Prendió la mecha de la guerra

500 años de la Noche Triste, el penúltimo suspiro mexica que hizo temblar la tierra

La primera y única derrota de Hernán Cortés se pareció más a una retirada táctica que a una cruenta batalla entre pobladores indígenas y conquistadores europeos

Foto: Representación de la noche Triste. (iStock)
Representación de la noche Triste. (iStock)

En la madrugada de hace 500 años la tierra tembló en Tenochtitlán y las acequias de lo que hoy es Ciudad de México se tiñeron de sangre española. Así relataba la que años más tarde se conocería como Noche Triste Bernal Díaz del Castillo, soldado presente en la primera y única derrota de Hernán Cortés al otro lado del Atlántico y autor de la 'Historia verdadera de la conquista de la Nueva España'.

Su testimonio, como el de otros cronistas de la época, está revestido de épica, pero dibuja la imagen más próxima de lo que, a ojos de la historiografía contemporánea, se considera una retirada táctica.

Todo comenzó en noviembre de 1519, cuando los conquistadores liderados por Hernán Cortés, acompañados de miles de aliados tlaxcaltecas y cempoaleses ávidos de venganza contra sus viejos enemigos, entraron en la capital mexica. Para Moctezuma II no fue una opción descabellada darles vía libre, pues pensó que sería más fácil librar una batalla en los terrenos pantanosos del lago Texcoco que a campo abierto, según explica el historiador de la Universidad de Sevilla Esteban Mira en su obra 'Hernán Cortés: luces y sombras del conquistador de Nueva España'.

Cortés hizo gala de su diplomacia en un principio. Nada más llegar, bajó de su caballo para abrazar al tlatoani —palabra con la que los pueblos de habla náhuatl designaban a sus gobernantes—, pero la corte se lo impidió porque era pecado tocar al soberano. El de Medellín le echó al cuello un collar de margaritas y diamantes, mientras que Moctezuma le devolvió el gesto con dos colgantes formados por camarones de oro. Después, le condujo al palacio de Axayácatl, situado en el centro de la isla-ciudad, y proclamó: "En vuestra casa estáis: comed, descansad y haced placer".

Hasta aquí la distensión. Los españoles convirtieron su residencia en cuartel y buscaron un pretexto para cortar la cabeza de la serpiente. Después de que los jefes de Nautla, uno de los asentamientos aliados de los conquistadores, se negaran a pagar tributos a sus antiguos señores, se produjo una escaramuza en la que murieron siete españoles, entre ellos el alguacil Juan de Escalante. Al amanecer, Cortés y cinco de sus capitanes partieron armados a las dependencias del emperador y lo detuvieron.

Los españoles convirtieron el palacio de Axayácatl en un cuartel y buscaron un pretexto para aprisionar a Moctezuma sin generar una guerra

La balanza comenzaba a inclinarse hacia el bando extranjero, pero a Hernán Cortés se le abrió un nuevo frente. Su compatriota Pánfilo de Narváez desembarcó en las costas de Veracruz al mando de un ejército con instrucciones de capturarle vivo o muerto, después de que el extremeño desobedeciera las órdenes del gobernador general de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar. Cortés partió a su encuentro con la mayoría de sus efectivos y dejó una pequeña guarnición en Tenochtitlán bajo las órdenes de Pedro de Alvarado.

Este frágil equilibrio de poder se rompió el 22 de mayo de 1520. Ante los constantes rumores que apuntaban hacia una rebelión mexica, el lugarteniente de Cortés optó por un ataque preventivo contra los nobles tenochcas cuando estos celebraban una fiesta en honor a los dioses Tezcatlipoca y Huitzilopochtli. Las fuentes castellanas no detallan las motivaciones de Alvarado, mientras que la 'Visión de los vencidos' recogida por el historiador mexicano Miguel León-Portilla se refiere a la Matanza del Templo Mayor como una masacre perpetrada contra cientos de personas indefensas.

Mapa de Tenochtitlán fechado en 1524. (Friedrich Peypus/C.C.)
Mapa de Tenochtitlán fechado en 1524. (Friedrich Peypus/C.C.)

Existiera o no la sombra de un complot, la cacería durante la fiesta de Tóxcatl prendió la mecha de la revuelta. Tras su victorioso regreso, Cortés trató de calmar los ánimos haciendo que Moctezuma dedicara unas palabras a la población desde un balcón del palacio donde permanecía encerrado, pero sus antiguos súbditos, que ante su complicidad con los españoles reconocieron como líder a su hermano Cuitláhuac —aunque otras versiones sostienen que el relevo se produjo después—, comenzaron a arrojarle piedras y flechas que le hirieron de muerte.

Conscientes del riesgo que sufrían y, tras permanecer ocho días hambrientos y heridos, los españoles huyeron precipitadamente el 30 de junio a medianoche. La comitiva apenas pudo avanzar un par de kilómetros por las estrechas calzadas que salían de la isla antes de que los centinelas mexicas advirtieran su presencia. El sonido de las caracolas presagiaba una lluvia de proyectiles que se cobró más de 800 vidas españolas y muchas más entre las tropas auxiliares indias. "Yendo por la calzada, ya que arremetían a los escuadrones mexicanos, echábanseles al agua, y de la una parte la laguna y de la otra azoteas, y por tierra les tiraban tanta flecha y vara y piedra", narra Díaz del Castillo.

Oro y sangre en los canales de Tenochtitlán

En este punto se difumina la frontera entre la crónica y el mito. La leyenda cuenta que únicamente lograron salvarse los militares que prefirieron deshacerse de las joyas y el oro que cargaban, mientras que quienes huían lastrados por su armadura y sus posesiones murieron ricos. Estudios realizados cinco siglos después por especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México confirman la presencia de tejos de oro hundidos durante la Noche Triste en una ubicación que concuerda con el camino que siguieron Cortés y sus hombres.

También se dice que Cortés lloró su derrota frente a un gran árbol de ahuehuete del que aún se conserva un viejo tronco en la calzada a Tacuba. Mito o realidad, lo que quedaba de las huestes españolas consiguió alcanzar Tlaxcala, donde Cortés reorganizó a su ejército y lo preparó psicológicamente para el combate final. "La batalla de Otumba no fue una más, sino la última ofensiva lanzada por el ejército mexica para acabar con los extranjeros", resume en su artículo Esteban Mira. "Derrotados los nativos, ya sólo faltaba asediar y tomar la gran ciudad de Tenochtitlán, que cayó el 13 de agosto de 1521".

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