ESTRENO

'El juicio de los siete de Chicago': humor y emoción en lo nuevo de Sorkin para Netflix

Sorkin se postula como uno de los favoritos en la carrera hacia el Oscar gracias a este procesal ambientado a finales de los 60, en plena revolución por los derechos civiles

Foto: Sacha Baron Cohen, un yippie en la Corte Suprema. (Netflix)
Sacha Baron Cohen, un yippie en la Corte Suprema. (Netflix)

En el horizonte se entrevé el final de los años sesenta y, con él, la decadencia del movimiento hippie y de ocho años de Gobierno demócrata que empezaron con el Camelot de Kennedy y continuaron con las revoluciones contraculturales por todo el mundo, incluida la lucha por los derechos sociales y la liberación sexual. Los años venideros de conservadurismo se hicieron palpables cuando el Partido Demócrata eligió a Hubert Humphrey para hacer frente al republicano Nixon en las Elecciones Presidenciales de 1968. "En lo que respecta a la guerra y la justicia social, las posturas de Humphrey y Nixon son tan cercanas que es difícil distinguirlas", explica durante un encuentro Tom Hayden (Eddie Redmayne), el líder de la Asociación Estudiantil por una Sociedad Democrática, al comienzo de 'El juicio de los siete de Chicago', la última película como director y guionista del pope Aaron Sorkin. Después de un breve paso por las salas, los Siete de Chicago han llegado este viernes a Netflix y se postulan como principales competidores para los Oscar.

Con esa simple frase y después de unos minutos de metraje real con los que Sorkin dibuja la situación política y social en el año 1968, con los muertos en Vietnam contabilizados por decenas de miles, las tensiones raciales a punto de nieve (y fuego) y líderes como Martin Luther King y Robert Kennedy asesinados. "El Doctor King está muerto; tenía un sueño y ahora tiene una bala en la cabeza", apunta Bobby Seale (Yahya Abdul-Mateen II) en una muestra de la brillantez y el humor afilado de los diálogos de Sorkin, que no decae en este guión en el que el género procesal, el drama y la comedia se diluyen como en un cóctel molotov. Apenas unas pinceladas rápidas le sirven para presentar a la docena de protagonistas de un juicio político que enfrentó a los líderes de diferentes asociaciones como los Panteras Negras, el Partido Internacional de la Juventud -yippies- o pacifistas en contra de la Guerra de Vietnam contra el Gobierno Federal, que los acusó de conspiración.

Apenas se conocían entre ellos, pero fueron encausados conjuntamente como responsables de los disturbios que tuvieron lugar en el Parque Grant de Chicago el 28 de agosto de dicho año, donde confluyeron 15.000 manifestantes a los que la Policía reprimió con cloruro de fenacilo (gases lacrimógenos) y a golpe de porra, lo que no impidió que intentasen llegar hasta el Conrad Hilton Hotel, donde ambos candidatos habían instalado sus centros de operaciones. Sorkin vuelve a recurrir a metraje real de la época y a flashbacks intercalados con la recreación del juicio para intentar recomponer los sucesos de aquel día, independientemente de la sentencia. En su forma de narrar, Sorkin recurre también al montaje, donde salta rápidamente de una voz a otra en un puzzle con pretensiones de objetividad y que da ritmo a una película que en ningún momento lo pierde.

Sacha Baron Cohen, Mark Rylance, Jeremy Strong, Eddie Redmayne y Danny Flaherty. (Netflix)
Sacha Baron Cohen, Mark Rylance, Jeremy Strong, Eddie Redmayne y Danny Flaherty. (Netflix)

Después de estrenarse como director con 'Molly's Game', Sorkin vuelve a la crítica política con otro bofetón que cuestiona la separación de poderes y justicia imparcial. A lo largo del film aparecen miembros del FBI, del Gobierno, de la judicatura, de la sociedad civil y plantea cómo los siete de Chicago fueron cabeza de turco en un movimiento para reprimir los movimientos críticos con el 'establishment'. A los acusados se les procesó gracias a una ley anacrónica que nunca antes se había utilizado y se encontraron enfrente al juez reaccionario Justin Hoffman (Frank Langella) que, al menos en el filme, queda retratado como un mero instrumento político. "Este tribunal es una pantomima ['bullshit']", dijeron públicamente los acusados, poniendo sobre la mesa la posibilidad de un juicio adulterado, una opción que atacó los cimientos de la democracia americana.

Si Spielberg recuerda con nostalgia en su cine una América que en algún momento fue más pura y justa, Sorkin tiene una mirada mucho más desencantada con las relaciones de poder ocultas a la opinión pública. La secretaria de una de los despachos de los peces gordos dice también al comienzo: "Están asistiendo a un momento histórico". Ese momento es el cambio de un cuadro en el despacho, un retrato de tal o cual prócer por el de otro. Es el chiste con el que Sorkin quiere incidir en aquellos personajes del 'establishment' que no se dieron (ni dan) cuenta de dónde suceden realmente los grandes cambios sociales. Idiotas que miran el dedo. Sobre todo en ese año de catarsis mundial en el que los jóvenes desobedecieron al unísono a sus padres y sus reglas.

Joseph Gordon-Levitt es el fiscal Richard Schulz. (Netflix)
Joseph Gordon-Levitt es el fiscal Richard Schulz. (Netflix)

Sorkin entronca ese contexto histórico con el actual, donde la represión policial sigue copando minutos en los telediarios y se respira de nuevo una corriente conservadurista en la política mundial. 'El juicio de los siete de Chicago' es, más que un grito a favor de la insumisión, una incitación a la defensa los ideales de igualdad y contra la injusticia. Sorkin recuerda que los avances sociales se producen gracias a la sangre de quienes lucharon por ellos -caídos en el olvido, en muchas ocasiones- y apela a la responsabilidad individual, a las decisiones morales que influyen en los cambios colectivos.

Y lo hace sin amargura, con sentido del humor y de la emoción, y con un reparto sin fisuras entre los que también están Sacha Baron Cohen, John Carroll Lynch, Mark Rylance y Michael Keaton. Si algo es 'El juicio de los siete de Chicago', aparte de ingeniería suiza, es un film sólido y de peso, que aunque no inventa nada nuevo, si pretende un análisis profundo sobre la perversión de un sistema que se niega a reconocer los errores y que, cuando se siente amenazado, responde con autoritarismo.

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