LIBRO

Música contra los muros: una insólita historia de paz en medio de la guerra

Un libro de la periodista Ana Arambarri recupera las fascinantes intervenciones de grandes músicos en el conflicto árabe-israelí

Foto: Detalle de portada de 'Música para los muros' (Galaxia Gutenberg)
Detalle de portada de 'Música para los muros' (Galaxia Gutenberg)

Un violonchelista de la Orquesta Filarmónica de Israel dirigida por Leonard Bernstein afina su instrumento en el desierto. De fondo, dos banderas y un tanque. Suenan las alarmas antiaéreas alertando del inminente ataque. Pero la música continúa para elevar la moral de las tropas pero también para ofrecer esperanza a todo un pueblo. Años después, la música logra algo más. En plena guerra del Líbano, a pocos kilómetros de la frontera, Zubin Metha mueve la batuta en un campo de tabaco, bajo una lona, para un público de judíos y árabes. El peligro es tal que, al término del concierto, el director pide a los espectadores que suban al escenario para esconder a los músicos. Allí, árabes y judíos se abrazan juntos. Son sólo dos escenas entre otras muchas recogidas por la periodista Ana Arambarri en 'Música contra los muros' (Galaxia Gutenberg), el fascinante libro sobre las esperanzas de reconciliación que abre la música en la guerra interminable de Oriente Medio.

"Este libro, basado en hechos reales", explica Arambarri, "se adentra en la conexión entre el complicado laberinto geopolítico y la enorme influencia de la música en el ser humano en circunstancias extremas". Y así, se despliega en estas páginas, a caballo entre la realidad y la ficción, todo un botín de historias insólitas protagonizadas por algunos de los mejores músicos de los últimos tiempos que abandonaron sus cómodos refugios europeos y americanos para desplazarse a primera línea de guerra con el fin de llamar la atención sobre el conflicto. Nombres como los del citado Leonard Bernstein, Daniel Baremboim, Pinchas Zuckerman, Itzhak Perlman Jacqueline du Pré o Zubin Metha.

'Música contra los muros'
'Música contra los muros'

Es también la historia de una evolución. Porque si los primeros artistas que aterrizaron en Israel en 1967 lo hicieron de parte, para animar y evadir a los judíos de los horrores de la guerra mientras los palestinos huían en masa de sus tierras para acabar en el exilio o en los campos de concentración, más tarde se amplía el objetivo hasta abarcar al ambicioso y esperanzador proyecto del israelí Barenboim apoyado por el intelectual palestino Edward Said: una orquesta forma por jóvenes árabes, israelíes y palestinos que mostrara, a través de la música, que dos pueblos enemigos podían dejar de matarse para tocar juntos. La armonía de la paz contra el ruido de la guerra.

El ruido de la guerra

Pocas guerras han sido tan contadas, mencionadas, disputadas, pocas contiendas han despertado pasiones tan encendidas, pocas también, tristemente, han durado tanto, con sus intermitencias, desde que un minuto antes de la medianoche del 15 de mayo de 1948, cinco ejércitos árabes invadieran el recién nacido estado de Israel. El sorprendente poderío militar judío demostrado entonces llevó, seis meses después, tras el fin de las hostilidades, a que un 78% del territorio de Palestina fuera tomado por Israel. Se trazaron líneas verdes de demarcación, se alzaron muros, la ocupación había comenzado. Generaciones de palestinos habían vivido y labrado en paz con sus vecinos judíos y cristianos unas tierras de las que ahora eran expulsados. Para no volver.

Du Pré y Barenboim
Du Pré y Barenboim

Los episodios bélicos se sucederían. En 1956, al estallar la Guerra del Sinaí, tras la nacionalización del canal de Suez; en 1967, al relampaguear la Guerra de los Seis Días; la del Yom Kippur, en 1973... Más tarde arreciarían la guerra del Líbano de 1982, las intifadas, la segunda guerra del Líbano de 2006, la Operación Plomo Fundido en Gaza en 2009, y nuevamente Gaza en 2014. Las vidas de los músicos de ambos bandos fueron determinadas por la larga serie de las batallas, las notas musicales alternaron con el plomo y la metralla. Historias de amor de trágico final como la del pianista Daniel Barenboim y la violonchelista Jacqueline du Pré prendieron bajo las bombas de la guerra de los Seis Días. Y Arambarri, una narradora excepcional, da cuenta de todo ello en 'Música contra los muros' alternando documentos, declaraciones, verdad y literatura.

Las vidas de los músicos de ambos bandos fueron determinadas por la larga serie de las batallas, las notas alternaron con el plomo y la metralla

"La situación era extrema. Cuando a mitad del concierto sonaban las sirenas, la orquesta tenía que dejar de tocar, mientras los espectadores se colocaban la máscara antigás en prevención de un ataque. La orquesta ofrecía dos conciertos al día, uno a las doce del mediodía y otro a las seis de la tarde. La población israelí acudía a pesar de estar bajo una fuerte presión psicológica. Asistían al concierto después de sufrir la inquietud de los bombardeos nocturnos o de oír sirenas antiaéreas que alertaban de ataques con misiles. Entonces, los ciudadanos tenían que buscar un refugio hasta dos veces seguidas, lugares herméticamente cerrados donde debían esperar un tiempo, que se hacía eterno, hasta verificar que el ataque había terminado. Para algunos, la música era la manera de olvidar, para otros, un momento de esperanza que les evitaba pensar en la noche siguiente y en el dramático sonido de las alarmas aéreas".

La armonía de la paz

Berlín, 2019. Una orquesta milagrosa celebra sus 20 años de existencia. Se llama West-Eastern Divan y la fundaron en 1999 el maestro argentino-israelí Daniel Barenboim y el influyente pensador palestino Edward Said. Sus conciertos se han escuchado en Nueva York, París, Damasco, Tel Aviv o Ramala. Sus músicos son egipcios, sirios, palestinos, turcos, libaneses, jordanos, israelíes y españoles que empezaron a tocar juntos no sin recelos para acabar forjando amistades -y amores- inquebrantables. El propio Barenboim ha bromeado sobre este asunto en televisión: "Debe ser muy excitante hacer el amor con el enemigo". La música ha roto barreras y le ha demostrado al mundo, casi con insolencia, que la convivencia y la paz son posibles.

Poco antes de morir de leucemia el 25 de septiembre de 2003, a los 67 años, Edward Said hablaba así de a West-Eastern Divan: "Ha sido lo más importante que he hecho en mi vida".

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