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Tienes que ver 'El colapso', la serie del año sobre el fin de la civilización

¿Qué pasaría si, algún día, dejasen de funcionar las tarjetas de crédito? ¿Si comenzase el desabastecimiento? ¿Si se vieniese abajo nuestro sistema de vida?

Foto: Los saqueos del segundo capítulo de 'El colapso', 'La gasolinera'. (Filmin)
Los saqueos del segundo capítulo de 'El colapso', 'La gasolinera'. (Filmin)

Ha tenido que llegar de Francia, un país de tradición revolucionaria y de movimientos sociales fuertes e incómodos, y de mano de un colectivo de cineastas que firman como Les Parasites, salidos de la escuela de cine y que utilizan YouTube como plataforma de exhibición gratuita de sus contenidos. La mezcla entre la tradición cultural y la juventud subversiva, el único caldo de cultivo posible para una de las series del año, 'El colapso' (L'Effondrement'), que acaba de aterrizar en Filmin y que toma un sentido mucho más abrumador después de los acontecimientos mundiales de los últimos meses. Como el mito de Casandra, parece como si Guillaume Desjardins, Jérémy Bernard, Bastien Ughetto –Les Parasites– estuviesen alertando al mundo desde el único altavoz disponible, el del audiovisual, de un colapso inminente del orden mundial.

Y como ocurre a Jacques (Yannik Choirat), el científico que alerta en un debate televisivo de una crisis global que supondría el final de la sociedad, el ruido, la frivolidad, la ideología soterran el mensaje que cae a plomo: si no cambiamos nuestra relación con el medioambiente, si perpetuamos un sistema de causas que oprime a los débiles y mantiene la hegemonía de las clases altas, si no detenemos un crecimiento insostenible, un abuso de los recursos naturales en un planeta finito, todo nuestro modus vivendi se vendrá abajo.

Antes de que España fuese testigo del acaparamiento y desabastecimiento de papel higiénico en las primeras semanas del confinamiento–el primer capítulo se estrenó en Francia en noviembre de 2019–, Les Parasites ya habían imaginado el primer paso de una hecatombe mundial en la que un sistema económico basado principalmente en el consumo se detuviese en seco. En ocho capítulos de alrededor de veinte minutos de duración, cada uno de ellos rodado como un plano secuencia magistral, 'El Colapso' imagina –y de manera muy realista y cercana en el tiempo–, cuál sería la reacción del ser humano ante la desaparición de todo aquello que conoce.

Resulta escalofriante la clarividencia con la que los creadores de la serie han elegido los espacios y las situaciones

Y resulta escalofriante la clarividencia con la que los creadores de la serie han elegido los espacios y las situaciones. Un supermercado al que hace días que no llegan los suministros, una gasolinera en la que queda poco combustible, un éxodo masivo de la ciudad al campo, una residencia de ancianos que no pueden valerse por sí mismo, lel peligro de que vuelva a ocurrir una accidente nuclear en una central sin refrigeración, una clase dirigente que siempre tendrá más medios –y, sobre todo, más información–, para afrontar la carrera por la supervivencia y, sobre todo, como el ser humano, si ha de elegir entre sí mismo y los demás, tiene pocos amigos.

Yannick Choirat es Jacques, el científico que advierte de 'El colapso'. (Filmin)
Yannick Choirat es Jacques, el científico que advierte de 'El colapso'. (Filmin)

"Anticipense a lo que va a pasar, porque la catástrofe es inminente y las consecuencias serán desastrosas. Intenten organizarse. Intenten crear equipos, redes de ayuda en las ciudades, en los pueblos, en los barrios. Necesitamos ganar en autonomía urgentemente. Tenemos que salir sí o sí del sistema que conocemos. Y tiene que ser hoy, no mañana. Podemos evitar las hambrunas, podemos evitar la sequía, podemos evitar millones de muertes, podemos evitar los éxodos. Todo depende de nosotros. No vamos a evitar el colapso, pero podemos sobrevivir", advierte Jacques en una ruptura de la cuarta pared en la que apela al espectador en un juego de pantalla dentro de la pantalla. Porque no sólo es el personaje quien avisa, sino los creadores a través de su serie.

'El colapso' parte en el segundo día tras el derrumbe, y lo hace desde el espacio físico del sistema de consumo: una tienda, un supermercado. En un momento en el que desaparecen las telecomunicaciones –sin teléfono, sin internet, sin posibilidad de sacar dinero, sin posibilidad de pagar salvo en efectivo– el consumidor alienado sigue sintiéndose inmune. ¿Por qué no hay tampones? ¿Por qué no hay hamburguesas? La única preocupación del cliente es la de satisfacer sus deseos, con el autoritarismo del que siempre le han dado la razón, sin saber que si cesa la oferta repentinamente y sube la demanda, lo primero que pierde valor es su dinero, a no ser que aumente sus propiedades nutritivas. Porque el día que caiga la pantomima, un billete tendrá menos valor que el papel de váter, que al menos es absorbente.

Otro momento de 'El Colapso'. (Filmin)
Otro momento de 'El Colapso'. (Filmin)

Los combustibles fósiles a los que hemos encomendado nuestra movilidad irán agotándose y con ellos nuestros medios de transporte. Como también ha ocurrido durante la pandemia, se descubrirá que los trabajos imprescindible no son los que la sociedad había asumido y perpetuado como tales. Un comercial de productos de impresoras o un crítico de cine tendrían la misma utilidad que una ameba si cambiase el paradigma. Al romper –de tanto usar– la ley de la oferta y la demanda el equilibrio entre poseer y desear se compensaría, porque el poder de quien poseyese lo que todos desean desaparecería en cuanto una masa, superior numéricamente, se atreviese a tomar lo que desea, sin atender a la propiedad privada. Porque la subsistencia prevalece sobre la propiedad privada.

De las clases dirigentes y pudientes sería lo esperado, pero, mire a su alrededor, seguro que sabe ya quien en su entorno echaría lastre a la menor contrariedad. Como en 'Fuerza mayor', vaticinar que tal o cual persona les pasaría por encima con tal de salvar su culo, perdón por la expresión, ¿cómo afecta a su relación? ¿Cuándo quedaría justificado el mal ajeno para garantizar la supervivencia, cuando todo el mundo a la vez lucha por sobrevivir? Que los creadores hayan dedicado un capítulo a una residencia de ancianos demuestra que, antes del Covid, la sociedad ya daba muestras de la falta de compasión con quienes ya no son productivos ni pueden valerse por sí mismos.

Imagen del primer capítulo, 'El supermercado'. (Filmin)
Imagen del primer capítulo, 'El supermercado'. (Filmin)

Producido por Canal + Décalée, la serie supone una experiencia inmersiva gracias a los planos secuencia, que consiguen eludir los artificios expresivos para centrarse en la tensión y la emoción de los personajes. La cámara baila de unos a otros, permitiendo conocer sus puntos de vista y consiguiendo la identificación con sus deseos y necesidades. Todo es excepcional y al mismo tiempo tan familiar y natural –pareciera que casi no hay esfuerzo– en la serie: la dirección de arte, la fotografía, los actores, y la elección de tiempo y lugar de las píldoras con las que 'El colapso' imagina un futuro no muy lejano, que a diferencia de 'Black Mirror' no cuenta con chips prodigiosos ni mundos hipertecnologizados. El tiempo del colapso podría ser mañana mismo. Incluso hoy. Incluso haber comenzado hace rato mientras nosotros seguimos aquí, hablando de series.

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