NUEVOS DATOS DE LOS ÚLTIMOS RESTOS HALLADOS

Desmembrados y devorados: así mataron a los hombres de Hernán Cortés en México

Los estudios realizados por el INAH en la última fosa encontrada en México destacan que muchos de ellos fueron ajusticiados a modo de ofrenda para proteger a los acolhuas

Foto: Representación idealizada del encuentro de Hernán Cortés con Moztezuma
Representación idealizada del encuentro de Hernán Cortés con Moztezuma

Hace 500 años, en 1519, Hernán Cortés llegaba a México, donde comenzó la conquista del territorio para ponerlo bajo el dominio de la Corona de Castilla, en una guerra cruenta que se cobró muchísimas bajas por ambos bandos. De hecho, el número de víctimas es incontable, hasta el punto de que siguen apareciendo cadáveres a día de hoy: hace cuatro años, se descubrió el último enterramiento de víctimas y, ahora, los expertos han dado a conocer los detalles de su terrorífica muerte.

Se trata de una importante fosa común situada en el yacimiento arqueológico de Zultépec-Tecoaque, en la región de Tlaxcala, donde los indígenas acolhuas fueron capaces de capturar a un importante número de seguidores de Hernán Cortés, a los que terminó sacrificando en gravísimos rituales. Ahora, unos años más tarde, los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han sacado a la luz desconocidos datos sobre cómo los acolhuas los ajusticiaron.

El principal y más sorprendente dato es que aquellos que los acolhuas sacrificaron no eran solo españoles, sino que había un importante número de seguidores locales que decidieron ponerse del lado de Hernán Cortés. De hecho, se cuentan por decenas las mujeres -algunas de ellas embarazadas- y niños que aparecieron muertos en este lugar de enterramiento, todos ellos txacaltecas, un pueblo que se puso del lado del conquistador español cuando pisó tierra mexicanas.

Los restos humanos analizados sugieren que cerca de 350 personas fueron capturadas para, a lo largo de un periodo de seis meses, ir sacrificándolos de diferentes maneras: de hecho, el estudio sugiere que fueron quemados vivos, en algunos casos desmembrados e incluso llegaron a ser canibalizados. Todo ello con una doble vertiente: por un lado, para cumplir con los rituales con sus dioses; en segundo lugar, como advertencia para que el resto de txacaltecas no se uniera a los españoles.

El análisis llevado a cabo por los expertos concluye que desde el 24 de junio de 1520 y durante un periodo no mayor a seis meses, los indígenas acolhuas mataron a españoles, indígenas tainos de las Antillas, indígenas tlaxcaltecas, totonacos, mayas, mestizos, mulatos y zambos. Y no solo eso, sino que también sacrificaron animales como caballos, vacas, burros, perros, cabras o incluso cerdos, estos últimos, siempre utilizados como ofrenda y no como alimento.

Buena parte de los rituales fueron realizados para proteger a los guerreros acolhuas en el más allá. Así, cuando los grandes luchadores perdían la vida, el resto del pueblo realizaba un sacrificio con uno de los prisioneros. De esta manera, los expertos consiguieron encontrar personas que fueron quemadas, a los que se les mutiló una serie de miembros o que, incluso, fueron canibalizados para cumplir con los rituales típicos de los indígenas.

Pero llegó incluso a encontrarse un tzompantli, es decir, un muro de los cráneos. Una vez asesinados los prisioneros, los acolhuas se encargaban de colocar en una hilera las cabezas de los fallecidos, siempre emparejándolos en la ecuación hombre-mujer. Como dato macabro, todas las mujeres que aparecieron muertas en el tzompantli estaban embarazadas. ¿Por qué? La cultura mesoamericana consideraba también como guerreras a las mujeres que fallecían antes de dar a luz.

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