'Valle de lágrimas': la claustrofobia de la guerra a bordo de un tanque israelí
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'Valle de lágrimas': la claustrofobia de la guerra a bordo de un tanque israelí

'Valle de lágrimas' evoca el conflicto del Yom Kippur y la complejidad de una sociedad y de un país simbolizados en el ejército

placeholder Foto: 'Valley of Tears' ('Valle de lágrimas'), en HBO.
'Valley of Tears' ('Valle de lágrimas'), en HBO.

Estado. Ejército. No puede decirse que exista en Israel una distancia conceptual ni orgánica entre las fuerzas armadas y la población, menos aún cuando los 'civiles' están sometidos a una disciplina de entrenamiento para prevenirse del lanzamiento de cohetes y cuando la edad de los reservistas se prolonga hasta los 45 años, en el contexto de un servicio militar intensivo —tres años, en el caso de los varones— que también concierne a las mujeres y a todas las minorías. Incluidas la drusa, la católica y hasta la árabe, en circunstancias especiales.

Los israelíes, en cierto modo, son el ejército, en cuanto el ejército es el mito fundacional contemporáneo, como explica Pierre Razoux en un tratado del 'Tsaha' que publicó hace unos años Inédita editorial, y que reflexiona sobre una idea genuina del politólogo Alain Dieckhoff: hay Estados que tienen un ejército y hay ejércitos que tienen un Estado.

Se refiere en este último sentido a Israel. Puede que hiperbólicamente, pero también reflejando, así hace también Razoux, que la existencia del ejército de Israel antecede incluso a la creación del propio Estado oficial. Y se arraiga en la fechoría de un atentado terrorista concebido contra la 'ocupación' británica en el Hotel Rey David de Jerusalén (1946).

Murieron 96 personas, casi todas ellas de las fuerzas 'coloniales'.

Tráiler de 'Valley of Tears'

E irritó a la Administración londinense sobremanera que Benjamin Netanhayu, siendo primer ministro, formara parte de las personalidades que conmemoraron 'la hazaña' en 2006, seis décadas después, pero el relato de la opresión no se explica sin los hitos de la resistencia, como no se explica la historia contemporánea de Israel sin la tradición de los condotieros militares, fuera cual fuera su idiosincrasia ideológica.

Hablamos de Ben Gourion, de Ezer Weizman, de Moshe Dayan, de Shimon Peres, premio Nobel de la Paz, y de Ariel Sharon, a quien Razoux considera el punto de equilibrio absoluto entre el arquetipo del líder visionario, estratega y táctico con que el Tsahal ha buscado el liderazgo de una figura patriarcal, nunca más para acaudillar el éxodo, sino para defender 'como sea' la tierra prometida.

Foto: Detalle de portada de 'Música para los muros' (Galaxia Gutenberg)

'Como sea' es una manera de aludir a la contundencia de las operaciones militares, a la falta de escrúpulo con la población civil, cuando se trata de purgar las represalias palestinas, y a la dimensión iconográfico-legendaria que han adquirido las grandes operaciones en el imaginario colectivo y en su proyección de cohesión narrativa.

Ninguna tan fugaz como la Guerra de los Seis días. Ninguna tan simbólica como la de Yom Kippur, el día sagrado por antonomasia. Y la fecha que la coalición de Egipto, Siria y otros países árabes eligieron en el año 1973 para recuperar el Sinaí, los Altos del Golán e intentar presentarse con los tanques en las puertas de Jerusalén.

Una serie fabulosa

Viene a cuento mencionarla porque HBO dispone en su parrilla de una fabulosa serie israelí que reconstruye aquel conflicto no desde la propaganda ni desde la grandilocuencia, sino desde las entrañas, la claustrofobia y la angustia de sus protagonistas. Israelíes y militares, claro, pero expresión de una sociedad muy compleja, tanto por la mezcla de generaciones y de orígenes, como por las clases sociales, la tribu originaria y la misión encomendada. Fanáticos y escépticos. Ricos y pobres. Asquenazís y mizrajíes (judíos del Magreb, de Siria, de Irak). Universitarios y obreros. Padres e hijos. Hombres y mujeres, por mucho que estas últimas tuvieran prohibido entonces emplazarse en el frente. Se trataba de protegerlas de las violaciones y de las torturas.

HBO evoca las tensiones de la propia sociedad cuando sobrevino el ataque sorpresa

La serie de HBO elude cualquier expectativa de apología sionista. Es más, evoca las tensiones de la propia sociedad setentera cuando sobrevino el ataque sorpresa de Egipto. No solo por la repercusión de los movimientos pacifistas. También porque prosperó en aquellos años la réplica israelí de los Panteras Negras americanos. Un movimiento subversivo que denunciaba la segregación racial de las castas desfavorecidas y que el Estado también combatió con medios desproporcionados. Utilizando, por cierto, los recursos de espionaje del Mossad y demoliendo unos cuantos principios democráticos.

La serie es muy dura, porque introduce al espectador en la claustrofobia de un tanque. Y en las circunstancias particulares de los soldados. Todos ellos, necesitados de una escapatoria sentimental para resarcirse de los horrores del combate. Y para confiar en el regreso a casa, muchas veces sintiéndose peones anónimos y sacrificiales en el tablero de Moshe Dayan y de Ariel Sharon, artífices ambos de la estrategia militar que dio la victoria a la estrella de David, pese a que los acuerdos de paz posteriores devolvieron a Egipto la soberanía del Sinaí.

Yaron Zilberman figura como el autor de la serie. Y es verdad que no ahorra detalles sobre la ferocidad de las tropas árabes. Y sobre la brutalidad de las torturas que malograron a tantos prisioneros, pero también le concede la voz al sentimiento de un carismático oficial sirio. Y le otorga un monólogo que desmiente el derecho de Israel a colonizar el territorio sagrado y a defenderlo 'como sea' en nombre de un ejército que aloja dentro de sí un Estado, una misión y una expiación.

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