entrevista

Gabi Martínez: "Aquí si eres cazador, eres de Vox, y si eres ecologista, de extrema izquierda"

El escritor y periodista cuenta en 'Un cambio de verdad' cómo se fue a cuidar un rebaño en el pueblo de su madre. Dice echar de menos un relato actualizado sobre lo rural

Foto: El escritor catalán Gabi Martínez (EFE)
El escritor catalán Gabi Martínez (EFE)

Hace un tiempo que el escritor y periodista Gabi Martínez (Barcelona, 1971) dejó atrás los lugares lejanos para acudir a palpar lo más cercano. Después de viajar por todo el mundo, lo que dio lugar a libros como 'Sudd' y 'Los mares de Wang', además de múltiples reportajes, echó la mirada hacia el interior y se topó con el pueblo en el que había nacido su madre, en la llamada 'siberia extremeña' -al noreste de Badajoz- donde ella y su abuelo habían sido pastores. Y acudió allí a vivir la experiencia del pastoreo. Y algo más. “Creo que tenemos el país con más reservas de la biosfera del mundo, pero nuestra relación con la naturaleza es muy pobre, por lo menos culturalmente no hay un reflejo de que haya un interés”, cuenta a El Confidencial.

[La mejor novela tras el confinamiento es una historia que has leído mil veces]

También latía una cuestión de respeto y educación familiar. “Mi madre sigue contando historias del campo, de cuando ella y mi abuelo eran pastores. Me preguntaba por qué mi madre había mantenido la dignidad y veo que vivió una infancia y principio de juventud con valores que ha mantenido y en los cuales yo he sido educado. Y para mí siguen siendo referentes morales frente a lo que veo en las tribunas públicas donde las personas, en vez de poner paz, están haciendo lo contrario. Por eso decido intentar vivir de una manera, no como ella porque las condiciones son distintas, pero sí tomar contacto con la tierra y sin intermediarios que me lleve a pensar en algún momento a como pudieron pensar mi madre y mi abuelo”, confiesa el escritor.

'Un cambio de verdad'
'Un cambio de verdad'

Así surgió ‘Un cambio de verdad. Una vuelta al origen en tierra de pastores’ (Seix Barral), un libro que es una mezcla de muchos géneros, desde el novelesco, pero también el periodístico, el diarista, literatura al fin y al cabo, en el que Martínez relata su día a día al frente de un rebaño de ovejas negras -nada que ver con la triste metáfora sobre estos animales, sino todo lo contrario- sin obviar la dureza del campo y el entorno rural. Porque lo que también buscaba el escritor era mostrar un nuevo relato, distinto al que, según él, se creó en la Transición y que consistía en que la ciudad era el centro de la libertad y el campo la pobreza y el abandono. “Un relato desde el paternalismo urbano que también compró la gente del campo. A mí muchos me decían que qué hacía allí, que si allí no había nada… Todos creemos que el campo es menospreciable y así llevamos 30 años”, dice Martínez.

Neorruralismo

Le digo que en los últimos tiempos parece haber todo un movimiento por la vuelta al campo. Y que el campo se ve de otra manera. Que también surgen cooperativas de mercados que eliminan a los intermediarios. Es todo eso que se ha llamado ahora el ‘neorruralismo’, y que parece que procede de cierta clase urbanita acomodada.

Granja de ganado vacuno en Zamora
Granja de ganado vacuno en Zamora


“Es verdad que hay movimiento neorrural como en 2008. Entonces hubo un atisbo de gente que quería cambiar cosas y que reciclaba…, pero llegó la crisis económica en 2008 y lo primero que hizo el Gobierno español fue eliminar la ley de apoyo a las energías renovables y siete años después llegó el impuesto al sol. Ahora volvemos a vivir una especie de neorruralismo, pero la pregunta es si esto va a durar. Y si va a ser un cambio auténtico en las formas de relacionarse con el entorno. Un cambio es perdurable cuando se produce una transformación en la persona y se convierte en un movimiento íntimo”, contesta el escritor.

Lo que no entiende son otros textos que critican ciertos movimientos hacia el campo y lo rural -le cito la novela satírica de Daniel Gascón, 'Un hípster en la España vacía', que me confiesa no haber leído todavía- porque piensa que “todavía no hemos entrado en un auténtico debate sobre la naturaleza y ya hay gente que está descartando la posibilidad de irse al campo. Es que aquí llevamos cinco años comprando 'Walden'”, lo que para él denota la falta de un discurso real y actualizado sobre la vida rural, que parece quedarse, según él, todavía en una cierta superficie. “Ahora lo que veo con el tema rural es que también aparecen oportunistas. Para mí la integración real llegará cuando el 84% de las razas autóctonas españolas dejen de estar en peligro de extinción porque haya un cuidado, no por unas dinámicas industriales que están eliminando a las razas autóctonas sino por unas dinámicas más sostenibles que van a permitir que esas especies salgan adelante sin tanta inversión”, manifiesta Martínez

Europa verde, España no tanto

La constatación de la falta de un nuevo relato sobre lo rural y la ecología está, afirma, en que en España no hay un movimiento político verde como sí sucede en otros países. En Francia los Verdes acaban de dar la campanada en las elecciones municipales. En Alemania fueron la gran sorpresa en los pasados comicios europeos. Y en EEUU, el Partido Demócrata también está orbitando en torno a lo ecológico con apuestas como el New Green Deal de Alexandria Ocasio-Cortez en contraposición a Trump y todos los negacionistas del cambio climático.

El problema una vez más es que no tenemos un relato. Si no hay un relato no lo va a secundar nadie, solo se piensa que es una cosa de hippies y poetas

“Es paradigmático de lo que tenemos en España, pero el problema una vez más es que no tenemos un relato. Si no hay un relato no lo va a secundar nadie, solo se piensa que es una cosa de hippies y poetas. Pero si lo tienes igual se revaloriza al hippie y al poeta. Para llegar a la política primero hay que articular un relato. Ahora lo que tenemos es el relato de los degenerados intelectuales que han construido una narrativa para España que es guerracivilista. Pero hay que salir de ahí”, sostiene Martínez que evoca cómo en esta pandemia ha sido precisamente el sector primario -las queseras, los agricultores, los ganaderos- “quienes nos han sostenido cuando estábamos todos encerrados”.

El relato que se ha instalado, según el escritor, “es perverso” y eso hace que estén fuera escritores como Miguel Delibes -”a quien se le denostó también por ser cazador” - y el divulgador Félix Rodríguez de la Fuente -”a quien se le vinculó con la dictadura”. “Al final este es un país en el que si eres cazador eres de VOX y si eres ecologista eres de extrema izquierda. Y los puntos intermedios son muy difíciles de encontrar”, resume el escritor que pone como ejemplo paradigmático de lo que podría ser el nuevo relato a la dehesa. “Es el espacio más fértil y más biodiverso del mundo, y es un efecto de la colaboración del hombre con la naturaleza”, explica mientras anima a leer a escritores ecologistas como Pessoa, Remy o Witman, además de otros más actuales como David Vann, Antonio Sandoval y Alejandro López Andrada. “Es la demostración de que se puede hacer literatura de altísima calidad escribiendo de naturaleza”, añade.

Pospandemia

Le pregunto también si cree que después de la pandemia habrá una nueva mirada hacia la tierra, hacia el interior de nosotros mismos. “Muchas personas a las que no les ha tocado de cerca la tragedia se han pasado tres meses cocinando pasteles y mirando Netflix. Para llegar a un cambio transformador tienes que vivir situaciones límite, si no, no lo vas a cambiar y no sé si la pandemia ha sido bastante límite”, comenta con cierto escepticismo.

A España lo que le pasa es que tiene un síndrome de nuevo riquismo que le empieza a estallar. Vamos a ver si queremos seguir en la misma estructura que nos ha llevado a un deterioro medioambiental y moral

Pero también cree que las cosas pueden cambiar. Sucedió en el siglo XIX cuando las ciudades eran casi invivibles con unas condiciones higiénicas horrorosas sin tanto alcantarillado ni sistema de desagües, épocas en las que la suciedad, la pobreza y los hacinamientos traían enfermedades como el cólera. “Y la gente también se había acomodado a eso hasta que alguien dijo que no se podía seguir así. Y cambiaron las dinámicas”, manifiesta.

De momento, todo sigue en el aire. “A España lo que le pasa es que tiene un síndrome de nuevo 'riquismo' que ahora le empieza a estallar. Vamos a ver si acepta que ha habido una burbuja antinatural y ver si queremos seguir en la misma estructura que nos ha llevado a un deterioro medioambiental y moral”, señala. Él va a continuar con proyectos como la Asociación Caravana Negra, que surgió de esta experiencia entre ovejas, para la difusión de la cultura y la naturaleza. Todo en pos de otro relato. “Soy escéptico, pero no dejo de intentar llamar la atención sobre este tipo de temas”, zanja.

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