquistas avanzan, la guerra está a punto de terminar y la liberación parece inminente. El 24 de enero de 1939, le sacan del barco, le trasladan al Santuario de Santa Maria del Collell, en Girona, y le fusilan junto a otros 50 presos bajo la lluvia. Pero, justo antes de la descarga de ametralladora, se le caen las gafas, se agacha, las balas no le alcanzan, los cuerpos caen encima de él. A la noche, Sánchez Mazas emerge tan aterrorizado como aliviado entre una montaña de cadáveres: está vivo.

'Soldados de Salamina'.
'Soldados de Salamina'.

'Soldados de Salamina', el 'bestseller' de Javier Cercas luego llevado al cine, popularizó aquella increíble peripecia que hasta el momento formaba parte de la épica íntima de la familia. ¿Y qué opinión tenía el muy reservado Rafael Sánchez Ferlosio de la elevación de su celosa privacidad filial en objeto de consumo cultural masivo? En una entrevista en 2004, respondía: "Cercas tuvo la gentileza de mandarme mecanografiado el original de su obra, pero no leo novelas, porque me aburren. Y la de Cercas tampoco la he leído, ni he visto la película".

Anfetaminas y sintaxis

La única biografía sobre Rafael Sánchez Ferlosio la publicó J. Benito Fernández tras reunir declaraciones de 123 personas pero sin lograr recabar la opinión del biografiado. En 'El incógnito' (Árdora Ediciones), Benito relata cómo, tras intentar incansablemente reunirse con él, Ferlosio le desaconsejó por teléfono la empresa: "No estoy conforme con la biografía. No tengo nada contra su persona. Es que no soy apropiado, no tengo argumentos. No le aconsejo que la escriba. Las biografías solo se hacen a los muertos".

La vida íntima del escritor giró entre el estudio y la tragedia. En 1953, se casó con la también escritora Carmen Martín Gaite, de la que acabaría separándose en 1970. Su primer hijo, Miguel, nació en 1954 y falleció de una meningitis antes de cumplir los ocho meses. Su segunda hija, Marta, murió en 1985, a los 29 años, fulminada por la epidemia de sida que en aquella década diezmó a los heroinómanos como ella. En sus últimos años, solo tenía ojos para Laura, a la que llamaba "mi nieta petrarquiana".

Rafael Sánchez Ferlosio. (EFE)
Rafael Sánchez Ferlosio. (EFE)

Ferlosio escribió tres novelas. La primera, 'Industrias y andanzas de Alfanhuí', la publicó en 1951, con apenas 24 años, y era un prodigio de imaginación que el escritor leía en las sobremesas a sus alborozados padres. La segunda fue 'El Jarama' (1955), el negativo exacto de la anterior, de obsesivo realismo. Muchas décadas después, llegaría al fin la tercera, 'El testimonio de Yarfoz', en 1986. En este último y tan dilatado periodo de tiempo, se sucedieron sus años más intensos. Más tarde recibiría el Premio Cervantes en 2004 y el Premio Nacional de las Letras Españolas en 2009.

A finales de 1954, y avergonzado por el éxito de un libro —'El Jarama'—, que repudió apenas escribió su última línea, Rafael Sánchez Ferlosio se borró del mapa. Los siguientes 15 años los pasó enclaustrado, aplicado a solo dos actividades aparentemente refractarias: el consumo impulsivo de anfetaminas y los estudios no menos arrebatados de gramática iniciados tras la lectura admirada de 'Teoría del lenguaje', de Karl Bühler. Lo mejor de aquellas decenas de millares de apuntes lo cosechó el primer volumen de sus ensayos completos (Debate, 2016), con el arriesgado título de 'Altos estudios eclesiásticos'. ¿La razón? El propio Ferlosio lo explicaba en 'La forja de un plumífero'.

Los siguientes 15 años se aplicó a solo dos actividades: el consumo impulsivo de anfetaminas y los estudios de gramática

https://cms.elconfidencial.com/editorial/find/'Altos%20estudios%20eclesi%C3%A1sticos',%20de%20Rafael%20S%C3%A1nchez%20Ferlosio%20(Debate)
https://cms.elconfidencial.com/editorial/find/'Altos%20estudios%20eclesi%C3%A1sticos',%20de%20Rafael%20S%C3%A1nchez%20Ferlosio%20(Debate)

"Cuando un clérigo da lugar a algún escándalo, la discretísima Iglesia católica, experta en tales trances, lo retira rápidamente de la circulación, y al que pregunta por él, tras haber advertido su ausencia, se le contesta indefectiblemente: 'Oh, el padre Ramoneda se ha recogido para dedicarse a altos estudios eclesiásticos'; a mí no me hizo falta ningún obispo que me retirara sino que me bastó con el inmenso genio de Karl Bühler y la irresistible sugestión teórica y expositiva de su obra —y quizás algo de horror o repugnancia por el grotesco papelón de literato que, tras el éxito de 'El Jarama', se cernía como un cuervo sobre mi cabeza— para retirarme de la circulación y consagrarme a 'altos' (o bajos) estudios gramaticales durante quince años".

¿Qué encontrará el lector en estos anfetamínicos ensayos gramaticales de un Ferlosio quien, según Miguel Delibes, es el único escritor español de posguerra que merece "la inmortalidad literaria"?

Vicio e hipotaxis

La hipotaxis, o subordinación, brinda en estos ensayos la técnica para urdir auténticos laberintos de palabras que se adentran en territorios desconocidos de la lengua. Ferlosio aspira a dotar de volumen a una escritura edificada en tres dimensiones que refleje el esfuerzo, según le escribe en una carta a Josep Maria Castellet, "por romper con las arcaicas inercias verbales, en busca de un estilo cuya complejidad y sutileza estén a la altura de las difíciles cosas que es preciso decir". Pero cuando esto escribe, transcurridos ya ocho años de anfetas y emborronamiento de papeles, el escritor hipotáctico admite a su interlocutor que aún no ha conseguido acercarse "a un estilo expositivo mínimamente viable".

Tras ocho años de anfetas, el escritor hipotáctico admite que aún no ha conseguido acercarse “a un estilo expositivo mínimamente viable"

"La hipotaxis es muy viciosa". Ferlosio era capaz de dedicarle una jornada completa a una sola frase y, pese a que no lograba resultados concluyentes en su investigación, tampoco podía abandonarla. Cada día ensayaba nuevas frases circunstanciadas y poliarticuladas, "de muy largo aliento", que imaginaba poderosos y multiarbolados galeones de gran prosa barroca que, sin embargo, no lograrían pasar "el cabo de Hornos". Pese a los "catastróficos naufragios", aquel era "el gran camino de la lengua" para superar la sintaxis ramplona de los escritores de la época.

Podríamos decir hoy que sí, que al fin de aquellos desaforados 15 años "el furor de la galerna" acabó por desarbolar el proyecto. Pero los restos de un naufragio fueron siempre tan bellos...

En uno de aquellos últimos ensayos, 'El castellano y la Constitución', nos topamos de pronto con el relato de cómo concluyeron abruptamente los 15 años de gramática y anfetas, "no por otra cosa, tras millares de noches y cientos de cuadernos, que por mi salud mental". Y es que en algún momento de finales de los setenta, Ferlosio abandonó el consumo de unas sustancias cada vez más difíciles de conseguir que le habían sumido además en "el desorden y la dispersión". Tocaba madurez y mayor serenidad. Arrancaba su fructífera etapa como articulista de periódicos.

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