MÚSICA

Humillación en 'streaming': las marcas presionan a los músicos para actuar gratis

Varios artistas denuncian que marcas y canales de contenidos les acosan para que actúen gratis pese a llevar meses sin ingresos y no tener perspectivas laborales a corto plazo

Foto: Nacho Vegas, en concierto. (EFE)
Nacho Vegas, en concierto. (EFE)
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Los músicos llevan meses encerrados en casa. Algunos aún tienen humor de tocar delante de la cámara del móvil esperando que sus fans no les olviden, pero asumiendo que eso no les dará de comer. Sus ingresos seguirán a cero unos cuantos meses más. Y miles de esos músicos ni siquiera pueden acceder a ayudas porque nunca firmaron un contrato laboral. Para el Estado, no existen.

Sin conciertos, ingresos, ayudas ni perspectivas de trabajo a corto plazo, poco pueden ofrecer. ¿Poco? ¡No! ¡Podrían tocar gratis desde su casa! Y así entretener a los 'followers' de tu bebida favorita, de la marca de ropa más molona o de ese hotel de lujo cuyas habitaciones sencillas cuestan 400 euros. Con sus conciertitos en 'streaming', también podrían aumentar las visitas de esa web tan fresca y 'trendy'. Solo hay que darse una vuelta por internet para ver que muchos han accedido. Otros, no. Algunos han estallado y denuncian una práctica que va más allá de la explotación laboral y entra en el terreno de la humillación.

"Todas las marcas que nos escriben para hacer un concierto gratis para promocionarnos ante sus miles de seguidores en redes no tienen ni puta idea de cuánto nos la sudan sus 'likes'. Ya mandamos nosotros en nuestra hambre, graciaaaaas!!".

Adrián Díaz Bóveda, alias 'Jarri' y miembro del grupo gallego Novedades Carminha, lamenta este acoso y lo pone en contexto. "En este capitalismo que cuanto más precaria es la situación más se asalvaja, la música se convierte en una mercancía más. Y así como hay los que mercadean con mascarillas o geles de hidroalcohol, otros, marcas y otra gente, se aprovechan de la situación precaria de los músicos", compara. "Estoy muy a favor de que me contrate una marca y me pague el concierto mientras toco ante la gente, pero no puedo tocar a cambio de nada. Yo tocaría siempre gratis si no tuviera que vivir de algo, pero resulta que a nosotros no nos paga el piso el de Room Mate", aclara.

El grupo gallego Novedades Carminha, durante su actuación en el Warm Up Festival 2019. (EFE)
El grupo gallego Novedades Carminha, durante su actuación en el Warm Up Festival 2019. (EFE)

Su indignada reacción fue fruto de un goteo constante de propuestas que les llegaban por 'e-mail' y redes. "Recibimos unas cuantas cada semana y nos dijimos: ¿cómo puede ser que ahora todo el mundo se lance? ¿Las marcas están aburridas en casa? Lo veíamos una cosa de aprovechadillo", sigue Jarri. "La inmensa mayoría de los músicos vivimos de tocar en directo y si no hay conciertos no hay lentejas. Esto la gente ha de tenerlo claro. Pero hay aguilillas que intentan aprovecharse de esta situación y te escriben: que si tocarías gratis aquí, que si das un concierto en mi Instagram Live… Mientras los músicos sepamos el suelo que pisamos, no les haremos ese favor a las marcas", propone.

La gran broma viral

A Nacho Vegas también le han sobrevolado los aguilillas. "Al principio del confinamiento, estaba un poco abrumado porque cada día me llegaban propuestas de 'lives' en 'streaming', entrevistas… ¡Parecía que estuviera de promoción!", bromea. El discurso, el de siempre: ya que estás en casa, cántate algo y lo viralizamos desde nuestro canal. A él no le han lanzado propuestas de marcas porque en su oficina de contratación ya saben lo que opina de actuar gratis. Aun así, el asturiano ha aprendido a convivir con ellas. Podría escribir un libro sobre las estrategias de 'marketing' de cada cervecera, pues ha trabajado con varias: la que impone su logo en el centro del escenario aunque impida al grupo exhibir sus proyecciones, la que se mete en el repertorio que has de tocar, la que paga caché de festival en salas con aforo reducido para reventar mercado…

Mientras los músicos sepamos el suelo que pisamos, no les haremos ese favor a las marcas

El Ayuntamiento de Oviedo, gobernado por PP y Ciudadanos, sí le ofreció tocar dos canciones, pero asumiendo que tendrían que pagarle. "Tengo el micrófono jodido y no podría hacer una actuación mínimamente curiosa", explica. "Lo decliné, pero les dije que contactasen con otros músicos a los que les vendría mejor", explica. Todo un detalle por parte de un estamento público. Pero en absoluto habitual. La rockera estadounidense Tori Sparks también recibió una propuesta desde el departamento de Cultura de un Gobierno autónomo. En este caso, tenía que tocar gratis. Por la causa de la cultura. De la cultura gratis.

La cantautora norteamericana Tori Sparks. (EFE)
La cantautora norteamericana Tori Sparks. (EFE)

Sparks, nacida en Illinois pero instalada en Cataluña desde hace una década, lleva semanas recibiendo este tipo de propuestas. Es una de las voces más activas del Sindicat de Músics Activistes de Catalunya (SMAC!) y no quiere pasar por ese aro. "La industria de la música se sostiene sobre nuestro trabajo y a pesar de eso los músicos seguimos siendo esclavos de ciertas circunstancias", suelta, para contextualizar una situación indigna desde hace décadas, pero que estos días cobra tintes "obscenos y vergonzosos". "Hablamos de empresas con millones de euros. Seguro que ellos también están perdiendo dinero estos días. En algún caso, me dicen que si accedo a tocar para sus redes, en el futuro puede que me llamen para tocar. Pero si les digo que me confirmen una fecha, aunque sea en 2024, me dicen que no tienen dinero", explica.

11 semanas sin pinchar

El último día que pudo trabajar Marta Fierro, alias 'Eme DJ', fue el 6 de marzo. Pinchó en Málaga. Su agenda y su única fuente de ingresos saltó por los aires una semana después. De eso hace 70 días. El primer fin de semana de confinamiento ya contactaron con ella por Twitter. Un festival virtual sin ánimo de lucro. Declinó porque no se sentía cómoda pinchando desde casa sin poder ver cómo reacciona el público. A partir de aquí, avalancha: "Hola, soy Sandra, te escribo desde la agencia de 'marketing' de blablabla...". "Hola, estamos pidiendo vídeos a artistas para un 'live' que vamos a hacer el viernes en nuestro Facebook". "Hola, soy Dani, fundador y CEO del ecosistema cultural blablabla.... Vamos a lanzar una acción social de naturaleza viral, blablabla, salvemos la cultura...".

"Os dije que no quería usar Twitter como la 'llorera', pero es que ya no puedo más con el ninguneo. Solo me contactan para pedirme que pinche en 'stream' sin cobrar. Ni propuestas, ni colaboraciones, ni entrevistas ni nada. Un vacío".

Fierro está habituada a pinchar para marcas, pero en esta situación exige dinero, no el recurrente canto de sirenas de la visibilidad. "A mí no me hace falta que un hotel me dé visibilidad. Si no me van a contratar, ¿de qué me sirve?", se pregunta. "Si me paga la sesión Coca-Cola, me la preparo y la hago. No la disfrutaría, pero lo haría simplemente por el dinero. Pero nadie me ha ofrecido dinero. Nada". Y no le sobra el dinero. "Estoy en casa sin hacer nada: viendo la tele y con la incertidumbre de si seguir pagando un piso en Madrid o irme a Galicia a casa de mi madre. Este año ya lo doy por perdido", asume.

La Dj española EME, en un momento de su actuación en el Festival Sónar Galicia 2010. (EFE)
La Dj española EME, en un momento de su actuación en el Festival Sónar Galicia 2010. (EFE)

La única sesión en 'streaming' que ha hecho Eme DJ en el confinamiento ha sido para el festival Sonorama. "Estoy programada para pinchar este verano y entendí que debía hacerlo; como un favor y por colegueo. Lo hice a regañadientes y tuve que pedir permiso a una mujer que vive al lado, que además estuvo enferma con coronavirus, porque la sesión era a las 12 de la noche", explica. No cobró un euro. A Nacho Vegas le llegó una propuesta de otro festival. "Querían seguir teniendo visibilidad con sus seguidores. Pero sin pagar, claro. Pedían un concierto de 20 minutos en 'streaming' y la primera negativa no les valió", lamenta. Tuvo que insistir en que ni quería ni podía tocar. Él puede porque tiene un nombre. Otros saben que si se resisten, pueden sufrir represalias.

"Estoy en casa sin hacer nada, con la incertidumbre de si seguir pagando un piso en Madrid o irme a Galicia a casa de mi madre"

A Tori Sparks también le pidieron que actuase en 'streaming' para un festival en el que estaba programada. Pero no todos los festivales escurren el bulto cuando hay que remunerar a los artistas, aunque actúen desde casa. El festival Elles se celebra desde hace seis años en la localidad catalana de Sant Iscle. Es un certamen minúsculo de cantautoras, con un modesto presupuesto, pero que sin dudarlo ofreció una remuneración a la rockera de Illinois. Fue simbólica, pero inolvidable. “Ellas son las únicas que han sido éticas”, insiste en destacar.

Desde que empezó el confinamiento, Sparks ha tocado cada sábado en su terraza para animar al vecindario. En cuanto dio por finalizada la aventura, y en apenas tres días, recibió ocho llamadas y 14 mensajes de 'aguilillas'. “Ahora que ya no tocas para tus vecinos, podrías hacerlo para nosotros; qué más te da hacerlo una vez más”, le soltaban. “Si quiero hacer algo benéfico, lo hago en mi terraza, no para alguien que está muy claro que no quiere pagar”, argumenta ella. Aun así, le ha tocado soportar chantajes emocionales y acusaciones de no querer “colaborar con la cultura en unos momentos tan duros para la gente”.

No daremos nombres

¿Cuáles son estas marcas? ¿Quiénes son estos promotores? ¿Cómo se llaman estas empresas de 'marketing'? ¿De dónde son estas instituciones públicas que pretenden que los músicos toquen gratis? Grandes preguntas. “No merece la pena mencionar marcas concretas”, responde con diplomacia Jarri. Más transparente es Sparks. “Dependemos del ego de personas que si se sienten ofendidas no te contratarán más. No solo ellas, sino otras que cuando lo lean harán igual. Es un riesgo que no puedo permitirme a nivel económico y, además, podría acabar salpicando a los músicos que participan en mi proyecto”, confiesa.

“No quiero señalar a nadie porque ser músico, en cualquier momento, es absolutamente jodido en lo económico y, a veces, también, en lo emocional, pero conozco algunos que han hecho directos en canales de marcas y hoteles porque tienen miedo de decir que no. Creen que negarse va a perjudicar su trabajo, creen que así tal vez llegan un poco más allá y se podrán ganar la vida. No es por el ego, es para sobrevivir. Si me llama esta cerveza que patrocina ese festival y les digo que no, ¿qué me pasará?”, pone Sparks como ejemplo. Pero hay algo más: “Esta gente que me llama tampoco está contratada. Saben que te están proponiendo algo que no tiene la más mínima dignidad, pero no pueden no hacerlo porque tienen miedo de perder su trabajo. Es una cadena”.

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